Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Clinton ofrece a los talibanes reanudar las negociaciones

La secretaria de Estado estadounidense se niega a calificar al clan Haqqani de grupo terrorista

El presidente afgano, Hamid Karzai, y la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton
El presidente afgano, Hamid Karzai, y la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton

En su primera visita oficial a Afganistán después del ataque de los insurgentes a la embajada norteamericana en Kabul, el mes pasado, la jefa de la diplomacia norteamericana, Hillary Clinton, ha pedido a los talibanes que se unan a las negociaciones de paz y tomen una parte activa en la toma de soberanía, que culminará con la retirada total de las tropas de Estados Unidos en 2014. La secretaria de Estado se ha negado una vez más a calificar al clan Haqqani, aliado de los talibanes y responsable del reciente ataque contra la misión diplomática de EE UU, de grupo terrorista.

Ahora que el presidente Barack Obama ha puesto fecha concreta a la retirada de tropas estadounidenses de Afganistán, su gobierno está haciendo un gran esfuerzo por atraer a la mesa de negociaciones a la Quetta Shura (el órgano de gobierno de los talibanes en el exilio) y a los Haqqani. Los primeros son fuertes en el sur. Los segundos, en las provincias del este, lindantes con Pakistán. Los insurgentes tienen su base de operaciones en ese último país. Allí viajará esta noche Clinton, para seguir con su ronda de apoyo a las negociaciones.

“La reconciliación es posible. De hecho, representa la mejor esperanza de Afganistán y de toda la zona. Pero el éxito debe venir precedido de un diálogo sobre la conciliación nacional y de un esfuerzo político no sólo por parte de los afganos, sino también por parte de los vecinos de Afganistán”, dijo Clinton en una conferencia de prensa conjunta con el presidente afgano, Hamid Karzai. “Juntos, estamos aumentando la presión sobre los talibanes para dejarles con menos opciones. O bien pueden ser parte del futuro de paz de Afganistán y acabar con 30 años de guerra, o pueden enfrentarse a un ataque constante”.

Los insurgentes dinamitaron el proceso de paz el mes pasado, con diversos ataques encadenados: contra una base militar en la región de Wardak, en el que hirieron a más de 70 soldados de EE UU; contra la embajada norteamericana y el cuartel de la OTAN en Kabul, y contra el negociador de paz elegido por Karzai, el expresidente Burhanuddin Rabbani, al que asesinaron con explosivos escondidos en un turbante. En algunos de esos ataques tuvo especial protagonismo la red Haqqani, a la que el Pentágono considera enemigo número uno en Afganistán.

La diplomacia norteamericana, sin embargo, considera a los Haqqanis imprescindibles para la pacificación del país, sobre todo por su pujanza en las provincias fronterizas de Khost, Paktia y Paktika, que a día de hoy son un coladero de insurgentes desde Pakistán. Ante una pregunta al respecto, Clinton se ha limitado a citar recientes operaciones militares de la OTAN contra líderes de ese clan. “Estamos avanzando hacia un esfuerzo internacional para presionar a los Haqqani económicamente y en otros aspectos”, ha dicho, sin añadir más.

En la rueda de prensa, como en las relaciones entre el gobierno de Karzai y el de Obama, hubo un sentido de inevitabilidad al referirse a las posibles negociaciones con los talibanes: ambas administraciones dan por sentado que, en algún momento, los insurgentes van a tener que sentarse en la mesa de diálogo, a pesar de un incremento de los ataques y de las muertes de civiles en los últimos meses. El problema, para, ambas partes, es el apoyo que reciben de ciertos integrantes del gobierno de Pakistán.

“Creemos que los talibanes están controlados por miembros de la clase dirigente de Pakistán, que tienen refugio en Pakistán, que de hecho tienen su base de operaciones en Pakistán y que lanzan sus ataques desde Pakistán”, ha dicho el presidente Karzai. Clinton, en su visita a Islamabad esta noche, urgirá “a ambos países a que reanuden el diálogo”, según ha dicho. “Nuestro mensaje es claro. Vamos a seguir luchando, vamos a seguir dialogando y vamos a seguir reconstruyendo. Y Pakistán puede apoyar o entorpecer esa labor, depende de sus dirigentes, pero eso no nos impedirá crear los cimientos de un Afganistán libre de injerencias externas, de violencias y de conflictos”, ha añadido.