No fumar para morir mejor
El enviado especial de EL PAÍS habla de la relación de los afganos con el tabaco
En los países donde se puede morir por cualquier causa, sea de salud o armas, no se fuma o se fuma poco. Sucede en África. Allí sólo aspiran tabaco el hombre blanco y los negros que lo imitan. En el Irak de Sadam Husein, donde se moría de accidente político y se desaparecía para siempre en fosas comunes, la gente fumaba a dos manos, igual que con los invasores norteamericanos de gatillo fácil y con los coches bomba de nunca acabar que no dejan de ser otra forma morir políticamente.
La vida encerrada siempre en una última, larga y plácida calada.
En Afganistán, que en esto de la muerte son bastante africanos, apenas se ve gente echando humo por la calle, en teterías o restaurantes. Quizá sea la pobreza extrema la que obliga a elegir entre cenar una loncha de nan-i-afghan, el excelente pan nacional, acompañada de un té aguado o comprar por el equivalente a dos dólares una cajetilla made in South Corea. Al niño Omar, el que aspira a ser piloto, comprarla le costaría 35 horas de trabajo como aguador del zoológico de Kabul.
No hay carteles de "No se fuma", y menos aún esos tan españoles de "aquí se puede fumar", como si fuera una machada morirse y matar al de al lado por el mismo precio. En Kabul, los carteles no se pierden en literatura barata. Aquí lo que está prohibido es entrar en los hoteles y en los restaurantes de extranjeros con pistola, Kaláshnikov o chaleco explosivo. En los controles registran la mochila y obligan a disparar una foto, que todos saben que fue una cámara falsa de televisión la que mató a Ahmed Shah Masud, el héroe de los tayikos afganos. Si el empleado de seguridad sabe algunas palabras en ingles, pregunta: ¿Armas? En lugares como Afganistán no conviene bromear en estos asuntos. La gente armada suele carecer de sentido del humor.
Hoy, que es el día de las elecciones, puede haber serios motivos para fumar antes de viajar hacia el paraíso. Afganistán se iraquiza y los talibanes, o quienes sean los que envían suicidas contra Kabul, tratan de descarrilar unos comicios sin garantías. Hay miedo y un nerviosismo ambiental que se transmite: conductores que exigen duplicar el precio de su contrato verbal, traductores súbitamente enfermos y guardas armados en los pasillos del hotel. Son pequeños y molestos detalles que recuerdan que este es un país en guerra donde el 85% de las mujeres son analfabetas y no pueden votar en libertad.
En estas condiciones, los que más fuman son los extranjeros, sean de la OTAN, la ONU, diplomáticos o periodistas, que están empeñados en organizarles la vida a unos señores a los que nadie ha preguntado por sus gustos y manías.
En Afganistán no se muere de tabaco. Las mujeres, por ejemplo, mueren de ser mujeres desde el día que nacen, siempre encerradas en una cárcel que es la tradición que las somete a unos maridos, a menudo despóticos, las priva del derecho a la educación secundaria y las obliga a caminar bajo el peso de la burka. Cuando quieren morirse, estas mujeres no encienden un cigarrillo sino que se arrojan ácido en la cara para escapar de la vida. Los niños mueren de la falta de vacunas mientras que antes de enfermar pueden seguir por las televisiones satélites de sus padres series indias sobre médicos y hospitales y aspirar a la riqueza de llegar a ser respetado. Todos mueren, hasta los hombres misóginos que se creen el centro del universo y esgrimen la religión para justificar sus crímenes. Ellos son los que mueren de la peor de las enfermedades: la indignidad.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Archivado En
Últimas noticias
Xabi Alonso, sobre Gonzalo: “El que lo merece, tiene la oportunidad”
La ola de protestas en Irán deja varios muertos y cientos de detenidos en su primera semana, según las organizaciones sociales
Análisis de ajedrez | El Oro que deslumbra (II)
Delcy Rodríguez tiene vetada la entrada a la UE “por violaciones graves de los derechos humanos”
Lo más visto
- Así le hemos contado la última hora del ataque de Estados Unidos a Venezuela y la detención de Nicolás Maduro
- El ataque de Estados Unidos a Venezuela amenaza con provocar una nueva subida del precio del petróleo
- Última hora de Nicolás Maduro detenido y el ataque de EE UU a Venezuela, en directo | Trump advierte a Delcy Rodríguez de que pagará un precio más alto que Maduro “si no hace lo correcto”
- La Delta Force, la unidad de élite del ejército estadounidense que ha capturado a Maduro
- El ataque de EE UU en Venezuela abre una nueva época de intervenciones en América Latina




























































