Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La Iglesia de El Salvador denuncia la alta criminalidad

La tortura y decapitación de una niña de seis años conmociona al país

El arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar, pidió el domingo a las autoridades que hagan un mayor esfuerzo para combatir la criminalidad que desborda la república salvadoreña. Y lo hizo cuatro días después de que una niña de seis años fuera secuestrada y decapitada en un caso vinculado a las maras (pandillas) que ha conmocionado al país centroamericano.

"¡Cuánta barbarie, cuánto salvajismo, cuánta maldad. Esto es sólo un símbolo de todos los casos que han sucedido, es gravísimo", dijo el jerarca religioso, que se reunió con las autoridades nada más ocurrir el asesinato. Las fuerzas de seguridad, dijo Escobar, merecen la confianza de la población, pero también deben hacer más para purgar "a los malos elementos en la policía, las fuerzas armadas y el sistema de prisiones".

Las pandillas han convertido al país en el más violento de América Latina

Marleny Alejandra Galdámez, deseis años, residente en una zona rural de Ciudad Arce, al oeste de San Salvador, fue secuestrada el pasado miércoles por un grupo de cinco o seis hombres cuando su madre la llevaba a la escuela. Horas más tarde, el cadáver decapitado de la niña fue hallado a unos cien metros de su casa. El cuerpo tenía señales de tortura, como un signo de una violencia que traspasa todo lo imaginable. El comisionado Augusto Cotto, subdirector de la policía salvadoreña, confirmó a EL PAÍS que ya se tienen pistas de lo ocurrido.

La policía ha capturado a cuatro residentes de la zona donde ocurrió el espeluznante crimen, entre ellos un soldado. El caso está relacionado con extorsiones y pandillerismo. La madre de la víctima contó que los delincuentes que le arrebataron a su hija le exigían 50 dólares (49 euros) que les tenía que haber entregado como "renta" hacía varios días.

El pandillerismo y el crimen organizado en El Salvador mantienen a esta pequeña nación como la más violenta de Latinoamérica, con más de 75 homicidios por cada 100.000 habitantes, una de las tasas más altas del mundo.

El presidente, Mauricio Funes, ha sacado a más de un tercio del Ejército (unos 7.000 efectivos) para apoyar a la policía, cuyos 16.000 agentes están acuartelados y actúan diariamente, pero los resultados aún no se observan mucho. "Somos optimistas pero no triunfalistas", aseguró Augusto Cotto, que indicó que desde julio el promedio diario de homicidios ha bajado de once a nueve, y también se han registrado descensos en los casos de extorsiones.