Antonio Banderas desafía a la superstición en la 13ª gala de Starlite entre ministras, toreros cantantes y estrellas de Netflix

Richard Gere, Ana Obregón, William Levy, Andrea Bocelli o Victoria Federica Marichalar fueron los protagonistas de las cuatro horas de la fiesta marbellí solidaria que organizan el actor y la filántropa Sandra García-Sanjuán

El actor Antonio Banderas firma el Ford Mustang Mach-E a su llegada a la gala benéfica de Starlite, el 14 de agosto en la cantera de Nagüeles de Marbella (Málaga).
El actor Antonio Banderas firma el Ford Mustang Mach-E a su llegada a la gala benéfica de Starlite, el 14 de agosto en la cantera de Nagüeles de Marbella (Málaga).Daniel Pérez (EFE)

No, no era la 12 más uno. No había miedo ninguno a la superstición y Antonio Banderas lo dijo claramente: la gala de Starlite que celebró la noche del domingo era, con todas las letras, la número 13 de las que organiza junto a la empresaria y filántropa Sandra García-Sanjuán. El propio actor de 62 años —recién cumplidos, el día 10— recordaba su primera actuación, hace cerca de cuatro décadas, en el teatro María Guerrero de Madrid, cuando llevó una camisa amarilla que le otorgó tremenda suerte: fue en aquella representación cuando Pedro Almodóvar puso el ojo en aquel saleroso malagueño y su vida, como una moneda al aire, se torció, y para bien, y para siempre. Y de aquella camisa amarilla a una carrera internacional que le ha hecho volver a recalar en su Málaga amada, a apostar por ella en lo cultural, lo empresarial y lo solidario. Y que le ha hecho convertirse en un personaje querido en su tierra natal y en España. Pero con calma. Él, ahora, todo con calma. “Las cosas tienen tendencia a cambiar a muchísima velocidad. Prefiero ser cauto con esos amores recíprocos“, reflexionaba. “Vivimos en un mundo donde cualquier error, cualquier mentira que te lancen, es difícil de parar. Prefiero estar en un segundo o tercer plano, se vive mejor; en primera línea es más complicado y más peligroso”, contaba Banderas a los medios horas antes de la gala.

Pero Banderas no puede negar estar perfectamente ubicado en esa primera línea social y mediática, sobre todo con esta cita que desde hace una década larga celebra con Sanjuán. Son un tándem imbatible de contactos, ideas y recaudación de fondos para sus respectivas fundaciones, Lágrimas y Favores (que toma el nombre de la cofradía del actor y que otorga becas para estudios universitarios en EE UU y Canadá, y colabora con Cáritas y con las fundaciones Cudeca, que favorece los cuidados paliativos en enfermos; y Corinto, con un economato social que ayuda a más de mil familias en la ciudad andaluza); y Niños en Alegría, con la que Sanjuán lleva ya 26 escuelas abiertas en América Latina. Lo han logrado en parte gracias a lo recaudado en estas fiestas: más de tres millones de euros a lo largo de los años.

Actor y empresaria unen fuerzas: las del festival Starlite (que da conciertos de junio a septiembre en Marbella), las de traer a rostros conocidos y la de convocar a poderosos patrocinadores, como Porcelanosa, Catalana Occidente o Ford. De hecho, clásica ya es la foto en la que, año tras año, Banderas firma un coche de la marca estadounidense, este año toda una primicia: llegó conduciendo una pick up que había usado un par de meses antes el mismísimo Joe Biden, la F150 (el coche más vendido en EE UU, según la marca), que se dejaba ver por primera vez en Europa en versión eléctrica. Y también firmó un Mustang eléctrico, el Mach-E. En color amarillo. Sin supersticiones.

