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Holger Rune: “No soy un mal chico, solo soy muy apasionado”

Todavía no ha cumplido los 21 y este tenista danés ya es el número 6 de la ATP y se eleva en los grandes torneos. Pero, ante todo, es el joven más ardiente en la pista

El tenista danés Holger Rune vestido de  Armani en el Mutua Open de Madrid 2023.
El tenista danés Holger Rune vestido de Armani en el Mutua Open de Madrid 2023.Pablo Zamora

Holger Vitus Nødskov Rune (Gentofte, Dinamarca; 20 años) irrumpe en el encuentro con paso diligente y flequillo revuelto. Tiene mirada pícara y expresividad de niño, pero facciones cuadrangulares y porte de hombretón. “¡Guau!”, se oye de fondo, cuando aparece su figura, espectacular, de 1,88 y 77 kilos. Ese atractivo nórdico del número seis en el ranking de la ATP tampoco pasa desapercibido para las firmas y Armani ya se ha fijado en él. “¿No le han comentado nunca que recuerda al futbolista Erling Haaland?”, se le plantea. “No, en realidad me dicen que me parezco a DiCaprio…”, responde el tenista, finalista este año en Roma, donde eliminó a Djokovic y perdió la final contra Medvedev. Semanas más tarde, llegó a los cuartos de final de Roland Garros. Tras perder dos sets, dio muestras de su carácter ganándole el tercero a Casper Ruud.

Rune, que añade una J marcada (“Jolguer”) cuando se le pregunta cómo se pronuncia exactamente su nombre de pila, era, hasta hace no mucho, un desconocido para el gran público. No así para los especialistas, que siguen su evolución desde hace años, pero va haciéndose hueco a codazos en la planta noble del circuito de la ATP y es uno de los firmes estandartes de la última generación de jugadores que aprieta a la vieja guardia y reclama un protagonismo inmediato. Ahí están él, el italiano Jannik Sinner, el canadiense Felix Auger-Aliassime y, por supuesto, Carlos Alcaraz, al que conoce desde los 10 años —ambos son de 2003, separados por solo seis días— y con el que compartió diversas experiencias cuando eran juniors. Sin embargo, hay algo que diferencia al danés. “Para ganar necesitas tener fuego interior”, contesta sosegado, aunque conforme transcurre la conversación asoma la llama.

De entrada transmite tranquilidad, pero en la pista todo es distinto. ¿No es así? Yo lo que quiero es ser feliz y disfrutar de la vida. Y adoro mi trabajo. Cuando compito doy el máximo y me preocupo por todo lo que hago, pero cuando entro de la pista soy un chico muy apasionado. Eso es así.

¿Le resulta difícil gestionar las emociones? Obviamente es difícil, pero también lo es jugar bien y estar físicamente en forma. Quiero decir, jugar a este nivel es complicado, pero si quieres estar ahí arriba debes pasar por todo ese tipo de cosas. No tienes que pensar si es duro o no, sino simplemente profundizar y buscar la forma de ganar, hacer todo lo posible. Esa es mi forma de verlo.

¿Cuánto le cuesta digerir una derrota? Cuando pierdo, se acabó. No puedo recuperar ese tiempo perdido ni se puede cambiar nada, así que obviamente estoy frustrado, pero prefiero centrarme en el ahora y en mirar solo hacia adelante.

Si Alcaraz es el mago y Sinner el robot, imperturbable, ¿usted quién es? ¿Usted qué cree?

¿Una bomba, tal vez? Yo no lo veo así... [endurece el gesto]. Pero bueno, creo que pensar en la próxima generación es emocionante. Creo que es interesante tener diferentes perfiles y estilos como los nuestros; en el fondo, los tres compartimos la pasión por lo que hacemos. Creo que va a ser muy excitante ver qué nos depara el futuro, pero si me pregunta quién soy yo o qué represento, le diría que alguien muy apasionado. Sobre todo, apasionado.

¿Y de dónde viene esa pasión? Cuando era pequeño, mi madre [Aneke, su sombra en el circuito] me dijo que aquello que hiciera, lo hiciera siempre con pasión, al cien por cien. Porque, si no lo haces de esa manera, mejor busca otra cosa a la que dedicarte...

Rune, vestido de Armani, en Madrid.
Rune, vestido de Armani, en Madrid.Pablo Zamora

Con solo 14 años, Rune debutó en el equipo danés en la Copa Davis; a los 17 disputó su primer partido en un cuadro principal de la ATP, en Buenos Aires, y solo siete días después logró su primera victoria, en Santiago de Chile. En enero de 2022 levantó su primer trofeo, en Múnich, y desde el inicio en el profesionalismo ofreció indicios de ser un tenista volcánico, al que le hierve la sangre con relativa facilidad. En Roland Garros, por ejemplo, instó a su madre a abandonar el banquillo cuando cedía durante el duelo frente a Casper Ruud —”no la eché, pero cuando estoy frustrado necesito que me dejen; no puedo estar escuchando a mi madre y a mi entrenador al mismo tiempo…”, alegó entonces— y en el saludo en la red, le felicitó con frialdad y sin mirarle a la cara. También el curso pasado, el veterano Stan Wawrinka le recomendó que dejase de “comportarse como un bebé” y en la rueda de prensa posterior al partido de París-Bercy, el suizo lamentó que “se está ganando una reputación en el vestuario de la que se arrepentirá algún día”. Esta temporada, envió dos pelotazos seguidos fuera de la pista en Montecarlo y, en Madrid, borró una bola dudosa en el cuadro de saque mientras Alejandro Davidovich y el juez de silla discutían, enfangando una atmósfera que ya le era hostil.

