El ducado de Lancaster: el otro reino de Carlos III con castillos, tierras, canteras y un hotel de lujo

Tras la muerte de Isabel II, el nuevo rey acaba de heredar un arcaico entramado de empresas que aglutina la fortuna privada de los Windsor con activos por valor de unos 730 millones de euros y grandes privilegios fiscales. Los británicos se preguntan si no debería pagar el impuesto de sucesiones

El rey Carlos III con el maletín rojo donde se guardan los papeles del gobierno, en su despacho en el palacio de Buckingham en una imagen difundida este 23 de septiembre de 2022.
El rey Carlos III con el maletín rojo donde se guardan los papeles del gobierno, en su despacho en el palacio de Buckingham en una imagen difundida este 23 de septiembre de 2022.POOL (REUTERS)

Jorge VI fue el primero en referirse a la Casa de Windsor como The Firm (la empresa). La periodista y escritora Penny Junor y el historiador Ed Owens son algunos de los expertos en realeza que aseguran que el padre de Isabel II acuñó el término cuando era solo un estudiante en Cambridge. Al parecer, el director de la universidad pilló al entonces príncipe fumando y le exigió ejemplaridad. “Eres miembro de la familia real”, le habría recriminado, a lo que el futuro rey respondió: “No somos una familia, somos una firma”. El monarca, un fumador empedernido que moriría el 6 de febrero de 1952 a causa de un cáncer de pulmón, no se equivocaba. Los Windsor son dueños de uno los holdings más antiguos del mundo, un grupo empresarial arcaico y arcano que se trasmite de monarca a monarca y cuya cartera de inversiones se puede rastrear hasta la Edad Media.

Enrique IV creó este primitivo conglomerado en 1399 bajo el nombre de ducado de Lancaster a modo de seguro para sus sucesores. Desde entonces, los reyes del Reino Unido pueden perder su corona, pero no su fortuna. Ahora, Carlos III tiene que hacerse cargo de este entramado societario y de las críticas y conjeturas que lo rodean. ¿Debería pagar el impuesto de sucesiones? ¿Cómo repartirá los suculentos dividendos entre sus familiares?

El ducado de Lancaster aglutina desde hace seis siglos el patrimonio privado de los reyes británicos. Su principal finalidad es proveer a los monarcas de una fuente de ingresos independiente de la subvención soberana, la partida presupuestaria que les proporciona el Estado por sus deberes oficiales. En el opaco mundo de las finanzas reales de los Windsor, la línea divisoria entre los activos públicos y privados es borrosa. Desde el cuartel general del holding, un edificio de dimensiones ministeriales ubicado en la zona londinense de Westminster, se administran tierras y propiedades totalmente separadas de los activos de la Corona. En total, casi 19.000 hectáreas repartidas en granjas y explotaciones agrícolas, canteras y minas de piedra arenisca, caliza y yeso para la construcción, castillos, desarrollos urbanísticos y residenciales y locales comerciales a lo largo y a lo ancho de Inglaterra y Gales.

Según datos publicados por el propio ducado en marzo de este año, el grupo controla actualmente activos por valor de 652 millones de libras (unos 730 millones de euros) y ha generado en el último año beneficios netos de 24 millones de libras (27 millones de euros). Según esos informes, la cartera comercial e inmobiliaria de los Windsor genera el 63% de los ingresos del ducado de Lancaster. Las explotaciones agrícolas solo aportan un 20% de los beneficios. Una de las joyas de la corona de este entramado es el solar donde se levanta el icónico hotel Savoy, uno de los alojamientos más lujosos de Londres, a pocos metros de las oficinas donde La Firma administra su fortuna. El alquiler de este emblema de la hostelería británica proporciona enormes ganancias a la familia real, que también es dueña de otros edificios históricos en esa elegante zona de la capital.

El lujoso hotel Savoy, en Londres, ubicado en un solar propiedad del ducado de Lancaster.
El lujoso hotel Savoy, en Londres, ubicado en un solar propiedad del ducado de Lancaster.Peter Macdiarmid (Getty Images)

Así que Carlos III no solo ha heredado de su madre una monarquía que goza de cierta popularidad, sino también un reino financiero que ha prosperado de manera espectacular en los últimos 70 años. Cuando la reina de Inglaterra heredó el ducado de Lancaster, tras la muerte de su padre en 1952, este generaba un superávit anual de 100.000 libras. Medio siglo después, en el año 2000, la cifra ascendía a casi siete millones de euros, y en el último ejercicio, a 27 millones. Los reyes no tienen derecho a tocar el capital del conglomerado, pero las rentas van a parar directamente a sus bolsillos.

El ducado de Lancaster no está sujeto al impuesto de sociedades ni al de sucesiones, aunque en 1993 Isabel II decidió empezar a pagar voluntariamente el gravamen sobre la renta, abonando al Tesoro británico un 40% de sus ingresos privados, sin importar su procedencia. Según una encuesta realizada por YouGov, entre el 15 y el 16 de septiembre de este año, el 63% de los británicos cree que el nuevo monarca debería pagar el impuesto sobre la herencia. Solo el 16% de los encuestados consideraba que no tiene que tributar por el inmenso patrimonio privado que acaba de recibir de su madre.

La Firma de los Windsor es como una criatura camaleónica que cambia de forma y color. A veces funciona como una entidad financiera privada, otras, como una institución pública. En algunos momentos opera como un fideicomiso familiar, en otros, como un negocio comercial. Y siempre fuera del radar del riguroso escrutinio parlamentario. Si el ducado de Lancaster fuera totalmente privado, entonces, como cualquier otro bien personal, escaparía de la vigilancia del Parlamento. Pero si fuera completamente público, entonces, como propiedad estatal, estaría exento de impuestos. La familia real se beneficia de lo mejor de ambos mundos.

Los reyes tienen derecho a gastar todo este dinero como deseen. Isabel II lo empleaba para mantener sus residencias privadas —Sandringham, el castillo de Balmoral—, sus caballos de carreras y los gastos personales de sus hijos y otros parientes. Según la prensa británica, la reina proporcionó a su hijo el príncipe Andrés, duque de York, una suma millonaria para que este pudiera pagar su defensa legal en el caso Epstein y el acuerdo al que llegó con Virginia Giuffre para librarse de un juicio por abusos sexuales. “Tiempos de incertidumbre para Andrés ahora que el rey Carlos ha tomado el control de los vastos ingresos del ducado de Lancaster”, informaba hace unos días el Daily Mail. “Independientemente de lo que Carlos decida sobre el futuro estatus de su hermano, es probable que sea menos generoso que su madre”, apuntaba el tabloide británico. Los reyes británicos pueden perder su corona, pero no su fortuna. Los familiares del soberano no gozan del mismo privilegio.

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