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El Foro Social de Porto Alegre busca un nuevo rumbo

La reunión, símbolo del movimiento antiglobalización fundado hace una década, debate su crisis de identidad

El Foro Social Mundial, que nació hace 10 años para reunir a los movimientos sociales de izquierdas del mundo en antagonismo al Foro Económico Mundial de Davos, ha comenzado hoy en Porto Alegre (Brasil) en un clima de crisis de identidad. Este foro nació en clara pugna con el neoliberalismo capitalista, pero ahora se enfrenta a más problemas, hasta el punto que este año va a tener dos ediciones: la de Porto Alegre, en manos de los movimientos sociales de izquierdas que son de alguna forma antipartidos, y la de Salvador de Bahía, durante el fin de semana, a la que sí asistirán los partidos, empezando por el Partido de los Trabajadores (PT) en pleno, actualmente en el Gobierno brasileño.

En estos 10 años, las cosas han cambiado mucho en América Latina, donde el Foro Social Mundial ha tenido una mayor proyección, mientras algunos de sus fundadores, como el portugués Boaventura de Sousa Santos, llegan a Brasil con un cierto pesimismo. "Esta década en la que estamos entrando será más difícil para las fuerzas progresistas", afirma Sousa.

El foro, al que acudirá el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que estaba en la oposición cuando se fundó, se va a plantear una serie de preguntas sobre su futuro tras estos 10 años de experiencia. Lula asistirá este año también al Foro de Davos, que comienza esta semana.

La primera discusión del foro va a ser si debe seguir siendo un movimiento puro, sin dejar que los partidos puedan tener voz y voto en las decisiones, como ha sido hasta ahora, o si dejarles participar más activamente. El foro está dividido en este aspecto, ya que una parte se abre a nuevos horizontes y la otra sostiene que ha acabado la hora de los partidos como representación política de la sociedad para dar paso a la democracia directa, en la que el pueblo, a través de plebiscitos, tome sus decisiones.

Se va a plantear en el foro hasta la posibilidad de convertirse él mismo en una especie de partido mundial, una especie de V Internacional Socialista, en la que podrían entrar los partidos de izquierdas. Una incógnita será el papel que desempeñará el presidente venezolano, Hugo Chávez, que en los años pasados tuvo en el Foro de Porto Alegre una fuerte presencia, robándole incluso el protagonismo a Lula en alguna ocasión.

El fantasma de la crisis económica mundial dará armas a los movimientos más antiliberales del foro para arremeter contra el capitalismo y pedir un mayor protagonismo para el Estado y para los movimientos sociales. Por último, existe un cierto temor de que la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca pueda suponer un problema añadido para los movimientos sociales de América Latina. El portugués Sousa teme el crecimiento del paramilitarismo, ya que según él, Estados Unidos está ya presente en Colombia, Bolivia, Ecuador y Venezuela.

Entre 20.000 y 30.000 personas acudirán esta semana al foro. Sus fundadores consideran que, después de la época neoliberal triunfante de los años noventa, las ideas del foro han avanzado, como lo demuestra la mayor intervención de Estados en la economía para poner freno a la crisis económica o la movilización para contener el cambio climático y el deterioro del medio ambiente. Pero, en 10 años, el movimiento también empieza a preguntarse sobre su futuro.

"El Foro Social Mundial tiene como primer objetivo la necesidad de cambiar la cultura política y económica dominante. Mientras tanto, nosotros tenemos que definir qué mundo queremos", ha declarado el brasileño Cándido Grzybowski, uno de los fundadores, a la agencia France Presse. Esta edición del foro "deberá servir para hacer propuestas para el futuro del movimiento", ha añadido Oded Grajew, otro militante histórico.

"En 2001, fuimos los únicos que dijimos que la globalización no iba a mejorar el mundo. Ahora, tenemos que desafiar de forma aún más contundente la cultura dominante en los mercados", opina la italiana Rafaella Bolini. Otro fundador del foro, el francés Bernard Cassen, ha sugerido una mayor implicación de los políticos, estrategia criticada por muchos militantes del movimiento.

Además de Lula y Chávez, también es posible que acudan los presidentes de Bolivia, Evo Morales; de Ecuador, Rafael Correa, y de Paraguay, Fernando Lugo.