Banderas y Sanjuán, como cada año, fueron los primeros en llegar a la antigua cantera de Nagüeles. Tras ellos, una ristra de famosos que acuden para recibir premios solidarios, y también de empresarios, industriales, habituales de Marbella y clásicos de la noche que pagan los alrededor de 1.000 euros el cubierto para pujar en su subasta solidaria. En ella se venden besos de Banderas, cuadros, esculturas, viajes, joyas, y toda la parafernalia que sirva para recaudar, para sumar en las cuentas solidarias, en una subasta a viva voz que alargó la gala hasta las cuatro horas de duración.

Como esa ciudad, como esta fiesta, la alfombra roja fue ecléctica. Sirva de ejemplo que en ella se vio desde a Gunilla von Bismarck hasta a Victoria Federica de Marichalar, unidas por una fina línea. Si la reina de la noche de Marbella inauguró el photocall, la nieta de los reyes eméritos lo cerró... portando exactamente el mismo vestido que la alemana (cosa que no le hizo demasiada gracia a la joven influencer, y de lo que Von Bismarck pareció ni enterarse). Cantantes como Andrea Bocelli y Ainhoa Arteta, actores como Santiago Segura y Vanesa Romero, modelos como Carla Pereyra y diseñadoras como Ágatha Ruiz de la Prada posaron ante los más de 100 medios acreditados. Los actores cubano William Levy (Café con aroma de mujer) y mexicano Diego Boneta (de Luis Miguel: la serie) provocaron grititos de emoción y precipitados selfis a su paso, con la expectación puesta en el matrimonio formado por Richard Gere y Alejandra Silva y en la actriz Ana Obregón. Incluso la ministra de Turismo, Reyes Maroto, repitió en la fiesta, tras aparecer el año pasado por allí. “La gala es muy importante, y también el festival, como producto turístico. Fueron valientes y decidieron abrir, queremos darles un respaldo”, explicaba a EL PAÍS, dando cuenta de un estudio en el que se conoce que el festival “ha contribuido con 1.340 millones de euros a la economía española”: “Es apoyar la Marca España”. Destacada entre las más elegantes, también hizo marca con su ropa, apostando por un vestido verde de Pedro del Hierro.

Las actuaciones de Andrea Bocelli, Diego Torres o el pianista Chucho Valdés (con quien se subió al escenario Boneta para interpretar Por debajo de la mesa, de su alter ego Luis Miguel, levantando un vendaval de suspiros) animaron a los 400 presentes, que cerraron la fiesta con la banda Una... y nos vamos, del torero reconvertido en guitarrista y cantante Francisco Rivera. Antes, hubo dos momentos de emoción. Primero, el de Richard Gere, que se mantuvo en un discretísimo segundo plano, explicando que solo acudía como “un marido orgulloso”, puesto que el premio lo recibía Alejandra Silva, su esposa (por su implicación en Open Arms y en la fundación Hogar Sí, que busca acabar con el sinhogarismo). “Conocer a Alejandra fue el mejor momento de mi vida”, se declaraba orgulloso Gere. “Mi mujer quiere eliminar el dolor de ahí fuera y hacerlo ya, ahora mismo. A veces es pesadísima”, reía, “pero es alguien de quien estoy extraordinariamente orgulloso”.

La organizadora de Starlite, Sandra García Sanjuán, el actor Antonio Banderas, su pareja Nicole Kimpel y la presentadora María Casado, en la gala benéfica de Starlite, que se celebró el 14 de agosto de 2022 en la cantera de Nagüeles de Marbella (Málaga).
La organizadora de Starlite, Sandra García Sanjuán, el actor Antonio Banderas, su pareja Nicole Kimpel y la presentadora María Casado, en la gala benéfica de Starlite, que se celebró el 14 de agosto de 2022 en la cantera de Nagüeles de Marbella (Málaga). Daniel Pérez (EFE)

