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Un vertido tóxico similar al de Harbin amenaza a otra ciudad china

Más de 6.000 personas han sido evacuadas en Chongqing tras otra explosión en una planta química

Mientras cien toneladas de productos químicos, principalmente benceno (un potente cancerígeno), continúan su recorrido por la ciudad nororiental china de Harbin, que lleva tres días sin agua potable, un desastre ecológico similar puede repetirse en otra región, a miles de kilómetros, donde la contaminación provocada por otra explosión en una planta química ha desatado también el pánico entre la población.

Más de 6.000 personas han sido evacuadas en las últimas horas en Chongqing, ciudad del centro del país y situada a orillas del río Yangtsé, después de que ayer se informara de una explosión en una planta química, en la que murió un trabajador y tres resultaron heridos, según la prensa local.

Como en el caso de Harbin, una de las mayores ciudades de China, desastre que ha dado la vuelta al mundo y amenaza con extenderse a Rusia cuando las aguas del Songhua lleguen al río Amur, en el que desemboca, los responsables medioambientales de Chongqinq han advertido a los habitantes de que no usen agua de los ríos. Igualmente existen temores de contaminación de las aguas locales por benceno, sustancia que en grandes cantidades puede ser cancerígena, de acuerdo con las informaciones de la agencia oficial Xinhua.

El número de evacuados en Chongqing es mucho mayor que los 300 de Harbin, ciudad que usa el agua del ahora contaminado río Songhua para el consumo humano, y que a principios de semana vivió un auténtico pánico colectivo cuando su Ayuntamiento anunció cuatro días de corte de agua sin explicar las verdaderas causas de la decisión.

La empresa causante del desastre en Harbin pide perdón

Harbin, capital de la provincia de Heilongjiang, con 3,5 millones de habitantes (9 millones incluidos los suburbios), permanece sin agua potable desde el miércoles, con los colegios cerrados y gran parte de su actividad paralizada. La falta de información ha desatado el pánico entre muchas personas que han optado por huir de la ciudad en cualquier medio de transporte disponible. Previsiblemente el domingo volverá a haber agua corriente. Las autoridades se han comprometido también a mantener en funcionamiento los sistemas de calefacción, con temperaturas que han descendido hasta los ocho grados bajo cero.

La empresa estatal Petrochina ha pedido hoy perdón en un comunicado por el grave desastre ecológico en el río Songhua, afluente del Amur. El vertido de benceno se produjo tras una explosión registrada en una empresa de Petrochina, la Compañía Petroquímica de la ciudad de Jilin, en la provincia del mismo nombre, el 13 de noviembre, con un resultado de cinco muertos y 10.000 evacuados.

Aunque la prensa se ha centrado hasta ahora en la situación en Harbin, se ha sabido que Songyuan, otra ciudad ribereña del río Songhua, ha estado siete días sin suministro de agua, sin que tampoco se informara a la población de que la contaminación fluvial provocada por la explosión era la causa del corte.

Lo ocurrido en Harbin y Chongqing es un claro ejemplo de la tremenda factura medioambiental que está pagando el país asiático por la política seguida durante los últimos 20 años de lograr crecimiento económico al coste que sea. El 70% de los ríos chinos están contaminados, según ha desvelado esta semana el Gobierno, la lluvia ácida afecta a un tercio del territorio y siete de las 10 ciudades con más polución del mundo son chinas.

Rusia espera la llegada de la mancha de benceno

Los pronósticos sobre cuándo llegará a Rusia el vertido tóxico que arrastra el Songhua y que alcanzará el río Amur difieren a ambos lados de la frontera. Si bien las autoridades rusas calculan que la contaminación llegará a su frontera el sábado o el domingo puesto que avanza a una velocidad de 100 kilómetros diarios y se encuentran a 300 kilómetros de la zona afectada, la Administración de Protección Ambiental (SEPA) dijo ayer que creen que llegará al país vecino dentro de 14 días.

Pekín informó ayer a Moscú de los detalles del desastre, once días después de que se produjera el accidente y tras ocultar durante días a la población china las dimensiones del vertido, algo habitual en el gigante asiático debido a la censura de los medios.

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