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Paso a la barbarie

Dinamarca “repatria” sirios a Damasco, un modelo de paz. Son situaciones monstruosas con tono muy civilizado

Refugiados sirios protestan en las inmediaciones del Parlamento de Copenhague, este pasado 21 de mayo.
Refugiados sirios protestan en las inmediaciones del Parlamento de Copenhague, este pasado 21 de mayo.getty

La barbarie, como explicó José María Ridao en un magnífico libro, no es algo que sucede de repente, sino algo que se elige y a la que se llega paso a paso, momento en el que ya nadie sabe que lo que está haciendo es barbarie. Pocos parecen pensar en Dinamarca que aprobar una ley que autoriza a “reubicar en otros países a solicitantes de asilo de países no Unión Europea” es eso, un paso hacia la barbarie.

Los europeos hemos estado más pendientes de Dinamarca por la Eurocopa que por lo ocurrido el pasado día 3 en su Parlamento, cuando por 70 votos contra 24 se aprobó esa ley, presentada por la primera ministra, Mette Frederiksen, de 43 años, socialdemócrata. El portavoz del Gobierno lo explicó muy bien: “Si solicitas asilo en Dinamarca, sabes que te enviarán a un país fuera de Europa y por lo tanto esperamos que la gente deje de pedir asilo aquí”. Lo podía haber explicado aún mejor: “Si solicitas asilo en Dinamarca, reúnes las condiciones que establece el derecho internacional para obtenerlo, pero sabes que, en lugar de acogerte, te enviarán a algún lugar como Ruanda, el Gobierno danés espera que vayas a otra puerta”. “Te enviarán”, ¿qué expresión es esa?, ¿las autoridades te llevarán a empujones?

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La ley permite también revocar el permiso de residencia a refugiados que viven ya en Dinamarca, si las autoridades creen que las zonas de las que proceden son ya seguras. Dicen que “repatrian” sirios a Damasco porque la capital de El Asad es un modelo de paz. Son situaciones monstruosas, dentro de un tono muy civilizado. Al fin y al cabo, se “repatria”. Curioso el cambio de sentido que ha tenido esa palabra, porque hasta hace poco la repatriación era algo que deseaba voluntariamente un ciudadano que se encontraba en el extranjero, sin medios, y pedía ayuda a su Gobierno para regresar.

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Alguien pensará que, al fin y al cabo, “reubicar” a solicitantes de asilo en otro país (Copenhague ha firmado ya un primer memorándum con Ruanda) se parece mucho a lo que hace la Unión Europa financiando campos de refugiados en Turquía. Pero por muy incorrecto que sea lo que hace la UE, no tiene que ver con la barbarie que pretende el Gobierno danés. Lo que financia la UE son “campos de tránsito”, desde los que los refugiados pueden presentar la solicitud de asilo y no se altera ningún principio jurídico internacional. Lo que pretende el Gobierno socialdemócrata es deportar o enviar de manera obligada a un tercer país a los solicitantes de asilo que presentaron su documentación para ir a Dinamarca.

¿Por qué hace algo así uno de los países más desarrollados, ricos y felices del mundo? Según su primera ministra, para preservar la unidad del país. Obviamente, los refugiados no son secesionistas, así que lo que quiere preservar la señora Frederiksen no es la unidad territorial, sino la unidad “cultural”. Dinamarca tiene unos seis millones de habitantes y, según sus últimas estadísticas, casi medio millón de extranjeros, la mitad de ellos polacos, alemanes, británicos y lituanos (UE) que no va a enviar a Ruanda. Tampoco es muy creíble que lo haga con refugiados rusos o ucranios. Así que la ley está pensada para sirios, iraquíes, paquistaníes o somalíes (actualmente un 3% de la población es de religión musulmana).

¿Qué requiere tanta protección en la cultura danesa? ¿La religión?, ¿la lengua? Los asilados la aprenden para obtener trabajo. ¿Temen que las costumbres gastronómicas cambien?, ¿que ya no se lean los libros de Søren Kierkegaard, Karen Blixen o Hans Christian Andersen? ¿Por qué un estudiante de Filosofía iraquí no va a conocer a Kierkegaard? ¿Por qué los hijos de los sirios van a ignorar los cuentos de Andersen? No, afirman, la unidad cultural se refiere a los principios de democracia avanzada que imperan en Dinamarca. Pero esos principios no son innatos, sino que están garantizados por leyes que son de aplicación a todos quienes residan en Dinamarca, sin excepción.

Lo más inquietante de toda esta defensa de la “cultura” en Europa es que en realidad esté ocultando otra cosa y ya no se trate, como sucedió desde la Ilustración, de algo que se opone a la ignorancia, sino de algo que empieza a relacionarse con cuestiones que se llamaron de otra forma: raciales.


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