Paco Clavel: “No necesitamos el poder, ¡fuera! Cada uno tiene que ser el rey de su casa. O la reina”

Tres cosas tiene en la vida Paco Clavel: desde el 21 de octubre, una exposición sobre Vainica Doble en El Imparcial y la Sala Equis; llenar la sala Maravillas con Samanta Hudson; la reedición de su primer disco como Clavel i Jazmín, ‘Reina por un día’. Salud, dinero y amor

El artista Francisco Miñarro López (Iznatoraf 1949), conocido como Paco Clavel, durante la entrevista para Icon en la Sala Equis del centro de Madrid.
El artista Francisco Miñarro López (Iznatoraf 1949), conocido como Paco Clavel, durante la entrevista para Icon en la Sala Equis del centro de Madrid.Saul Ruiz
Carlos H. Vázquez

“¿Las fotos van a ser en color o en blanco y negro? Es que he traído una boa de plumas con los colores de la república”. Paco Clavel (Iznatoraf, 1949) saca todo un muestrario emplumado de una bolsa de plástico como el mago que no para de sacar pañuelos de su manga. También ha traído gorros y sombreros. Y pelucas. Al final, posa sin nada que le tape su tatuada calavera. Va de negro, con una camiseta punk, unos guantes negros con tachuelas y los pantalones apretados. “¡Ahora voy así!”, exclama.

Al terminar esta entrevista faltaban pocas horas para que Madrid fuera de nuevo confinada. El día anterior, Paco Clavel llenó la sala Maravillas con Samanta Hudson. Hoy, va a echar el rato –también fuera de casa– mientras en La2 ponen Las cosas del querer. No lleva problema, tiene varias mascarillas. De hecho, acaba de recoger una que le han customizado con dos cassettes. Otras, como la de las cremalleras, se las ha hecho él. Cualquier excusa es buena para hablar con él, pero esta vez es la reedición de Reina por un día (Epic, 1981), su primer disco, cuando se presentaba como Clavel i Jazmín con Luis del Campo (fallecido en enero de 2013). Entonces, Clavel era profesor de inglés y daba clases a Lucía Etxebarría. Se había dejado barba poblada, tenía el pelo alborotado y vestía de rosa y rojo pasión. Dice que ya no está “para muchas jotas”, pero aquí sigue bailando el twist del autobús. “Son malos tiempos para la lírica, pero siempre seré una persona positiva. Creo que de esto va a salir algo bueno”.

¿Quien vaya a ser reina por un día tiene que creer primero en la monarquía? ¿Qué es la monarquía?

Depende de lo que creas... Yo soy libertario, por supuesto. Todo lo que sea poder (el Estado, la regencia...), fuera. No necesitamos nada de eso. Cada uno tiene que ser el rey de su casa. O la reina.

Si Elvis es el rey, ¿quién sería la reina? La consorte. La que está al lado del rey, supongo. En femenino... Bueno, ahora pueden ser también dos “reinas” siendo chico. ¡Dos reinonas!

¿Quién era para ti la reina en 1981? Mari Sofi, la griega [risas].

Llevabas barba... Tenías unas pintas muy hippies. Lo que se llevaba en esa época. Ahora, visto a través del tiempo, es un poco rupturista la portada de Reina por un día. ¡Imagínate! Con un modelazo de Pepe Rubio que era rojo, de plasticazo...

¿Para estar en la crema había que ir a Madrid? Sí. Madrid siempre fue un epicentro, aunque sea un topicazo. En Madrid había mucho movimiento, aunque hubo una etapa de los setenta en la que el centro de todo era Barcelona: la gauche divine, [Jaume] Sisa, [José Pérez] Ocaña, Nazario [Luque]... Los primeros travestorros maravillosos... Fue justo a finales de los setenta y los ochenta cuando hubo una eclosión a todos los niveles. Siempre lo reducimos a la movida madrileña, pero yo creo que los barrios estaban muy vivos; se hacían muchísimas cosas de distintas historias. En Madrid, por ejemplo, era La Vía Láctea, El Sol... Nos movíamos en una especie de pandilla, pero yo luego vivía en mi barrio y allí también ocurrían cosas. Algo estaba ocurriendo porque, por supuesto, estaba cambiando España después de la dictadura.

