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De un lujoso apartamento a una gran villa: la mudanza de Cristiano Ronaldo en plena crisis del coronavirus

El futbolista ha alquilado una vivienda por cuatro mil euros a la semana con vistas al océano Atlántico

Cristiano Ronaldo, en Sevilla, el pasado noviembre.
Cristiano Ronaldo, en Sevilla, el pasado noviembre.Ian West / GTRES

A Cristiano Ronaldo se le hace muy pequeño su lujoso apartamento en Funchal, capital de la isla portuguesa de Madeira, donde hasta ahora pasaba el confinamiento junto a su pareja, Georgina Rodríguez, y sus cuatro hijos. Por eso, el futbolista ha decidido, en plena crisis del coronavirus, alquilar una vivienda más grande, concretamente una villa, en Caniçal, a unos 31 kilómetros desde su residencia inicial. Un capricho que le sale por cuatro mil euros a la semana.

“Sintió que necesitaba espacio, que se estaba asfixiando dentro de esas paredes y que había un gran jardín. Y, por supuesto, más privacidad. Está muy acostumbrado a una vida privada y a estar con toda la familia, y no es lo mismo”, ha explicado una fuente del periódico luso Correio da Manhã. Este cambio de aires le permite hacer ejercicio en el exterior, como ya ha demostrado en sus redes sociales. En un vídeo que el deportista publicó en Instagram la semana pasada, se le puede ver a él y a Rodríguez subir y bajar una cuesta corriendo.

La casa tiene capacidad para seis personas y dispone de una gran piscina en un jardín repleto de palmeras, donde pueden preparar barbacoas. La decoración de los salones y las habitaciones es bastante sencilla, aunque la familia también se puede entretener en la sala de juegos que está presidida por una mesa de billar. Pero lo más impresionante de este enclave son las vistas al océano Atlántico, además de ofrecer un acceso privado a la playa, ese en el que la pareja practica deporte.

Según la plataforma de alquileres Airbnb, la villa está reservada hasta el 24 de abril. Varios medios italianos apuntan a que el portugués no se hospedará más en su país natal porque la Juventus de Turín, equipo de fútbol en el que milita Ronaldo actualmente, está pidiendo a sus jugadores extranjeros que regresen a la capital del Piamonte, para iniciar una cuarentena de 14 días antes de reanudar los entrenamientos.

Después de que su compañero Rugani diera positivo por coronavirus, Ronaldo se refugió en Madeira junto a su familia, decidido a no regresar temporalmente a su puesto de trabajo en Italia, donde residen habitualmente. El jugador luso utilizó su avión privado para desplazarse hasta Funchal, donde también se encuentran su hermano mayor Hugo y su madre, Dolores Aveiro, de 65 años y que actualmente se recupera del ictus que sufrió a principios de este mes.

Su actitud de no regresar a Italia ya recibió críticas de ciudadanos confinados en sus casas por la pandemia, pero en los últimos días la polémica ha subido de tono después de que fotógrafos portugueses captaran al futbolista y su pareja saliendo de compras en Funchal cuando el resto de los portugueses se encuentran en cuarentena y las fronteras con España se cierran para evitar la propagación del coronavirus. También Ronaldo fue pillado entrenando en A Choupana, el estadio del Nacional de Madeira. El secretario regional de Salud de dicha localidad, Pedro Ramos, salió en su defensa al alegar que los “desplazamientos breves, próximos al domicilio, relacionados con la práctica de actividad física e individual de personas” está permitido actualmente en el país luso.

A estas imágenes se han unido otras del futbolista tomando el sol en la terraza de su lujosa vivienda y el falso rumor de que cedía dos de sus hoteles Pestana CR7, los que posee en el propio Funchal y en Lisboa, para que los utilizaran las autoridades sanitarias de Portugal. Una noticia que se concretó finalmente en que los dos hoteles han firmado un acuerdo para que la comida que sobra en sus restaurantes pueda venderse a precio reducido a través de una aplicación. Esta suma de acontecimientos ha causado que muchos de los compatriotas de Cristiano Ronaldo, considerado casi un héroe nacional, hayan inundado las redes sociales de críticas hacia lo que entienden una actitud poco solidaria y de cierto exhibicionismo de su privilegiada situación.

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