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¿Servirá para algo el impuesto a los refrescos?

Los impuestos especiales han reducido el consumo de bebidas azucaradas en otros países, pero no hay datos de que disminuyan la obesidad. Analizamos pros y contras de la medida que tomará el Gobierno español.

Penalizadas, pero poco
Penalizadas, pero pocoWIKIMEDIA.COM
Juan Revenga

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Gran parte de las estrategias en la actual batalla contra el consumo excesivo de azúcar se están centrando en las bebidas azucaradas, aunque este es el ingrediente principal –junto a la sal y las grasas– de gran parte de los alimentos procesados. Siguiendo esta tendencia internacional, la semana pasada el Gobierno español anunció la creación de un impuesto especial que se aplicará sobre los refrescos.

Las reglas del juego las ha definido la Organización Mundial de la Salud (OMS) con la publicación de un informe sobre políticas fiscales en los alimentos para la prevención de enfermedades no transmisibles. Su propuesta, claramente planteada y respaldada por estudios científicos, debería servir para programar nuevos contextos socioeconómicos que faciliten mejores elecciones alimentarias entre los ciudadanos, responsables definitivos de su dieta.

La intención es desalentar el consumo de opciones menos saludables, al tiempo que se promueve el de las más adecuadas: para conseguirlo, propone que las distintas administraciones públicas influyan sobre el precio de alimentos considerados clave. ¿Cómo? Sumando un impuesto especial a los de peor perfil nutricional, y desgravando aquellos de los que interesa promocionar el consumo. Siempre, claro está, con la intención enfocada en la salud pública.

Aunque la OMS advierte de la importancia de considerar distintas características en los alimentos en base a su contenido en azúcar, sal y grasa, lo cierto es que actualmente el grueso de sus recomendaciones se centra a en dos medidas concretas:

La experiencia en otros países

El informe de la OMS que acabamos de mencionar no es original, entre otras cosas porque resume la experiencia de otros países respecto al efecto que tienen en su consumo los impuestos sobre los alimentos. De este modo sabemos que países como Dinamarca, Ecuador, Egipto, Finlandia, Francia, Hungría, Mauritania, Méjico, Filipinas, Tailandia y algunos estados o regiones de Estados Unidos ya cuentan con datos de utilidad para contrastar el impacto de este tipo de medidas. Este mismo año también han anunciado la implantación del impuesto sobre las bebidas azucaradas Portugal y Reino Unido. Las medidas implantadas por estos países son sumamente heterogéneas, y de ellas se pueden extraer las siguientes conclusiones:

El impuesto sobre las bebidas azucaradas en España

A pesar de que a fecha de hoy se desconocen las características particulares anunciadas por el Sr Montoro sobre este nuevo impuesto, sobre la decisión del ejecutivo ya planean algunas sombras:

La idea de la OMS: refrescos más caros = verdura más barata.
La idea de la OMS: refrescos más caros = verdura más barata.WWW.WIKIPEDIA.COM

Reflexiones a tener en cuenta

La lectura más novedosa del asunto es que, tal y como se vio en su momento con el tabaco y con el alcohol -sobre los que ya no hay duda de su efecto perjudicial- las administraciones públicas tienen a día de hoy el poder para gravar el consumo de otros elementos, con la justificación de proteger la salud pública de sus ciudadanos.

A juicio de la OMS, las políticas fiscales sobre los alimentos son una herramienta más entre muchas otras que deberían coexistir para reducir con éxito el impacto de las enfermedades crónicas no transmisibles (diabetes, cáncer, enfermedades cardiovasculares, etcétera). Está claro: de forma aislada, las políticas fiscales tendrán un efecto muy limitado.

Aunque esté justificado e incluso pueda ser una tendencia implantar impuestos sobre los alimentos, llegados a este punto es importante destacar que algunos gobiernos han encontrado en este tipo de medidas una justificación para la mera recaudación. Así lo refleja la propia OMS en su informe al expresar uno de sus miedos: centrarse en el beneficio económico implantando impuestos de baja cuantía resultará en una estrategia ineficaz en el marco de la Salud Pública.

Otro error es centrar estas cargas en las bebidas azucaradas, como si no hubiera otros actores igual de culpables en la actual epidemia de obesidad y enfermedades crónicas. Pocos países han optado por políticas fiscales totalizadoras, que graven todos los alimentos con un perfil nutricional inadecuado, y menos aún han sido los que ofrecen los recomendados subsidios sobre alimentos saludables.

Resulta llamativo que en nuestro entorno, ni el ejecutivo de Cataluña ni el de España hayan hecho el menor esfuerzo por plantear un abaratamiento general sobre los productos frescos, con lo que es posible que los verdaderos fines de la implementación de estas medidas respondan principalmente al necesario ajuste de los presupuestos nacionales o a cuestiones de interés político.

Por último, sentencia la OMS, una vez iniciada la estrategia es necesario ser eficaz para contrarrestar los argumentos y esfuerzos de la industria, que se opondrá al desarrollo e implementación de las medidas fiscales y buscará atenuar sus efectos. En este sentido es especialmente útil la realización de programas de sensibilización y educación que informen a la población sobre las consecuencias positivas de limitar el consumo de este tipo de alimentos.

Sobre la firma

Juan Revenga
Es dietista-nutricionista, biólogo, consultor, y divulgador. Es profesor en la Universidad San Jorge, en la Universidad Francisco de Vitoria y un montón de cosas sesudas más. Definido como un Don Quijote con cuchara, es muy activo en redes sociales en donde, a partes iguales, reparte estopa y defiende la salud a través de la cocina.

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