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Nicaragua sella la polémica

El Gobierno de Daniel Ortega trata de acallar las denuncias de fraude con un acto multitudinario de jura de los cargos municipales elegidos en noviembre

El Consejo Supremo Electoral de Nicaragua puso sello al fraude electoral denunciado por la oposición con un acto multitudinario en el que prestaron juramento los alcaldes elegidos en las cuestionadas elecciones municipales del pasado 9 de noviembre. El escenario elegido para este acto, en el que participó el presidente, Daniel Ortega, junto a su Gabinete, fue la plaza de la Revolución de Managua, la misma en la que hace casi 30 años, el 19 de julio de 1979, miles de nicaragüenses ovacionaron a los guerrilleros que entraron triunfantes en la capital nicaragüense, tras derrocar al último dictador de la dinastía somocista, Anastasio Somoza Debayle.

Sin embargo, la ceremonia de ayer estuvo empañada por las denuncias de fraude electoral presentadas por la oposición, la Iglesia católica, intelectuales y organismos de la sociedad civil. La plaza, adornada por sus cuatro costados con grandes rótulos que ensalzaban la figura de Ortega, estuvo ocupada por los candidatos electos, por simpatizantes del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y funcionarios del Gobierno. El acto terminó con fuertes enfrentamientos entre partidarios del Gobierno y opositores, que protestaban por lo que consideraban una farsa.

"Alexis 2009, campeón.... del fraude", se leía en las pancartas de los opositores, en referencia al nuevo alcalde de Managua, el ex boxeador Alexis Argüello, un antiguo simpatizante de la dictadura somocista, ferviente antisandinista, convertido hoy en defensor del Gobierno de Ortega. "Estaban decididos a boicotear las elecciones", dijo el presidente del Consejo Supremo Electoral, acusando a los medios de comunicación y la oposición, por "crear un fraude mediático".

"Hoy más que nunca estamos convencidos de que el fraude mediático estaba activado. La cobertura de los medios lo confirmaba diariamente", dijo Rivas, en un cambio total de guiones al pasar de ser cuestionado a cuestionar a la oposición. Rivas no explicó por qué el acto de juramento de las nuevas autoridades municipales se hizo en presencia del Gobierno en pleno, a pesar de que la ley establece que las alcaldías nicaragüenses son autónomas y deben de jurar ante el Consejo Supremo Electoral.

Ortega, por su parte, se mostró sonriente y conciliador. Al dar por finalizado lo que algunos analistas consideran uno de los capítulos más oscuros de la política nicaragüense ?sólo igualado a un fraude de igual magnitud ocurrido en 1946, durante la dictadura?, el presidente llamó a "no editar tiempos pasados" y pidió parar los actos de violencia política que han sacudido el país en las últimas semanas, previos a la toma de posesión de las nuevas autoridades.

"No es quemando alcaldías que resolvemos los problemas, no podemos editar tiempos pasados ni podemos hacer apologías de nuevas guerras. Las únicas nuevas guerras que Nicaragua está librando son contra la pobreza y el analfabetismo", dijo Ortega, en un discurso extrañamente corto, algo poco habitual en el mandatario.

Después del acto, vino la violencia. Simpatizantes del Gobierno y opositores se enfrentaron con garrotes, piedras y bolsas con agua. La policía intervino para poner fin a los choques.

La oposición dijo que continuará denunciando el fraude y que sus candidatos no ocuparán los cargos de concejal que por ley les corresponden al haber logrado el segundo lugar en los municipios ganados por el FSLN.

Ahora la controversia se mantiene en la Asamblea Nacional de Nicaragua, estancada por la incapacidad de los diputados oficiales y opositores para celebrar sus sesiones y encontrar una solución a la crisis política que afecta al país.