El giro de guion en la vida de María Valverde

La actriz, instalada en Los Ángeles junto a su esposo, el director de orquesta Gustavo Dudamel, dedica gran parte de su tiempo a la búsqueda de nuevos talentos y a su compromiso solidario y político

La actriz María Valverde y el director de orquesta Gustavo Dudamel, en Los Ángeles en 2017.
La actriz María Valverde y el director de orquesta Gustavo Dudamel, en Los Ángeles en 2017.Richard Shotwell / GTRES

Con apenas 16 años se consagró como una de las intérpretes más reputadas del panorama español gracias a su papel en La flaqueza del Bolchevique, película que le valió un Goya como mejor actriz revelación. Tras el galardón de la Academia del cine español, continuó conquistando al público adolescente con su papel de Babi en Tres metros sobre el cielo, filme basado en el libro homónimo de Federico Moccia que protagonizó junto a Mario Casas. El romance de cuatro años de los jóvenes actores surgido a raíz de la que fue la película más taquillera de 2010 en España ocupó portadas y revistas del corazón y se convirtieron en una de las parejas más seguidas, pero María Valverde (Madrid, 1987) nunca imaginó que su verdadero destino estaría a 10.000 kilómetros de su ciudad natal, en Los Ángeles, acompañando de la mano en cada uno de sus proyectos solidarios a su actual marido, el director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel.

La pareja se conoció durante el rodaje de la película Libertador (2013), basada en la vida del político venezolano Simón Bolívar. La actriz interpretó a María Theresa Bolívar, la esposa del protagonista y el músico creó la banda sonora de la cinta. En ese momento, el director de orquesta estaba casado con la bailarina Eloísa Maturén, madre de su único hijo, Martín. Poco después de separarse en 2015, Dudamel y Valverde iniciaron su relación. Un noviazgo muy discreto del que apenas se conocen detalles más allá de que en 2017 la pareja se casó en Las Vegas.

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Ahora disfrutan de una vida alejada de los focos en Los Ángeles. Dudamel, de 39 años, como director de la Orquesta Filarmónica de la ciudad desde hace ya once años y para la que ha renovado hasta 2026, y Valverde, de 33, con un pie en su carrera como actriz y con otro siguiendo los proyectos de su marido. Después de formar parte de una superproducción bajo las órdenes de Riddle Scott, Exodus, la madrileña fue seleccionada por la European Film Promotion para formar parte del European Shootin Stars de 2016, una especie de organización para la creación de redes de prometedores actores y la promoción internacional de estos, donde solo unos pocos afortunados acceden. Desde entonces, la actriz se enfrenta a su carrera con una mirada distinta, más madura. Ha dejado a un lado la comedia o los dramas juveniles y elige trabajos que le supongan un mayor reto interpretativo con el que remover o concienciar a la sociedad. Para ello se ha centrado en cine latinoamericano, y su acento le delata. Su último trabajo en la gran pantalla ha sido la película chilena Araña, de Andres Wood, y está a la espera del estreno de Distancia de rescate, de la peruana Claudia Llosa.

Además de este cambio de registro, María Valverde ha roto con otros estándares de su vida. La intérprete ha hecho un pequeño paréntesis en su profesión para acompañar a Dudamel en sus trabajos y romper la discreción que le caracteriza por una buena causa. El pasado verano el matrimonio se subió por primera vez a un escenario para presentar en el Festival de Castell de Peralada (Girona) una versión de El sueño de una noche de verano, de Félix Mendelssohn, contada por Valverde, interpretada por la Mahler Chamber Orchestra y dirigida por Dudamel. Una iniciativa más dentro de la fundación que lleva el nombre del músico y que busca transformar el mundo dando acceso a la música y las artes y ofreciendo herramientas y oportunidades a la gente joven. Dudamel ha sido el director más joven en conducir el concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, en 2019 se convirtió en el primer venezolano en recibir una estrella en el paso de la fama de Hollywood y un año antes puso en marcha una escuela de música de primer nivel en Los Ángeles para un barrio desfavorecido de la ciudad a imitación del sistema venezolano en el que el propio Dudamel se educó.

Una misión que ha convertido a la pareja en un vaivén nómada que viaja por todo el mundo sin soltarse de la mano. Desde que el director protestara contra la represión del régimen de Nicolás Maduro y el dictador lo señalara no ha vuelto a Venezuela, pero siempre que pueden regresan a España. En muchas ocasiones eligen para quedarse el pueblo de la familia de la actriz, Almonacid de Zorita (Guadalajara), en plena Alcarria, o el madrileño barrio de Carabanchel, donde ella se crió y que él ha adoptado como suyo por sus orígenes humildes. “Cuando María me enseñó su barrio me enamoré si cabe más de ella por el orgullo con el que transmitía su pertenencia”, contó Dudamel a este periódico hace un par de años. Allí viven los padres de Valverde, considerados como una segunda familia para el músico, quien no duda en presumir de la tortilla de patatas de su suegra o los rincones de la ciudad que le descubre su suegro.

La pandemia del coronavirus les pilló en su residencia de California y desde allí no han parado de trabajar al unísono. Juntos han creado En casa con Gustavo, un programa de música clásica que se ha emitido online durante el confinamiento que buscaba amenizar a los amantes de esta disciplina las largas jornadas dentro del hogar. “Para mí, e imagino que para muchos de ustedes, la música ha sido lo que une a la gente, incluso cuando estamos separados. Es importante, quizás ahora más que nunca, que encontremos formas de conectar y encontrar consuelo e inspiración”, explicó el propio Dudamel en Instagram. “Hoy estaré hablando de música con mi amor”, añadió una emocionada María Valverde sobre este último proyecto juntos. También han tenido tiempo para disfrutar del hijo de Dudamel, de nueve años, con el que forman un verdadero equipo a juzgar por sus publicaciones en las redes sociales, donde no faltan las divertidas imágenes de los tres juntos así como las románticas dedicatorias que se profesan la actriz y el músico, quienes mutuamente se llaman “mi amor” o “mi vida”. Un auténtico giro de guion en la vida de María Valverde al que le dedica la misma pasión y preparación que al resto de sus papeles en pantalla.

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