El segundo momento, con muchos aplausos y pocos ojos secos, fue para Ana Obregón, premiada por su labor solidaria. Ya ha creado una fundación en nombre de su hijo, el fallecido Álex Lequio, que se pondrá en marcha en septiembre, y no pudo evitar las lágrimas al recordarle.”No sé por qué me premiáis”, decía, con su clásica y sincera ingenuidad. “El premio más grande de mi vida es ayudar a los demás a través de la fundación de mi hijo investigando el cáncer infantil y juvenil. Era su deseo y yo he tomado su legado. Cada día mueren 300 personas de cáncer y 80 son niños. Pido siempre financiación al Gobierno, no me hacen ni caso y quiero aportar mi granito de arena”, afirmaba, para después emocionarse hasta perder la voz: “Este premio no es mío. Este premio es de mi hijo. Me ha enseñado a ser mejor persona. A tener otros valores, a ayudar, a la solidaridad”.

Un plantel de famosos mezclados en un mismo espacio con diversos personajes pudientes que no dudaron en pagar 6.000, 10.000 y hasta 12.000 euros por un beso con Levy (ya que tres personas pujaron con interés, el actor dio tres castos besos y abrazos a las pagadoras), por ejemplo. Si alguien puede lograr algo así es Banderas, que tira de su labia, su sinceridad y sus anécdotas para convocar año tras año a prensa y amigos. Sabe cómo dar algo a todos: prensa del corazón, cultural, local, todo al que llama. Lo mismo cuenta que no le pesa la edad (“Me da cierta tranquilidad y una claridad de ideas”) como que ha estado encantado de trabajar durante cuatro meses con su hija, Stella del Carmen, en Málaga, de quien dice que tiene buen ojo para el mundillo. O que tiene un proyecto de 8.000 metros cuadrados (también en Málaga) que está ansioso por empezar a desarrollar para nuevas producciones. O que renovarán el programa Las tres puertas (que él produce y que presenta María Casado, también presente en la gala), pero que se trasladará a La2, “su espacio natural”. O que sabe zafarse ante la cuestión de si es monárquico: “Yo soy un demócrata. Mi partido político es la democracia”. Trazaba un escueto y acertado perfil de él Sandra García Sanjuán: “Antonio es una persona que hace que pasen cosas increíbles a su alrededor. Todo el festival comenzó gracias a una gala benéfica y al apoyo de Antonio”. ”Después me retiré del festival y fue un error”, reía luego Banderas sobre su mal ojo económico en ese aspecto.

También reconocía Banderas que lo recaudado por sus fundaciones, como por sus proyectos empresariales, ha disminuido por la pandemia; de hecho, la fundación llegó a quedarse apenas con el 25% de lo que antes ingresaba. Ahora trata de recuperarlo, pero con calma: “Para hacer dinero hago películas, a Málaga vengo a gastármelo. La gente vive como si no se fuera a morir, y yo quiero tener un sitio donde disfrutar de mi vocación como actor”, reconocía. “Mis empresas no están creadas para generar fondos, pero sí en dar trabajo. Son empresas sin ánimo de lucro; solo vamos a tratar de perder menos. Es la única arma para competir en un espacio muy complicado”, reflexionaba el intérprete ante la prensa en una larga y tranquila charla, generoso con su tiempo. “Es que yo tengo una tendencia enorme a la homilía”, bromeaba luego sobre el escenario de la gala acerca de sus largos discursos. “Es mejor que me salga del púlpito y que me vaya a tomarme un copazo, que es lo que mola”. Y allí que fue, a charlar con su gente, como lleva haciendo ya 13 años y como pretende continuar haciendo durante muchos, muchos años.

Sobre la firma

María Porcel

Licenciada en Periodismo y Comunicación Audiovisual, es Máster de la Escuela de Periodismo UAM-El País, lleva más de una década vinculada a EL PAÍS. Ha pasado por Cadena Ser, SModa y El HuffPost, donde implementó la estrategia de Redes Sociales y trabajó en la sección de Tendencias. También ha escrito para Vanidad, Business Insider o Marie Claire.

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