Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Marina Silva deja el Partido Verde de Brasil

Lanza un movimiento para reformar la política en la línea de los indignados

Ya es oficial. La ecologista Marina Silva, que abandonó el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil para ingresar en el Partido Verde (PV) y que sorprendió al país cuando recibió 20 millones de votos en las presidenciales de 2010, ha dejado también el Partido Verde. Ni ella sabe aún cuántos partidarios de ese movimiento la seguirán y cuántos preferirán quedarse en él. Los que la acompañen trabajaran para crear una organización que buscará reformar la política tradicional siguiendo la ola de los indignados.

Su movimiento tendrá dos ejes: superar las carencias de la representatividad del actual sistema político brasileño, en la línea del "no nos representan" de los indignados y la construcción de un modelo nuevo en el que "la economía y la preservación de los recursos humanos se integren a favor del desarrollo".

Ante activistas del PV, empresarios involucrados en los temas ambientales, sindicalistas y líderes de las instituciones de la sociedad, Marina Silva, visiblemente emocionada, ha dicho hoy que los valores que deberán guiar su movimiento político serán "la libertad y el diálogo entre las diferencias que estimulen la creatividad y renueven la política".

Para la ecologista, esta "no es la hora del pragmatismo, sino de los sueños", que es lo que pide la sociedad. Es la hora de "los ideales y estos tienen que estar en la proa y no en la popa del barco", explicó. Para ella, los símbolos y las banderas son más bien "algo muerto que pueden ser usados en beneficio propio".

Silva propone una "nueva forma de hacer política, transparente, con espíritu republicano" y sobre todo que "promueva la ciudadanía y los valores de la diversidad". No ha sido una coincidencia que Silva haya lanzado su reto a la política tradicional justamente 24 horas después de haber estallado, en el Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff un nuevo escándalo de corrupción que ha generado las dimisiones del ministro de Transportes, Alfredo Nascimento, y de toda la cúpula de dicho ministerio.

Por un lado, hay quien considera a Silva una quijote ecologista a la que le será difícil pasar de los sueños a la realidad dura y cruda de la política. Por el otro, hay quienes piensan que con su gran capital político, recogido en sus 20 millones de votos, podría captar a quienes están "indignados" con la política afectada por la corrupción, la falta de transparencia y el alejamiento de los movimientos más vivos de la sociedad.

Ella es una inconformista empedernida. Se salió del PT en el que había militado codo a codo con Luiz Inácio Lula da Silva durante 30 años. Dejó de ser ministra de Medio Ambiente en el Gobierno de Lula por sus diferencias en materia de defensa de la ecología con la entonces ministra de la Casa Civil y hoy presidenta Dilma Rousseff. Ahora deja al Partido Verde, que había convertido en su trampolín para poder disputar las presidenciales como una pequeña David contra el gigante Goliat. Su futuro y sus sueños son, hoy por hoy, una incógnita por el que pocos se atreverían a apostar.