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CRISIS POLÍTICA EN ITALIA

Berlusconi supera la moción de confianza con mayoría absoluta

El primer ministro logra cerrar filas en una votación clave y obtiene, por un voto, la mayoría absoluta

Berlusconi, con el ministro de Reformas Institucionales italiano, Roberto Calderoli, y el titular de Finanzas, Giulio Tremonti.
Berlusconi, con el ministro de Reformas Institucionales italiano, Roberto Calderoli, y el titular de Finanzas, Giulio Tremonti. GETTY

Silvio Berlusconi logró superar la moción de confianza con mayoría absoluta y seguirá gobernando Italia. A pesar del clamor de la calle, de la inédita unión de la oposición y de las grietas cada vez más profundas en su Gobierno, el primer ministro consiguió reunir 316 votos –la mitad más uno del Congreso— frente a los 301 de sus rivales. Il Cavaliere, acosado por seis procesos judiciales y por una imagen política y personal cada vez más deteriorada, celebró su victoria pírrica riéndose de la oposición: “Metieron la pata, se equivocaron haciendo las cuentas”. A pesar de la euforia, el primer ministro salió muy tocado de una crisis en la que le metieron sus propios diputados —entre ellos, dos ministros— al no aprobar el martes las cuentas de 2010. Hasta ahora, Berlusconi, en virtud de artimañas nunca demasiado claras y de un sistema basado en el clientelismo, tenía atados y bien atados a sus ministros y diputados. Ahora es él quien depende de ellos.

Durante cuatro días, como en una secuencia cinematográfica llena de pasión e intriga, todo el país ha visto sufrir a Berlusconi. El martes, demudado, cuando dos de sus ministros –nada más y nada menos que el de Economía, Giulio Tremonti, y el de Federalismo, Umberto Bossi— se quedaban fuera del salón de plenos para no aprobar las cuentas de 2010 ni la polémica ley mordaza. El miércoles, escondido, mientras preparaba una moción de confianza que se le ponía cuesta arriba. El jueves, solo, ante un Congreso del que había desaparecido la oposición en pleno, por una vez unida para dejarlo caer apuñalado por los suyos. Y el viernes, muy nervioso durante toda la mañana y finalmente eufórico. Nervioso porque, tal vez fruto de una estrategia o simplemente del dolor de tripas que les supone a muchos de los suyos seguir respaldándolo, dos ministros y varios diputados declaraban en directo –en pocos sitios se vive la política como en Italia— que tal vez Berlusconi no saldría vivo de la moción de confianza. Finalmente salió. Por los pelos. Pero salió. Con la lección aparentemente aprendida. Tanto que los primeros elogios de la tarde fueron para quien le traicionó el martes, su ministro de Economía, Giulio Tremonti. Un Berlusconi fuerte tal vez se hubiera cobrado la pieza. Hoy le agradeció haberlo dejado con vida.

 ¿Con cuánta? ¿Hasta cuándo? Otro de quienes compartieron destino con Il Cavaliere y luego se convirtió en enemigo, Gianfranco Fini, el actual presidente del Parlamento, le lanzó una advertencia: “Gracias a la confianza conseguida, el Gobierno está por completo legitimado para seguir, pero me temo que si no abre los ojos y no toma conciencia de la realidad del país, más que gobernar seguirá flotando”. No dijo a la deriva, pero así es como ven muchos de los italianos a su presidente, alguien que se esfuerza por mantenerse a flote mientras en la orilla de la justicia un gran equipo de jueces y fiscales lo esperan para lograr condenarlo en alguno de sus seis casos pendientes. Para intentar atrasar ese momento, Silvio Berlusconi convocó ayer un consejo de ministros, de marcado carácter económico, en el que aprobó un recorte de 60 millones de euros en gastos de seguridad y dejó prácticamente sin presupuesto a los ministerios de Medio Ambiente y de Desarrollo Económico. El primer ministro dijo que su Gobierno no tendrá más remedio que acometer medidas “dolorosas” como los recortes en el gasto y la subida del IVA.

Para la oposición, las medidas de Berlusconi son intentos de aplazar un final que llegará pronto. Incluso el juez Antonio Di Pietro, líder de Italia de los Valores, advirtió que si la política italiana sigue dependiendo de las “berlusconadas” del primer ministro, de sus apaños por mantenerse en el poder al precio que sea, el precio a pagar puede ser demasiado caro: “Los italianos ya están hartos y la rabia social está a punto de explotar”.

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