Diez intrahistorias de la boda de Felipe y Letizia

El enlace de los entonces príncipes de Asturias se celebró hace hoy 16 años ante representantes de todas las casas reales que protagonizaron situaciones que entonces no trascendieron

Doña Letizia y don Felipe, a la salida de la catedral de Almudena de Madrid el día de su boda.
Doña Letizia y don Felipe, a la salida de la catedral de Almudena de Madrid el día de su boda.Ricardo Gutiérrez

Millones de personas de todo el mundo presenciaron a través de la televisión el 22 de marzo de 2004 la boda del entonces príncipe de Asturias con la periodista Letizia Ortiz en una ceremonia que congregó en la catedral de la Almudena a representantes de todas las casas reales. El día comenzó con una gran tormenta que condicionó en algunos momentos el protocolo. La novia, por ejemplo, tuvo que llegar al templo en coche aunque estaba previsto que lo hiciera a pie desde el Palacio Real, donde se vistió y donde más tarde se celebró el almuerzo nupcial. Hubo muchas imágenes pero se dieron situaciones que entonces no trascendieron. Estas son diez de ellas.

La cola del cuarto de baño. Por razones de seguridad, los invitados a la boda debían estar dos horas antes del inicio de la ceremonia en la catedral de La Almudena. Esta larga espera y la posterior ceremonia provocó largas colas en los cuartos de baños habilitados. Miembros de familias reales, políticos y empresarios aguardaban su turno. El entonces presidente de Colombia, Álvaro Uribe, no quiso esperar y uno de sus ayudantes hizo saber a los presentes que debían colar al mandatario. Las protestas, comandadas por la princesa Magdalena de Suecia con una espectacular pamela, no sirvieron de nada. Eso sí, Uribe dio las gracias al terminar.

El trato deferente a Nelson Mandela. Por razones de seguridad y logística la mayoría de los asistentes al enlace llegaron a la iglesia en autobuses que los recogían en sus hoteles. Una de las excepciones fue Nelson Mandela, que acudió en un coche oficial acompañado por su esposa. El motivo era su ya débil salud y sus problemas de movilidad. Por eso Mandela fue uno de los últimos en dejar La Almudena, que abandonó por la misma puerta por la que salían los pocos periodistas que tuvieron acceso al templo. El líder sudafricano fue uno de los más celebrados.

Rania de Jordania y los periodistas. La reina de Jordania fue una de las más elegantes de la boda de los entonces príncipes de Asturias y también una de las más accesibles. Pese a su imagen distante, Rania fue la única invitada que la noche anterior al enlace en la cena que se ofreció en el Palacio del Pardo se acercó a los periodistas para saludar.

El pesado vestido de Pertegaz. Letizia Ortiz eligió a Manuel Pertegaz como diseñador de su traje de novia, un homenaje a uno de los grandes de la moda española. El creador confeccionó un traje con mucha tela, tanta que la ahora reina de España confesó que pesaba tanto que en alguna ocasión tuvo problemas para caminar con él.

Una novia con fiebre. El gesto serio, emocionado y algo nervioso de Letizia durante la ceremonia en la catedral de La Almudena escondía un secreto: la novia se había levantado el día de su boda con fiebre.

La lectura de la abuela de la novia. Menchu Álvarez del Valle, abuela de la novia, con su voz radiofónica, leyó la Carta de San Pablo a los Corintios. Un texto que sonó rotundo en el templo, casi como un monólogo de radionovela, y que contó con un efecto esta vez no especial: un trueno que retumbó y avisó de la tormenta que se había desatado en el exterior.

El reciclado de la boda. Madrid aspiraba en 2004 a ser sede en 2012 de los Juegos Olímpicos y la sostenibilidad era una de las señas de identidad de la candidatura. Por ello las lonas que adornaron el recorrido de los novios por las calles de la capital fueron reutilizadas para fabricar las bolsas de viaje con la que la expedición viajó a pasar el examen a Singapur dos meses después.

El viaje de novios. El destino de la luna de miel era todo un secreto. Los paparazis buscaban al nuevo matrimonio en algún destino paradisíaco, pero aparecieron en Cuenca. La pareja decidió primero pasearse por España y dejarse ver para luego viajar al extranjero en una ruta que confeccionaron con la ayuda de Corinna Larsen, entonces ya entrañable amiga de don Juan Carlos.

El debú de Felipe Marichalar. El tiempo ha convertido al nieto mayor de los reyes eméritos en uno de los miembros más populares de la familia real. En la boda de su tío, a quien debe su nombre, ya destacó. Durante la ceremonia se enzarzó en una pelea a patadas con otros de los pajes que como él formaron parte del cortejo nupcial.

La soledad de Carolina de Mónaco. La princesa llegó sola a la boda, aunque a Madrid viajó con su marido, Ernesto de Hannover. El príncipe alemán se tuvo que quedar en el hotel intentando superar las consecuencias de una larga noche previa de fiesta en la que hubo alcohol y una pelea que requirió la presencia del Summa. Carolina apareció en el templo muy seria y con el pelo sin arreglar bajo su sombrero. El matrimonio poco después entró en crisis.

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