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Un millón de Cubas dentro de Miami

Los exiliados de la revolución forman un grupo de visiones políticas tan distintas como las circunstancias que les han llevado a emigrar

Siete viejos debajo de una palmera forman un corrillo, un sábado a las once de la noche, frente al café Versalles de Miami. Raúl Reyes, de 72 años, lleva un libro de fotos en la mano. Lo ha traído para hablar a los otros de un profesor de anatomía que tenía en La Habana y que casi nunca aprobaba a nadie. No es la primera vez que lo trae y no será la última. Y siguen hablando del embargo, como si no hubieran pasado 50 años de la revolución. "Yo he sido el único político republicano de Estados Unidos que me he opuesto de siempre al embargo", comenta el cubano Carlos Muñoz Fontanillas, de 72 años, presidente de la Asociación Versalles. "Pero me opongo porque yo lo que quiero es el bloqueo total, por tierra, mar y aire".

Hubo un tiempo en que debajo de esa misma palmera, frente al Versalles, se hablaba de cargamentos de armas, se fraguaban conspiraciones para derrocar a Fidel Castro. Ahora, sólo esperan que muera Castro antes que ellos. Cuando se le pregunta a Raúl Reyes, que cómo los acogió Estados Unidos, responde: "En realidad hemos sido nosotros los que los hemos acogido bien -contesta Reyes- porque cuando vinimos esto era un campo desierto donde los hoteles estaban cerrados la mayor parte del año".

De los 2.300.000 ciudadanos que viven en el condado de Miami-Dade, 800.000 son cubanos. Todo el mundo conoce en Miami el Versalles, y muchos lo consideran un nido de gusanos, que es como Castro bautizó a los enemigos de la revolución.

"Esa palabra me duele especialmente porque a mi padre, cuando lo metieron en la cárcel los castristas le daban una sopa que era agua con unos gusanos blancos dentro para humillarle", comenta María Vázquez, de 58 años. "Después los gusanos se convirtieron en mariposas. Porque vuelven a visitar a sus familiares con dólares y los tratan a cuerpo de rey, les hacen que se salten las colas en todos los sitios". María y su esposo Miguel, de 62 años son propietarios de la tienda Sentir Cubano, un paso obligado para los miles de cubanos que sienten nostalgia de la tierra, y sobre todo, para los anticastristas. Allí se compran mecheros de hace treinta años, botellas de licor de hace cuarenta, memorabilias de los colegios de Cuba, con las fotos de los alumnos, papel higiénico con la cara de Fidel Castro impresa, o camisetas con la leyenda: 1959: el año del error, o botellas de sidra con la etiqueta, Sólo abrir cuando muera Fidel.

Miguel salió de allí con 13 años y María con ocho. "Nosotros vinimos a Miami porque nuestros padres buscaban la libertad. Los que vienen ahora no saben lo que es eso, sólo quieren comida y aire acondicionado. En nuestra tienda tenemos a una guajira que vivía en su casa con una burra y cosía bañadores para los turistas de Varadero. Llegó hace dos años con el marido que empezó a trabajar de electricista a 25 dólares la hora. Y ahora no hay quien la conozca. Ha ido de visita a Cuba para enseñarles a sus familiares y a los amigos lo bien que les van las cosas aquí, llena de bisutería y de regalitos baratos. Pero nosotros no queremos pisar aquello hasta que no caiga el régimen".

El taxista Lázaro, sin embargo, nació hace 25 años en Miami, hijo de otro taxista cubano que hace 28 llegó de Cuba, y ya ha visitado la tierra de su padre cuatro veces. "La primera vez me gustó mucho poder jugar por la noche a la pelota en la calle. Aquí eso sería imposible, te podrían matar. Esto es la salvajada, el sálvese quien pueda, y allí se está más tranquilo".

El humorista cubano Guillermo Álvarez-Gúedes tiene 81 años, uno menos que Castro, y salió de Cuba sólo dos años después de la revolución. Ha perdido cualquier asomo de esperanza. "De caer el régimen de Fidel, la reconstrucción moral duraría otros 50 años; se ha convertido en un pueblo de inútiles, de mentirosos. Cuba es un país que no existe, lo sé porque yo estuve allí".

La visión más opuesta a la de los cubanos anticastristas podría ser la del periodista Max Lesnik, de 78 años, quien salió de su país en 1961 porque no le gustaba la afinidad que había con los comunistas soviéticos, pero aún confía en que algún día conocerá allí el verdadero socialismo. "Entre los años setenta y ochenta los extremistas cubanos de la derecha en Miami me pusieron 11 bombas en la oficina de una revista que yo editaba Aquí siguen copando todos los medios de comunicación. Pero cada vez son más los cubanos que no piensan como ellos. Y la prueba es que Barack Obama, partidario del diálogo con Cuba, ha sido votado en todos los distritos electorales del condado de Miami-Dade, que es donde vive el 90% de los cubanos".

Pasados los 50 años desde la revolución, ¿mereció la pena? "Siempre mereció la pena. Pero la pregunta que hay que hacerse es por qué no salió mejor. ¿Por la voluntad de sus dirigentes o porque se encontraron con la oposición de la nación más poderosa del mundo durante 50 años? Para hallar la respuesta, que levanten todos los obstáculos y ya veremos lo que ocurre en Cuba. Estados Unidos organizó invasiones y operaciones desestabilizadoras como no ha sufrido ningún otro Gobierno del mundo".