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"¿Por qué no hay partidos de derechas normales en América Latina?"

Madrid acoge un encuentro para debatir el futuro social de la región

"¿Por qué no hay partidos de derechas normales en América Latina?". Audacias como esta se han escuchado durante dos días en Madrid durante un encuentro de personajes latinoamericanos conocidos de todos los países del continente. El foro, bajo el nombre de Ágora, giró en torno a la idea central de fomentar la cohesión social en Latinoamérica y se clausuró ayer con una declaración que proclama: "Somos la región más desigual del planeta y esa es una lacra que amenaza nuestra estabilidad y desarrollo. Es necesario empezar a pensar en nosotros no solo como individuos, sino como sociedades".

El encuentro Ágora estuvo organizado por la Fundación Internacional para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas (FIIAPP), un organismo dependiente de la cooperación exterior española, y contó con 100 intervinientes a los que se definió como "el futuro de América Latina". El director de FIIAPP, Antonio Fernández Poyato, se mostró especialmente satisfecho por la pluralidad de los personajes, muchos de ellos rivales políticos en sus países. Los debates giraron en torno a una idea central, las fórmulas para lograr sociedades cohesionadas en América Latina.

Fue Pablo Longueira, senador de la derechista Unión Demócrata Independiente (UDI) de Chile, quien quiso emplear su minuto de tiempo en Ágora (el formato de los debates estableció unas limitaciones leoninas) para quejarse de la falta de civilización en la derecha latinoamericana. "En muchos países los partidos de derechas están ligados a caudillismos locales", se quejó. Él mismo afirmó haber viajado cinco veces a Argentina a tratar de exportar el éxito de la derecha chilena, pero se encuentra con una política deslavazada, sin continuidad. Longueira opina que sin partidos de derechas "normales", como en Chile, no hay garantía de continuidad en las políticas públicas, y por tanto posibilidad de alternancia y estabilidad.

Estuvo presente también la mirada empresarial, que sin entrar en críticas políticas reclamó claridad para poder apostar en la economía. "Muchos no sabemos cómo es el campo de juego ni con qué reglas nos movemos", dijo Daniel Sánchez, presidente de la Confederación de Empresarios de Bolivia. En el mismo debate, la presidenta de Mapfre Colombia, Victoria Bejarano, quiso advertir contra un mercado que es "voraz e insaciable" si se deja solo. "El mercado debe estar al servicio de las personas, no estas al servicio del mercado". Bejarano reclamó a las empresas latinoamericanas "un nuevo lenguaje que hable de responsabilidad social, no solo de balances y beneficios".

Marcel Biato, asesor especial del presidente de Brasil, quiso dejar claro que las lecciones que los Estados de bienestar europeos puedan dar a Latinoamérica tienen ciertos límites. "La cohesión social es algo diferente en Latinoamérica que en Europa", advirtió. "En Europa se trata de preservar, garantizar mínimos de homogeneidad. Para Latinoamérica, que es un continente nuevo, el reto es integrar, incorporar a la gente que no alcanzó este nivel mínimo. El debate no es preservar, sino cambiar estructuras que a lo largo de siglos han impedido alcanzar aspiraciones comunes". Biato también devolvió a España una serie de recomendaciones, a modo de respuesta a cierto paternalismo detectado en el discurso que José Luis Rodríguez Zapatero lanzó durante el evento. "También Europa tiene que encontrar su voz", dijo Biato, "que a veces es contradictoria y débil", y señaló especialmente la falta de compromiso y voz común de los europeos en temas como medio ambiente o combate del narcotráfico.

Fernando Bustamante, presidente de la Comisión de Exteriores de la Asamblea Nacional de Ecuador, consiguió un curioso efecto con esta frase autocrítica: "Me preocupa cuando en el Parlamento pasamos días y meses debatiendo cosas triviales, que nos proporcionan victorias mínimas, pensando en la pantalla y en la siguiente encuesta, en vez de en la siguiente generación. Eso trivializa la política y desmoraliza al ciudadano". Lo dijo delante de los secretarios generales del PSOE y el PP en el Congreso, José Luis Ayllón y Eduardo Madina.

El torrente de voces durante dos días dejó una batería de propuestas, quejas y análisis con una cierta coherencia dentro de la pluralidad. Eugenio Marulanda, presidente de la Confederación de Cámaras de Comercio de Colombia: "El saqueo de la corrupción supone 30 trillones de dólares en el continente". Darío Euraque, profesor hondureño de historia en el Trinity College: "Hay que tener como proyecto común pasar de la democracia representativa a democracia participativa". Martín Pérez, ex ministro de Perú: "Los distintos niveles de Gobierno no han incorporado los recursos humanos suficientes para administrar la riqueza". Adolfo Garcé, analista político uruguayo: "Para que sea poderoso, el ciudadano debe poder decidir con su voto un cambio de Gobierno. ¿En cuántos países se puede dar eso? ¿En cuántos hay una oposición fuerte para que sea posible un cambio?".

La crisis económica acabó inevitablemente impregnando todos los debates, donde se escuchó insistentemente hablar de la necesidad de aprovechar el momento de crecimiento para fortalecer las democracias y reducir la desigualdad con políticas públicas redistributivas. Alicia Bárcena, presidenta de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), recomendó a los asistentes buscar una perla en el último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI). Según Bárcena, el informe "dice que la desigualdad está en el corazón de la crisis financiera". Los bajos salarios de EE UU fueron el caldo de cultivo para la expansión del crédito de baja calidad que contaminó el sistema. "¡Imagínense, el FMI diciendo que la desigualdad está en el corazón de la crisis!", remachó Bárcena. "Verdaderamente, estamos ante un cambio de época".