¿Considera positivo el contraste, que haya jugadores con distintos comportamientos? Buenos y no malos, pero sí traviesos, digamos. No lo sé. Yo no me considero así… [responde cortante otra vez]. Yo no hablaría de chicos traviesos ni nada de eso; a mí lo que me gusta es jugar al tenis y me preocupo exclusivamente de eso.

Hasta Roger Federer rompía raquetas de adolescente. Claro, pero él también era un mal chico de joven, ¿verdad? Y sencillamente no lo es. Por supuesto, todo el mundo puede cambiar; de hecho, él es perfecto, el jugador perfecto, del mismo modo que también lo es Rafa [Nadal], a su manera. En la pista muestra un montón de carácter y lucha como un loco. Eso es admirable.

A usted se le tiende a identificar con Novak Djokovic, por juego y actitud en la pista. Quizá podamos parecernos en algunas cosas del juego, en algunos tiros... pero tenemos diferentes personalidades; ya sabe, él es serbio, yo soy danés... Así que no somos lo mismo, somos diferentes. Además, aún me quedan unos cuantos grandes títulos que conseguir para ser como él.

Rune empezó a jugar al tenis porque su hermana Alma, cuatro años mayor, le inspiró. Dejó a un lado el fútbol y a los seis cogió la raqueta en un país, Dinamarca, donde la tradición por este deporte no es muy grande. Más allá de Kurt Nielsen, doble finalista de Wimbledon (1953 y 1955), ningún representante masculino ha logrado dejar una huella reseñable y tan solo Caroline Wozniacki, número uno femenina en tres franjas —entre 2010 y 2011, 2011 y 2012 y en 2018 por última vez; 71 semanas en total— y campeona del Open de Australia en 2018, ha brillado al máximo nivel. Sin embargo, el historial señala a varios tótems nórdicos.

Holger Rune
Pablo Zamora

¿Por qué eligió al final el tenis? Mi hermana jugaba, y luego empecé yo. Al final, me gustan más los deportes individuales porque tienes el control de lo que está pasando. En los colectivos es distinto, dependes del equipo. Me gusta esa vibración de estar solo en la pista, me encanta. Así soy feliz.

Björn Borg, Matts Wilander, Stefan Edberg… Y, en segundo orden, Söderling, Norman, Enqvist, Björkman… ¿Le gustaría seguir sus pasos? Lo intentaré, pero en realidad mi objetivo no es ser como ellos. Mi meta consiste en ser lo mejor que yo puedo ser, dar mi máximo y alcanzar mi límite. Si eso me permite ganar más títulos que ellos, siempre será bueno. Si consigo llegar a mi máximo potencial, ya estaré orgulloso porque significa que lo habré dado todo.

Dicen que de pequeño devoraba horas y horas de tenis. ¿Es cierto? De niño veía muchísimos partidos, pero ahora menos porque hoy día me enfrento a muchos de los jugadores a los que potencialmente puedo ver. Pero haciendo memoria, sí, era este tipo de chico que se iba a la pista 15 [terciarias en los torneos] para ver partidos al azar porque los disfrutaba; como le decía, tenía y tengo una gran pasión por mi deporte.

Más allá de la pista, sigue a Cristiano Ronaldo y admira a James Bond. ¿Por qué le atraen esas personalidades? Porque la ética de trabajo de Cristiano es increíble. Está haciéndose mayor, pero sigue estando en un estado de forma estupenda, y eso que tiene 38 años. Es un gran trabajador y tiene una dedicación plena hacia lo suyo. Aparte, me gusta mucho el cine y veo un poco de todo, pero esa saga me encanta y sobre todo las películas de Daniel Craig, que tienen un poco más de acción.

Por ir cerrando, ¿Qué me dice de su amigo Alcaraz? La rivalidad de júniors con Carlos fue genial, jugamos muy buenos partidos. Y nos llevamos bien, así es. Nos enfrentamos muchas veces y nos empujamos hacia nuestros límites, y eso es genial, porque divierte a la gente. Ya sabe, él es otro de esos que pelea hasta el final, y eso hace que todo sea más emocionante.

Lo que está haciendo es increíble. ¿Cómo se le puede parar? Ya ha perdido algunos partidos este año, así que es posible vencerle, pero está claro que va a ser difícil. Ahora mismo, Carlos es uno de los jugadores más difíciles de batir; pero, insisto, todo el mundo va a perder algún día, así que…

¿Cómo se imagina dentro de una década? Esperemos que con un montón de grand slams.

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Sobre la firma

Alejandro Ciriza
Cubre la información de tenis desde 2015. Melbourne, París, Londres y Nueva York, su ruta anual. Escala en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se incorporó a EL PAÍS en 2007 y previamente trabajó en Localia (deportes), Telecinco (informativos) y As (fútbol). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra. Autor de ‘¡Vamos, Rafa!’.

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