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“Fuimos pioneros cuando el country no molaba”: Beyoncé, remezclas y festivales marcan el regreso del sonido norteamericano

La música campestre por excelencia ha experimentado una sorprendente mutación durante este siglo en el que ha encontrado un extraño compañero de viaje: la cultura digital

Una mujer vestida de cowboy asiste a una competición de patinaje durante una fiesta para escuchar el disco 'Cowboy Carter' de Beyoncé el pasado marzo en Houston.
Una mujer vestida de cowboy asiste a una competición de patinaje durante una fiesta para escuchar el disco 'Cowboy Carter' de Beyoncé el pasado marzo en Houston.MARK FELIX (AFP via Getty Images)

Un escueto biquini metálico, una chaqueta torera y un aparatoso sombrero vaquero negro son las credenciales estéticas que presenta Beyoncé en su último single. Y no, no es un farol: la Reina B se asoma al country en un Texas Hold’em que, con sus casi 240 millones de reproducciones en Spotify confirma que el country vuelve con fuerza.

Con los sonidos urbanos de origen latino alcanzando su madurez como sonido del momento de la última década, el hip hop en perenne estado de gracia y el pop-rock de toda la vida asentado en un discreto segundo plano del que no parece que vaya a salir muy pronto, quedan pocos candidatos a ser la tendencia musical de moda en los meses que vienen. Si hacemos caso a lo que pasa en Instagram (y, en menor medida en Tiktok), el country parece ser el nuevo viejo sonido en disfrutar de una segunda juventud, en la que rostros y demografías no asociadas habitualmente al canon de este sonido marcan la diferencia.

Así, si es cierto que Beyoncé ha tardado lo suyo en homenajear sus raíces, no lo es menos que su carrera está plagada de guiños estéticos a la cultura cowboy. Otros distinguidos referentes de estilo afroamericanos como Pharrell Williams, que dio un baño de raíces norteamericanas a la colección otoño-invierno 2024 de Lois Vuitton o Dapper Dan, que llenó de detalles country a su colaboración con Gap, en la que el tejido vaquero era el rey. La inclusión de rostros y demografías poco habituales en la tradición country ha sido una constante en casi todo lo que haya resonado a nivel global dentro de este género. A finales de 2018, el rapero Lil Nas X debutaba con Old town road, que tomaba un sampler instrumental de Nine Inch Nails para construir una canción rematada por un videoclip en la que el artista lucía toda una serie de trajes de cowboy, tanto a lomos de un caballo como en un salón de baile.

La cantante country Brandi Carlile en 2007.
La cantante country Brandi Carlile en 2007.NBC (NBCUniversal via Getty Images)

A Lil Nas X le sacaron su canción del listado Hot Country del Billboard norteamericano pese a que enroló al veterano Billy Ray Cirus en una remezcla. La canción acabó siendo un gran éxito igualmente que cubrió de premios y lanzó su carrera. Menos viral fue el éxito de Orville Peck, misterioso crooner canadiense que sube al escenario elegantemente vestido de vaquero de fantasía y con el rostro cubierto por una máscara como la del Llanero Solitario con flecos. El sudafricano Daniel Pitout, batería del grupo punk Nü Sensae, es quien se esconde bajo la máscara del celebrado cowboy gay, cuyo disco de debut Pony, cargado de homenajes a Waylon Jennings o Tammy Wynette, fue una de las sensaciones indies de 2019. Y aunque durante este siglo el éxito ha sido el constante para un nutrido grupo de artistas femeninas country encabezadas por la abiertamente lesbiana Brandi Carlile, nombres como Sierra Ferrell, Nikki Lane o Whitney Rose han sabido añadir esa sensibilidad indie que quizás faltaba al género.

“Yo compararía lo que pasa ahora hora con el country con lo que sucedió aquí durante los últimos años, en los que el flamenco se ha integrado dentro de tendencias más amplias de música. Ahora, en Estados Unidos, ves a artistas punk que se ponen sombreros de vaquero. Es una vuelta a las raíces propias”, cuenta Marta García, booker agent de Heart of Gold, la promotora española más comprometida con la programación de artistas de country y americana en nuestro país y promotores del festival Huercasa Country Festival de Riaza, principal cita española de este género musical. García sostiene que, pese a que el country y la americana siguen siendo nichos en nuestro país, sí se aprecia un mayor interés de público más joven. “Artistas como Nikki Lake o Sierra Ferrell atraen a un público mucho más joven de la media”, cuenta.

Unir públicos con pedigrí country con otros que quizás nunca habían pensado que el género tuviese espacio para ellos lleva siendo desde 2007 la obsesión de David Wrangler, responsable de Vinyl Ranch, el espacio creativo que se ha propuesto (y está consiguiendo) transformar la imagen del country en el siglo XXI. “Mi marca vende una perspectiva alternativa de la música country, algo así como un Supreme meets Wrangler, un giro warholiano en la remezcla de la iconografía más americana del cowboy en el Salvaje Oeste que es Internet”, asegura el director creativo de un concepto que, tras tres lustros, se ha asentado como referente en esa nueva sensibilidad de las raíces americanas.