¿Queríais sobresalir? No. Bueno, a mí me gustaba la música, pero he sido muy díscolo. Fue todo un poco espontáneo, no buscábamos Los 40 Principales; éramos outisders en ese sentido. ¡Sin pretenderlo! Estábamos ahí... Ahora, con la reedición de Reina por un día, veo que me sorprende ese disco, porque es un poco rompedor, aunque en aquel momento a lo mejor era algo divertido para hacer unas risas. Pero antes grabé el primer disco independiente de los años ochenta con La Vía Láctea [Bob Destiny & Clavel Y Jazmín].

Disco que se regaló. Sí. No se cobraba nada [risas]. Recuerdo que estábamos en un concierto en la sala El Sol y nos vio gente de la CBS. Hombre, también yo estaba muy ligado a gente entonces importante, como Juan de Pablos, Gonzalo Garrido... Toda la basca de Radio España que había ahí, que era muy interesante en un mundo mutante.

Jeanine Deckers (la monja cantante Sœur Sourire), cuando publicó su primer disco, escribió en su diario –fechado en la Pascua de 1962– que el éxito le desconcertaba y que no valía hacer tanto ruido “por unas cancioncillas”. No obstante, continuaba, se alegraba por el mensaje que ese acontecimiento podía estar dándole al mundo: “Las religiosas no son retrógradas, editan también discos”. Sœur Sourire era un personaje muy atípico dentro de la Iglesia Católica. También vino el II Concilio Vaticano –en 1962– y abrió las puertas. Se cantaba, se tocaba la guitarra... Como la Misa Castellana. Fue una época muy divertida, un poco “opusina”. Creo, fíjate, que esta mujer [Sœur Sourire] llevaba razón, pero acabó suicidándose. Yo no quería ser nada, pero he sido un poco libertario, ácrata, e iba a mi bola. Pero ahora sí creo que rompimos el pastel, porque estaba todo aquello de color gris marengo.

Si en España estaba todo de color gris marengo, ¿la paleta de colores estaba entonces por inventar? Sí, claro. Nuestros padres habían vivido la Guerra Civil, la posguerra... y lo que conllevó una dictadura férrea. España, como todos los países, tiene peculiaridades y es muy especial. Tenemos tal mix de culturas que de repente somos súper locos, totalmente ascéticos, abúlicos, perezosos o nos da por descubrir las Américas. Somos muy especiales en nuestra forma de llevar la vida.

¿Cuál es tu color especial? Bueno, yo tengo un tricolor. Pero voy a decir que rojo y negro.

Rojo, como la chaqueta roja de lentejuelas de Tino Casal. Sí. Hicimos una transacción Tino Casal y yo.

¿Qué tipo de transacción? Pues nada. La lentejuela estaba muy cara y solamente se comían lentejas [risas]. La vi, le dije a Tino que me encantaba, e hicimos un cambio. Yo tenía mucho contacto con Casal, porque él, a su vez, era íntimo amigo de Pepe Rubio, el diseñador. Ahí coincidíamos. Esa chaqueta es mítica, porque salió en el Festival de Benidorm de 1978 con esa canción maravillosa que era Emborráchate.

Teníais un proyecto en común: Alicantina la Cantina. Sí, con Fabio McNamara, pero Tino tuvo el accidente mortal y se fue todo al garete. En la última etapa, Tino estaba muy abierto, era muy divertido, y éramos una pandilla un poco gamberra (en el buen sentido). Estaba la mítica galería Tate-Tate con Tino, Fabio, Eva Liberten, otro que tenía la cabeza muy gorda y le llamábamos Melonín en vez de Melón... Un divertimento con gente con mucho talento que tenía cosas que decir, no solamente jijijí y jajajá. Yo me lo he currado como mucha más gente, pero siempre me ha gustado, en el buen sentido de la palabra, ser serie B. La A me ha producido vértigo, ¿sabes? Ser Julio Iglesias, ¿te imaginas? O ser Camilo Sesto.

¿Serías Camilo o Julio? Hombre, me gusta más Camilo. El otro es más light, ¿no? Camilo tiene más fuerza. Pero soy más fan de las chicas.

¿Por ejemplo? Grupos yeyés en español donde cantan las chicas.

