Fran Perea: “Escuchaba ‘Uno más uno son siete’ y casi me salía urticaria”

El actor, conocido por la serie ‘Los Serrano’, debutó en el cine cuando apenas tenía unos meses en la película ‘Cuba’, protagonizada por Sean Connery

Fran Perea, en la cafetería Abonavida de Madrid, el 26 de mayo.
Fran Perea, en la cafetería Abonavida de Madrid, el 26 de mayo.Luis Sevillano

Fran Perea (Málaga, 42 años) llegó el pasado miércoles a una cafetería del centro de Madrid cargado con un casco de moto y sonriendo. Su presencia capta la atención de los clientes. Con curiosidad, toca unos segundos una guitarra que hay en el local y bromea durante la sesión de fotos: “Así parezco un niño en la primera comunión”, dice cuando se agarra las manos por delante tratando de averiguar cuál es la mejor pose. En definitiva, una actitud sencilla y alegre que se ha podido ver en la segunda temporada de El vecino, serie de Netflix en la que se interpreta a sí mismo. Eso sí, a modo de caricatura, tal y como insiste al principio de la conversación.

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En cada escena demuestra la capacidad que tiene de reírse de sí mismo, dando vida a un personaje anclado en el éxito de Los Serrano, serie que en la realidad le catapultó a la fama. Todo es una parodia: ni tiene de sintonía en el móvil la melodía de aquella icónica producción — “creo que la única canción que he tenido de tono ha sido Hotel California. Una mía ni se me ocurriría”— ni es tan engreído como se muestra en la trama protagonizada por Quim Gutiérrez. Aunque reconoce que en su profesión es habitual ser algo vanidoso: “A veces los actores y las actrices pecamos de tener un ego un poco elevado porque muchas veces en los rodajes nos tienen entre algodones”. Perea sabe bien de lo que habla porque disfrutó de ese trato de favor durante aquel tiempo que se puso en la piel de Marcos Serrano, ejerciendo de hijo de Antonio Resines e hijastro de Belén Rueda en la ficción.

Aquel éxito de Telecinco duró cinco años, de 2003 a 2008, pero Perea decidió abandonar el proyecto a los tres. La incongruencia del personaje —pues el actor crecía mientras que Marcos permanecía en la adolescencia—, el sentirse en medio de muchas personas que tomaban decisiones por él y la dificultad de gestionar la fama siendo un veinteañero fueron los desencadenantes para marcharse. “Escuchaba Uno más uno son siete y casi me salía urticaria porque estaba saturado”, menciona de aquel momento en el que también quería embarcarse en nuevos proyectos de cine y retomar el teatro. Entonces llegaron películas como Los mánagers (2006) y Las 13 rosas (2007) y una intensa carrera sobre los escenarios. Pese a aquello, asegura que nunca ha renegado de sus orígenes en la televisión: “Pude participar en una serie que marcó generacionalmente a un país y, ostras, es una suerte. No a todo el mundo le pasa eso”. De hecho, gracias a Los Serrano le conocen en otros países europeos y actualmente es el protagonista de Kosta (The Paradise), una coproducción entre España y Finlandia.

Fran Perea, en el interior de la cafetería Abonavida, en el centro de Madrid.
Fran Perea, en el interior de la cafetería Abonavida, en el centro de Madrid. Luis Sevillano

Con el paso de los años, además de músico y actor, ha desarrollado una faceta empresarial. “Es muy peligroso tener la sensación de que tu trabajo depende de una persona siempre. Entonces, si puedo crear un tejido sobre el que generar mi propio trabajo, pues mejor”, explica. La compañía de teatro Feelgood, el sello discográfico Sinfonía en Nobemol, los Teatros Luchana y las experiencias culturales de Ymás conforman esa vertiente emprendedora que le convierte en un valedor de la cultura. Sin embargo, no ha sido fácil proseguir con dichos negocios durante la pandemia: “He tenido la suerte de que todas mis empresas se mantienen después de este palo, unas mejor que otras, pero ahí van todas. En los tiempos de encierro en Luchana estuvimos al borde de cerrar. También es verdad que ha habido ayudas del Gobierno que nos han permitido seguir abiertos”.

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Ahora se encuentra inmerso en la gira de Canciones para salvarme, su último trabajo musical en el que rinde homenaje a compositores que le han marcado tanto a él como a la cultura española: Sabina, Rozalén, Marwán, Jorge Drexler, Serrat, Rosana, Bebe y así un sinfín de autores “y los que vendrán”, tal como dice al término de su canción. A muchos los conoce e incluso ha trabajado con ellos, como fue el caso de Pau Donés, quien escribió Nada para el primer disco de Perea. Hablando en presente recuerda a su amigo y compañero, que falleció hace un año a causa del cáncer de colon que padecía desde 2015: “Pau es un tío de esos que tienes la suerte de conocer, es de esa gente generosa, de esas personas que te enseñan cosas”. Una de esas enseñanzas del líder de Jarabe de Palo que rememora Perea asiduamente es que los pequeños momentos son los que merecen la pena.

Pero la canción que el artista considera como su salvadora es Lazos, de Pedro Guerra. Un tema que le transporta a sus primeros años en Madrid, ciudad a la que se mudó para probar suerte tras estudiar Arte Dramático en Málaga. Así consiguió sus primeros papeles en Al salir de clase y El comisario. Lo que pocos saben es que Perea debutó como actor con apenas unos meses de vida, aunque él le quite importancia al decir que simplemente se trata de una anécdota. Su padre se presentó para ser extra en la película Cuba, protagonizada por Sean Connery. “Alguien dijo: ‘Necesitamos un bebé’. Y mi padre contestó: ‘Pues yo tengo uno”, relata entre risas el intérprete, que añade en referencia a la escena en la que aparece: “Fue gracioso porque me bautizan, entonces es como un bautismo de cine”.

Sus padres, Amparo y José Joaquín, nada tienen que ver con la profesión de Perea, pero le inculcaron desde muy pequeño el gusto por la música y el teatro. Ajenos a la popularidad de su hijo, se han visto varias veces perjudicados por ella. Por ejemplo cuando el actor decidió sumarse en 2008 a la Plataforma de Apoyo a Zapatero junto a otros artistas. “Hubo ayuntamientos que no me querían contratar. A mis padres les afectó laboralmente también. Hicieron una campaña de desprestigio fuerte que sigue a día de hoy”, comenta el actor, que afirma que le salió “carísimo” el apoyar a un político: “Pensaba que este país era más tolerante en ese sentido. Me equivoqué y es de ese tipo de cosas que no volveré a hacer”.

Aprendida la lección, sus opiniones políticas solo las comparte con sus allegados. Sus redes sociales se centran en promocionar los diferentes proyectos en los que se involucra y, sobre todo, en defender el sector cultural. “Doy muy poco mi opinión en redes. Decidí que no era mi guerra”, concluye.

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