Actores

Clint Eastwood, 90 años turbulentos en lo personal y de éxito en lo artístico

El actor y director, que celebra su cumpleaños, conserva detalles de las antiguas estrellas de Hollywood como su capacidad para haber reescrito su pasado

Clint Eastwood, en un acto en Hollywood en noviembre de 2019. En vídeo, las influencias cinematográficas de Eastwood, por TCM.AXELLE/BAUER-GRIFFIN | TCM

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"Como actor es limitado y ha buscado trabajar con directores que no le han llevado al límite. Como realizador es extremadamente competente y tiene visión. Sin embargo, nunca ha escrito nada y rueda con lo que le cae en las manos, jamás revisa un guion. No guía a los actores, le suele valer la primera toma y todo lo rodado suele estar en pantalla. No me parece que esos sean los mimbres de un genio del cine. Me interesa más como actor-auteur que como director, pero en esa faceta crece día a día”. Palabras de Patrick McGilligan, experto biógrafo de creadores de Hollywood, y escritor de la soberbia Clint Eastwood. La biografía (Editorial Lumen), redactada en 1999, revisada años después y que sigue siendo la mejor aproximación a un cineasta complejo, curioso, contradictorio y fundamental. Un hombre que este domingo cumple 90 años y que, muy a su pesar, tendrá tarta tras la comida de celebración.

Hoy, en su casa en Carmel (California), ciudad de la que fue alcalde de 1986 a 1988, se juntarán algunos de sus hijos –tiene al menos ocho, nunca se ha sabido cuántos- para una sencilla celebración. Uno de sus vástagos, Scott, el que lleva mejor carrera en el cine, contaba hace unos días en televisión: “Vamos a hacer algo familiar. Muy, muy tranquilo. Realmente no le gustan los cumpleaños”. A pesar de su oposición, habrá fiesta y tarta. “Por supuesto que apareceremos con un pastel. Probablemente no le gustará, pero le llevaremos uno”, aseguraba. Y quedarán más fiestas: la madre de Clint vivió hasta los 97 años.

Meryl Streep con Clint Eastwood, en <i>Los puentes de Madison.</i>
Meryl Streep con Clint Eastwood, en <i>Los puentes de Madison.</i>

Clint Eastwood tiene detalles de las antiguas estrellas de Hollywood. Como, por ejemplo, su capacidad para haber reescrito su pasado, sin que se sepa mucho en realidad de sus primeras tres décadas de vida, o de maquillar su vida personal. Curioso, porque en realidad el origen profesional de Eastwood tiene más que ver con los nuevos tiempos. Fue un actor desechado por el cine por su físico peculiar –nuez prominente incluida-, y su carrera germinó en la tele con la serie Rawhide, que empezó a emitirse cuando él ya tenía 29 años, antes de convertirse en una leyenda en su travesía europea: Sergio Leone le engrandeció como su hombre sin nombre en la Trilogía del dólar: Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo. La huella del vaquero con poncho es indeleble en el alma audiovisual: no hay más que ver la serie The Mandalorian, cuyo protagonista se mueve y comporta con la misma sequedad y elegancia que el protagonista de los spaguetti westerns. Leone y Don Siegel (con el que hizo cuatro filmes, entre ellos Harry el sucio) son, además, los padres cinematográficos del Eastwood director. Hace tres años, en una entrevista con público en el festival de Cannes –lo más lejos que viaja para promocionar su trabajo-, el cineasta contaba: “Me gustan las primeras tomas porque nunca lograrás igualar la sorpresa de oír por primera vez un diálogo. Algunos de mis maestros, como Siegel, lo hacían así. Por eso tampoco me gustan los ensayos, porque si repites muchos los diálogos se vuelven monótonos. ‘El análisis lleva a la parálisis’, decía Don. Él era muy eficiente…, claro que siempre se quejaba de los productores. Rodaba rápido porque pensaba rápido. En realidad, yo estuve durante los años cincuenta haciendo papeles de cualquier tamaño tanto en cine como en televisión, y ahí aprendí mucho”.

Porque Eastwood nunca ha acabado bien sus relaciones sentimentales ni profesionales, ha logrado silenciar cualquier opinión contraria a su figura, hace que el estudio Warner coma de su mano…, pero tiene un olfato descomunal para los buenos guiones y contratar a grandes colaboradores. Nunca ha escrito nada, aunque acumula un puñado de obras maestras: Medianoche en el jardín del bien y del mal, Sin perdón, Cartas desde Iwo Jima, Mystic River, Bird, Million dollar baby, El jinete pálido o Cazador blanco, corazón negro. No ha sido un cineasta brutalmente taquillero, aunque como Woody Allen –curiosamente, otro cineasta que reniega de cualquier aire intelectual- ha sabido fidelizar a los espectadores europeos. “Las películas tienen que ser emocionantes, porque no es un arte intelectual”, decía en Cannes.

Clint Eastwood, fotografiado durante el rodaje de <i>Licencia para matar (The Eiger sanction</i>, 1975).
Clint Eastwood, fotografiado durante el rodaje de <i>Licencia para matar (The Eiger sanction</i>, 1975).SUNSET BOULEVARD / CORBIS

En aquella charla en el certamen francés, Eastwood contó por qué le gustaban los westerns: “Porque te transporta a otra época en la que un individuo podía valerse solo por sí mismo, una fantasía hoy casi imposible”. Y esa respuesta, en realidad, explica sus últimos trabajos como director, basados en hechos reales protagonizados por tipos aparentemente normales devenidos en héroes: El francotirador, Sully, 15:17 Tren a París, Mula y Richard Jewell. Como dice McGilligan: “Eastwood ha batallado duro por controlar su imagen. Es falso eso de que no da entrevistas: hay centenares, pero poquísimas veces con un periodista escéptico. Es un supervendedor de sí mismo, de su imagen y de su cine. Se ha convertido en una personificación de EE UU, y no siempre de sus mejores cualidades”.

Con eso se refiere a su proverbial tacañería: cada año exigía un pavo congelado a Warner para regalárselo a su madre en el día de Acción de Gracias. Y se lo llevaban en avión privado. Suele quedarse con un coche de todas sus películas y jamás ha pagado en un restaurante. Creó su productora, Malpaso, en una gran jugada: controlaría su carrera, pero el dinero lo pondría Warner. Otro de sus claroscuros es la tradición de que sus novias encarnen a prostitutas en sus películas. Entre ellas, Sondra Locke, con la que estuvo 14 años, a la que obligó a abortar en dos ocasiones y destrozó su carrera como directora. Antes de morir en 2018, Locke publicó su autobiografía El bueno, el malo y el muy feo. Y es solo un ejemplo de diversos comportamientos machistas. Tras su divorcio en 2013 de Dina Ruiz, se le han conocido varias parejas, aunque no en la actualidad.

Y además está la cara política de Eastwood. La ciudad de Carmel está a 500 kilómetros al norte de Los Ángeles y a 190 al sur de San Francisco, donde nació el actor, y de 1986 a 1988 Eastwood fue su alcalde, después de que el Ayuntamiento le obligara a reformar uno de sus restaurantes, parte de sus negocios en la localidad. Durante décadas defendió al Partido Republicano, y en la convención de ese partido en 2012 el actor le habló a una silla vacía como si fuera el presidente Obama. También apoyó a Trump, hasta que en febrero se hartó de sus modales: “Debería de comportarse de una manera más gentil, sin tuitear y descalificar a las personas”. Y cambió su apoyo a Bloomberg. Lo que le ha dejado sin candidato a su gusto ni un héroe a su altura.

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