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El Consejo de Seguridad de la ONU aprueba por unanimidad la resolución contra la proliferación nuclear

En una reunión histórica, el presidente Obama da impulso a uno de los pilares de su política internacional.- Ahmadineyad elude en la ONU hablar de su programa nuclear.- China se desmarca de EE UU y Rusia en las sanciones a Irán

El Consejo de Seguridad de la ONU, revivido desde que Estados Unidos vuelve a confiar en su papel, aprobó este jueves por unanimidad una histórica resolución que, por primera vez, compromete a la comunidad internacional a "buscar un mundo más seguro para todos y crear las condiciones para un mundo sin armas nucleares".

La resolución refuerza los actuales instrumentos para prevenir la proliferación nuclear, aporta otros nuevos y, fundamentalmente, construye el marco para actuar legalmente contra la expansión de la tecnología nuclear incontrolada y el tráfico clandestino de material atómico.

Los países que actualmente tienen armas nucleares se comprometen con esta firma a la reducción de los arsenales -Rusia y Estados Unidos empezarán dando ejemplo- y facilitarán el acceso a la energía nuclear pacífica a los países que lo requieran. A cambio, los que no cuentan con esas armas renuncian a poseerlas y firmarán el Tratado de No Proliferación Nuclear, incluida su ampliación, y otros tratados que serán negociados en los próximos meses.

La resolución no menciona por su nombre a los dos países que en estos momentos mantienen un pulso sobre el desarrollo de programas nucleares de los que se sospecha que pueden tener una finalidad militar, Irán y Corea del Norte. Sí recoge, no obstante, "la particular preocupación por los serios desafíos actuales al régimen de no proliferación del Consejo de Seguridad".

"Se trata de un momento histórico, un momento que permite el inicio hacia un nuevo futuro", declaró el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, tras la aprobación de la resolución.

La sesión del Consejo fue presidida por primera vez en sus más de seis décadas de existencia por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que ha conseguido convertir esta iniciativa en una victoria personal, puesto que fue él quien expuso, en abril, en Praga, la visión de un mundo desnuclearizado, y ha sido su Gobierno quien ha trabajado más a fondo para que esta resolución saliera adelante.

"Esta histórica resolución enriquece nuestro compromiso compartido del objetivo de un mundo sin armas nucleares y crea la estructura para actuar en la reducción de los peligros nucleares mientras alcanzamos esa meta", manifestó Obama en su intervención ante el Consejo.

El presidente norteamericano admitió que ese objetivo puede estar lejos aún, que habrá que sortear todavía muchos obstáculos y se producirán retrocesos y decepciones. Pero, según él, esta resolución va a ayudar considerablemente porque convierte la amenaza nuclear en un problema reconocido por todos y dota a la comunidad internacional de instrumentos para combatirlo.

"Hemos dejado claro que el Consejo de Seguridad tiene, tanto la autoridad, como la responsabilidad de responder cuando las violaciones al tratado (al Tratado de No Proliferación Nuclear), amenacen la seguridad y la paz internacional", destacó Obama. Aunque no se menciona a Irán, es obvio que a Estados Unidos se le facilita ahora el apoyo del Consejo de Seguridad para actuar contra el régimen islámico.

En su intervención, el presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, aseguró que su país trabajará por "el objetivo compartido" de evitar la proliferación nuclear. "No será una tarea fácil, en la medida en que el nivel de desconfianza entre las naciones es todavía muy alto, pero tiene que hacerse", afirmó.

Estas palabras parecen ratificar el cambio de posición de Rusia respecto a la posibilidad de medidas de castigo contra Irán si ese país no accede al control internacional de su programa nuclear. Tras su entrevista del miércoles con Obama, Medvedev aceptó públicamente que las sanciones podrían ser "inevitables".

Tanto el resultado de esa entrevista -en la que también quedó despejado el camino para la firma de un nuevo tratado sobre armas estratégicas- como la votación en el Consejo de Seguridad, le permiten a Obama concluir este maratón diplomático en Nueva York con la sensación de haber empezado a obtener rendimientos de su política exterior.

Esta era una prueba muy difícil a la que Obama llegaba castigado por su batalla política doméstica y criticado por haber hecho demasiadas concesiones sin contrapartidas en el área internacional. Sale de aquí, por supuesto reforzado en su popularidad mundial, gracias a su discurso de cambio y cooperación ante la Asamblea General, pero también con más reconocimiento dentro de casa a las líneas maestras de su política exterior. Al menos, ha ganado tiempo.

Irán se ve a la defensiva. Hace dos años, el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, fue la estrella incontenible en Nueva York. Esta vez, ha sido eclipsado por Obama. La actitud colaboradora de Medvédev, la participación en la Asamblea, por primera vez, del presidente de China, son pruebas de que el presidente norteamericano avanza en su proyecto de un mundo más amistoso. Puede que tanto como para desatar la envidia de otras estrellas. Hoy, por ejemplo, el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, llegó unos minutos tarde a la sesión del Consejo, lo suficiente como para no estar en su asiento cuando Obama se acercó a saludar uno por uno a todos los presentes.