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Un amerizaje de libro

¿Fue un milagro o una heroicidad? Los expertos creen que se trata más bien de lo segundo y que la pericia del capitán Chesley Sullenberger fue trascendental para que el amerizaje -una maniobra aún más peligrosa que un aterrizaje de emergencia- fuese un éxito y lograra salvar la vida de las 155 personas a bordo del Airbus 320 que cayó ayer sobre el río Hudson de Nueva York. El avión corre un gran riesgo de partirse en dos al chocar con el agua o bien que un desgarre del fuselaje cause una rápida inundación.

"Se merece un monumento", asegura Javier Martínez de Velasco, presidente de la Asociación Española de Pilotos. "No sólo respetó todos los procedimientos de emergencia, sino que enfiló hacia el río, evitando la zona urbana y, sin motores, encaró el impacto con el agua con la inclinación correcta de la cabina, lo que le permitió planear limpiamente".

Las compañías aéreas están obligadas por los convenios internacionales a someter a sus pilotos a simulacros de aterrizajes y amerizajes de emergencia al menos una vez al año. Sin embargo, Sullenberger supo afrontar el crucial paso de la ficción a la realidad con unos nervios de acero, según Martínez de Velasco, que pone como prueba las escenas de televisión, que mostraban la serenidad de los pasajeros que salían del avión y esperaban en las alas para ser rescatados.

A Sullenberger le ayudó su experiencia de 40 años como piloto, y que US Airways es una de las aerolíneas que más incide en la seguridad. "Son pioneros en los simulacros para mantener la calma entre los pasajeros y coordinar a la tripulación en situaciones de emergencia", añade Martínez de Velasco.

Los accidentes aéreos causados por aves no son infrecuentes, pero sí que los dos motores resulten dañados. La Administración Federal de Aviación estadounidense afirma que causan daños a aviones civiles y militares por valor de 600 millones de dólares al año y que más de 219 personas han muerto en todo el mundo como resultado de accidentes con aves y otros animales salvajes desde 1988.

La cetrería, la caza de aves con halcones, sobrevive en España gracias a la necesidad de ahuyentar a los pájaros de las pistas de vuelo. "Un avión de cuatro motores, aunque más caro, ofrece la garantía de mayor seguridad para evitar accidentes de este tipo", asegura Martínez de Velasco.