Billy Ray Cyrus y Lil Nas X en un festival en California en 2019.
Billy Ray Cyrus y Lil Nas X en un festival en California en 2019.Matt Winkelmeyer (Getty Images for Stagecoach)

David Wrangler creó Vinyl Ranch en 2007 en Houston (Texas), la zona cero de la cultura del vaquero urbano de finales de los años setenta. Es esta figura, la del urban cowboy, la que le ha obsesionado desde sus inicios. Quizás también la clave del éxito de una marca que no para de crecer. Educado en una familia de músicos, un joven Wrangler se fogueó como DJ en bares gais y clubes rave en los primeros años de la década de los 2000 antes de dar a luz la marca Vinyl Ranch. “En un vuelo nocturno de Tulsa a Houston conocí al cowboy urbano original, Mickey Gilley, del famoso club nocturno Gilley’s, que dio su bendición personal a mi visión”.

Esta experiencia sirvió como pistoletazo de salida para una marca que incluye fiestas, remixes, una marca de ropa y una filosofía vital que vive principalmente en redes sociales a través de memes y unos códigos de comunicación con un pie en la tradición del country y otra en la cultura de internet. “Puedo afirmar con total seguridad que hemos redefinido y reajustado las normas de la cultura de la música country, dando cabida al nacimiento y la normalización de nuevas subculturas en la música, la moda y el pensamiento. Es increíble ver cómo algunos de los grandes nombres de la cultura pop calcan, toman prestado o roban cosas que hemos creado”, asegura David Wrangler.

Lo cierto es que su alter ego en la mesa de mezclas, Disko Cowboy, ha conseguido con su mezcla desprejuiciada de clásicos del country y cultura de club atraer a un público ansioso de novedad sin que el aficionado al two-step de toda la vida se espante. Su último lanzamiento, una versión de That don’t impress me much de Shania Twain junto a French Horn Rebellion y Kaitlin Butts, es el resumen perfecto de su propuesta. Solo hace falta pasarse por las cuentas de Instagram y Tiktok de festivales especializados como Stagecoach o Gulf Coast Jam ofrecen una experiencia más cercana a la meca del postureo que es el Coachella que a la solemnidad que se espera de un evento donde suena música tradicional.

Orville Peck durante una actuación en Seattle en 2019.
Orville Peck durante una actuación en Seattle en 2019.Jim Bennett (Getty Images)

“Crecí yendo a salas de baile y clubes de música country en Texas, y el DJ siempre sabía que tenía que atender a todos los públicos de la sala sin dejar de lado la música country. Podías escuchar el último single de Alan Jackson, una canción de rap popular y quizá el Electric Slide o una remezcla country en la misma hora y la pista de baile no se vaciaba”, recuerda Wrangler. Es por ello, cree, que algunos festivales reflejan en la actualidad este espíritu en su programación “con un cartel centrado en una mezcla de country popular contemporáneo, actuaciones clásicas, nuevas promesas del indie, artistas de fusión y DJs”.

Wrangler asegura que el country se encuentra en un momento de cambio que propicia su crecimiento. “Por una parte está Nashville, y luego todo lo demás. La música country generada desde allí es como un producto de Colgate o Nabisco: diseñada para parecer y sonar bien, pero quizá carente de autenticidad, arte o sustancia”, afirma. Parece, concluye, “que un amplio sector de los aficionados se rebela contra la industria y opta por gastar su dinero en artistas como Zach Bryan y Tyler Childers, que no tienen éxitos en las radios pop country, sino que se basan en controlar su propia narrativa y crear seguidores de base”.

David Wrangler responde a esta entrevista mientras cierra los detalles de la adquisición de su primer club nocturno. Este enérgico texano está tan convencido de su visión, que esta acaba resultando sorprendentemente contagiosa. “Si acabas de llegar al country en 2024″, apunta, “es posible que no te des cuenta de que el merchandising de sus artistas no era muy vanguardista ni emocionante hasta que nosotros nos pusimos manos a la obra. Lo mismo ocurre con el contenido digital: nuestros memes country están por todas partes”, asegura. Y remata, con orgullo, en lo que es para el la joya de la corona de Vinyl Ranch: las experiencias. “Las fiestas y los eventos musicales que producimos nacen del espíritu de la cultura rave y la actitud punk. Una gran discográfica no tiene gente en plantilla que pueda replicar ese espíritu, pero seguro que puede calcarlo. Cada vez que miro el teléfono aparece una nueva fiesta country organizada por un gigante como Live Nation u otro promotor que quiere sacar provecho de una tendencia de la que fuimos pioneros cuando el country no molaba”.

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