¿Marisol sería yeyé? Marisol es un mito. Pero me gustan más las que no han sido Marisol. O Rocío Dúrcal... No se ha hablado de Luisita Tenor, que ha muerto hace muy poco. Ella era una chica yeyé. Lita Torelló, que además es amiga mía; Alma María Vaesken de Los 3 Sudamericanos; Las Chic, que es un grupo de tres chicas; Las Monjitas del Jeep, que eran maravillosas, ¡por Dios!... Creo que a esa gente no se la ha valorado y no está en su sitio. Lulu, Zouzou, Dusty Springfield... Pero la gente aquí no conoce a Luisita Tenor, por ejemplo, y tiene su discografía y tuvo su punto.

¿De qué grupo te consideras fan? A mí me gusta toda clase de música, incluso la música clásica. Depende. Pero estoy muy enganchado a mis maravillosas amigas íntimas Gloria van Aerssen y Mari Carmen Santonja (Vainica Doble). Hace 20 años que desapareció Mari Carmen y pretendemos hacer una especie de mini exposición dedicada a Vainica Doble.

¿La Vía Láctea era serie B, underground? No, no era underground. Era un sitio de moda. Los Costus (Enrique Naya y Juan Carrero) hicieron todas esas maravillas con las puertas de esas del Oeste con la Macarena y el Cristo del Sagrado Corazón afeitándose. Sobretodo, la gente de la música se unió allí, aunque luego se iba de un sitio a otro, que es lo que conlleva salir por la noche.

¿Tan de moda que se apuntaban los futbolistas de la época? Sí. Siempre caía alguien. Era un sitio muy abierto y de moda para la época de los 80. Yo he visto por allí a gente como Lindsay Kemp, que lanzó a David Bowie. Iba mucho por La Vía Láctea. Tenía un espectáculo que se llamaba Flowers. Entonces la gente no iba de famosa. Estaba el punto de los famosos (Camilo Sesto, Karina...), Los 40 Principales, pero era otro mundo. Luego, hubo un movimiento en los años 80 donde emergieron grupos como los Zombis, Bernardo Bonezzi, Carlos Berlanga, Nacho Canut, Alaska... Pero es que yo creo que ir de moderno es lo más antiguo que hay.

¿Por qué? Porque me parece una horterada. Yo he ido a mi bola. El cutreLux... ¡Fíjate! No he entrado en el rollo de ir de divina.

Podrías, si quisieras. Es que soy divina, pero a veces humana.

La Vía Láctea cerró el 19 de agosto y no saben cuándo volverán a abrir. ¿Cómo estás llevando todo esto? Es la comidilla de la corte. Bueno, mientras que no nos cierren nuestra casa para que no podamos entrar... Pero siempre hay una ventana y un balcón para cantar una copla.

¿Qué te parece la propuesta del Gobierno de cerrar los puticlubs? Mira, el rollo del marichichi no tiene enmienda. Si no es un puticlub será todavía mucho peor, o una casa de citas de toda la vida. Habrá encuentros. Mientras que el body esté activo, funcione el coco y lo demás, la gente tendrá que hacer el guarripop. Digo yo.

La jodienda no tiene enmienda. Eso es. El pueblo es sabio.

¿Un beso es a veces más hermoso que follar? Yo lo prefiero. O una conversación agradable. Es que “lo otro” ya sabes lo que es y sabemos cómo acaba. Aunque suene un poco Mari Ñoñi, siempre he preferido las miradas, elucubrar... Y para “lo otro” además tienes que tener un cuerpo de jota.

¿Qué jotas bailas tú? La manchega o la andaluza. La jota hay que bailarla bien. Pero yo ya prefiero las miradas, el divertimento, un juego de palabras y, hombre, también algún pellizco, ¿no? Me gustan más los besos, pero los fraternales.

¿Cómo es un beso fraternal? Pues “push-push”. En la boca no si no te has lavado los piños.

¿Qué te queda por decirle al mundo? Espera que se me ocurra algo de verdad... Que las puertas no estén cerradas. Abramos las ventanas y los balcones a la vida, que es primavera. Esto se acabará o no se acabará, pero estamos aquí todavía y tenemos que abrirnos.

¡Qué remedio! Y si te abres de piernas, mucho mejor.

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