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El líder opositor jura como primer ministro de Zimbabue ante Mugabe

Morgan Tsvangirai encabeza un Gobierno de unidad nacional con el partido del presidente para intentar levantar un país arrasado por el paro, la hiperinflación, el hambre y el cólera

Morgan Tsvangirai, a la izquierda, levanta su mano para jurar como primer ministro ante Robert Mugabe.
Morgan Tsvangirai, a la izquierda, levanta su mano para jurar como primer ministro ante Robert Mugabe. AFP

El antiguo líder opositor al presidente de Zimbabue, Morgan Tsvangirai, ha jurado hoy su cargo como primer ministro tras acordar con el dirigente un Gobierno de unidad nacional. Desde el Gobierno, el jefe del Movimiento para el Cambio Democrático, al que Mugabe robó las elecciones del año pasado, intentará ayudar a sacar al país de una situación catastrófica: un paro galopante, del 90%, una hiperinflación rayana en el delirio, la hambruna que afecta a millones de personas y el brote de cólera más mortífero que se recuerda, con más de 3.000 muertos y 60.000 afectados.

Tsvangirai ha prestado el juramento de su cargo ante su hasta hace meses enemigo irreconciliable, Mugabe, que en sus 28 años en el poder -desde la independencia de Gran Bretaña, en 1980- ha arruinado el otrora granero de África, ejemplo de desarrollo. Es la culminación del acuerdo alcanzado a finales del año pasado entre su partido, el MDC, y el de Mugabe, el ZANU-PF, por el cual Mugabe seguirá en su sitio y se formará un Gobierno de unidad nacional encabezado por Tsvangirai. La enemistad que hasta hace escasos meses enfrentaba a ambos despierta dudas de que el arreglo saque a Zimbabue de su situación desesperada. De hecho, nada más tomar posesión del cargo, Tsvangirai ha prometido que la principal prioridad de su Gobierno será "estabilizar" la economía del país.

"Es un acuerdo imperfecto y el equilibro de poderes beneficia a Mugabe y al ZANU-PF. Tsvangirai, probablemente, tendrá poco margen de maniobra, pero con el tiempo será tan responsable como el Gobierno de los fracasos", ha opinado a Reuters Aubrey Matshiqi, del Centro de Estudios Políticos de Sudáfrica. "Otra forma de verlo es que de un acuerdo imperfecto puede salir una solución duradera. No hay forma de predecirlo".

El MDC de Tsvangirai desafió a principios del año pasado el poder absoluto de Mugabe y se encontró con una respuesta a la medida del sátrapa. El movimiento opositor venció en las elecciones legislativas -derrota que concedió Mugabe- y en las presidenciales, celebradas en marzo. Y eso pese al fraude masivo perpetrado por el presidente y denunciado por los observadores que vigilaron las elecciones. El fraude le sirvió, en todo caso, para forzar una segunda vuelta de las presidenciales. La ronda definitiva se pospuso en el tiempo hasta que Mugabe se aseguró de ganar: durante las semanas entre la primera y la segunda vuelta, el MDC sufrió todo tipo de acosos -detenciones y asesinatos de sus dirigentes incluidos, Tsvangirai tuvo que huir a Sudáfrica- hasta que se retiró, dejando la victoria en manos del ZANU-PF.

Sólo entonces, y con la presión de otros Estados africanos, se pusieron en marcha negociaciones para un Gobierno de unidad nacional que hoy cristaliza. En el entretanto, la situación en el país se ha deteriorado aún más si cabe: la inflación alcanza cifras de nueve dígitos, 231.000.000%, el brote de cólera se extiende "sin control", según la OMS, y cada vez más zimbauenses dependen de la ayuda de la ONU, hasta cinco de los 10 millones de habitantes del país.