El suelo, con un motivo que recuerda a los cuadros escoceses, es una de las señas de identidad del castillo. A mediados del siglo XIX, cuando se construyó, en Inglaterra había una auténtica fiebre romántica por lo novelesco y lo histórico, y los 'best sellers' de la época eran las novelas de tema escocés de Walter Scott, como 'Ivanhoe' (1820). Los tejidos de cuadros escoceses, gracias en parte a su fácil producción industrial, se convirtieron en habituales para vestir y también para decorar. El príncipe Alberto, encargado de muchas de las decisiones de interiorismo, quiso que Balmoral estuviese lleno de detalles típicamente escoceses. Hay crónicas de la época que mencionan que su estudio personal tenía cuadros escoceses hasta en la moqueta. Se sabe que el estudio que utilizó la reina Isabel II, al menos durante los años setenta, tenía una moqueta similar. Esta imagen es de 1972.
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Balmoral: el interior del lugar donde Isabel II ha pasado sus últimos días, al detalle

La residencia escocesa fue el verdadero hogar de la Reina de Inglaterra. En este castillo diseñado en 1852 por el arquitecto William Smith se sentía libre, paseaba con sus perros, hacía pícnics y disfrutaba de la naturaleza