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Carlota Casiraghi: otra manera de ser princesa, ahora cantante

Escritora, licenciada en filosofía y conferenciante, la hija de Carolina de Mónaco interpreta un tema por sorpresa en un desfile de Chanel, distanciándose de nuevo de los clichés palaciegos

Carlota Casiraghi, en el Festival de Cannes de 2018.
Carlota Casiraghi, en el Festival de Cannes de 2018.

Hace un par de años Carlota Casiraghi sorprendía al mundo publicando un libro de filosofía. Pocos sabían del interés de la hija de Carolina de Mónaco por esta materia y menos aún por convertirse en escritora. Hasta ese momento todo se limitaba a una licenciatura en Filosofía por la Universidad de París, pero el pensador Robert Maggiori, uno de sus profesores y mentores al que conoció en terminale, el último curso de bachillerato en el Liceo de Fontainebleau, despertó su vocación y decidió publicar junto a él Archipel des passions (Archipiélago de las pasiones). Tras este primer paso, Carlota inició una serie de conferencias que le han llevado por Europa y donde ha coincidido con importantes intelectuales. Por su fuera poco, además, se embarcó en otro proyecto, los Encuentros filosóficos de Mónaco, que durante todo el año organizan talleres y, cada junio, un pequeño Davos del pensamiento. El coloquio congrega a mentes brillantes del momento y premia al mejor libro filosófico del año. Y ahora, en otra vuelta de tuerca, Carlota Casiraghi se ha mostrado como cantante. Lo ha hecho al final del desfile Crucero 2021-2022 de Chanel, firma de la que es imagen donde, interpretó un tema junto al músico y compositor francés Sébastien Tellier.

Carlota, de 34 años, está clasificada como princesa en la prensa social, título que realmente no le corresponde, aunque se la trata como tal por ser miembro de la familia Grimaldi e hija de la princesa de Hannover y de Mónaco. Pero ella ha dejado claro desde hace mucho tiempo que su vida no está sujeta a normas palaciegas. Eso sí, se beneficia de su condición para desarrollar tareas que le interesan. Ser la nueva embajadora de Chanel es para ella tan natural como para cualquier otro emprender el camino al trabajo cada día. La marca y su más famoso creador, el desaparecido Karl Lagerfeld, han formado parte de su vida desde niña gracias a la estrecha relación que unía al creador de origen alemán con su madre, la princesa Carolina de Mónaco. Ejercer este cargo le permite obtener importantes ingresos y disfrutar de su pasión por la literatura y la filosofía. Por eso hace unas semanas se estrenó organizando y presentando unos encuentros destinados a fusionar la moda con la cultura y el arte en los que también participó su madre.

Carlota Casiraghi ha explicado cómo despertó esta vocación en ella. “No ocurrió de un día para otro. Son muchas las cosas que me llevaron a apasionarme. De alguna manera siempre tuve la sensación de afrontar la gran fragilidad existencial que todos afrontamos”, explicó a EL PAÍS en junio de 2017. Casiraghi declaró que se considera privilegiada por haber crecido rodeada de libros y cultura. “Leí mucha poesía. Baudelaire y Rimbaud, que me acompañaron. Pero, una vez ahí, ¿qué haces? Es entonces cuando la filosofía nos ayuda a lidiar con esta intensidad de la vida y esta sensación de fragilidad. Y el encuentro con Robert me animó enormemente para continuar los estudios de Filosofía”.

Paralelamente a cómo su vida intelectual ha ido creciendo, ha disminuido su presencia en la vida social. Carlota Casiraghi ocupa portadas desde que nació hace 34 años. Su popularidad es internacional y uno de los reclamos del Principado. Pero a ella ese papel le incomoda hace tiempo. Incluso en una ocasión, cuando comenzó su relación con el actor Gad Elmaleh, denunció ante los tribunales el acoso de la prensa y pidió una orden de alejamiento; llegó a comparar su situación con la vivida por la fallecida Diana de Gales. Cuando comenzó a salir con su esposo, Dimitri Rassam, tomó todas las precauciones para blindar su vida y fueron tantas que incluso se llegó a publicar que habían roto. El 29 de junio se cumplen dos años de su matrimonio religioso, celebrado en la abadía de Sainte-Marie de Pierredon, en Saint-Rémy-de-Provence. Un mes antes la pareja se casaba por lo civil en una ceremonia totalmente privada. Como es habitual en todo lo relacionado con la nieta de Grace Kelly, hubo mucho secretismo en torno a la boda, hasta el punto de que no se supo la fecha hasta que el Palacio de Mónaco hizo públicas dos fotografías oficiales.

Junto a Dimitri Rassam ha logrado tener una vida más alejada de los focos. Las fotos que se tienen de ella ahora tienen que ver con sus visitas al parque con su marido e hijos, que a grandes fiestas como ocurría antes. A Mónaco va pero cada vez se asoma menos al balcón. Solo mantiene sus comparecencias ligadas a la marca de la que es imagen por los beneficios económicos que le reporta aunque para que estas no distorsionen lo que pretende que sea su nueva imagen las rodea de intelectualidad y ahora también de música.

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