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Cómo adelantarse a la Navidad (y no morir en el proceso)

 A Julia Child le daba tiempo a bailar con el pavo / GIPHY
A Julia Child le daba tiempo a bailar con el pavo / GIPHY

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Si en El Corte Inglés la Navidad empieza cuando termina la vuelta al cole, en El Comidista no vamos a ser menos, y hemos decidido empezar los fastos cuando nos apetezca. Por ejemplo, hoy mismo. Pero como aquí la cosa no va de vender sino de ahorraros tiempo y dinero, no os vamos a ofrecer un catálogo de regalos y tontunas (todavía, matizo, porque esa entrega ya llegará), sino uno de ideas y cosas que se pueden ir adelantando. Todo enfocado a que cuando llegue el día no nos pille en bragas/calzoncillos y lo que debería ser una experiencia agradable al final sea, como dice el grandísimo –a la par que esbelto, 'fijaté'– Bob Pop, la muerte caracolera.

ORGANÍZATE Y ORGANIZA A LOS DEMÁS

"Menuda obviedad", diréis. Y sí, pero a la vez no. No se trata solo de hacer un calendario, sino de organizaros entre vosotros para no repetiros mucho con platos e ingredientes. El marisco, las carnes y las aves de gran tamaño están a la orden del día en estas fiestas, y si no os comunicáis entre vosotros es posible que comáis pavo tres veces. Si vais a comer marisco en Nochebuena y pavo en Navidad –más los chorrecientos acompañamientos, dulces, etc– tal vez para fin de año podéis adaptar la costumbre italiana y preparar unas buenas lentejas.

PIENSA QUÉ HAY QUE COMPRAR ANTES Y QUÉ NO

No siempre es conveniente comprarlo todo con anticipación. Por ejemplo, comprar ahora el marisco, cocerlo en casa y congelarlo –o, con más razón aún, comprarlo congelado, que también sube de precio–, o aprovisionarse de cochinillo o cabrito es una estupenda idea que nos puede ahorrar unos cuantos euros. Algunos alimentos típicos de estas fechas pueden subir de precio hasta un 29%, según un estudio de la OCU, así que ahí hay una posibilidad de optimizar interesante. Pero comprar ahora una caja de bombones o una botella de vino 'para Navidad' es tener la seguridad absoluta –a no ser que tengáis una voluntad de la que yo carezco totalmente– de que caerán antes de hora cuando te dé un munchie bajón de azúcar por fumetear pensar demasiado o necesites una copa porque tienes cierta tendencia al alpiste, que lo dice todo el mundo una existencia muy estresada. Así que piensa dos veces antes de anticiparte, y asegúrate de que servirá para algo.

EL CONGELADOR ES TU AMIGO

Y este un momento estupendo para hacer una limpieza y tirar todo lo que lleve demasiado tiempo congelado. Los canelones no son Walt Disney, y el pollo crudo tampoco, así que si calculas que llevan dando vueltas por allí más de seis meses, posiblemente haya llegado el momento de darles el adiós definitivo. A lo mejor también te darás cuenta de que hay cosas que van a parar allí de manera recurrente y el proceso te ayuda a cambiar alguna costumbre. Una vez realizada la masacre, dispondréis de un valiosísimo espacio para ir guardando comida cruda o ya preparada lista para ahorrarte tiempo y dinero cuando más lo necesitarás.

DALE DURO AL I+D

Con tiempo y dedicación, las cosas suelen salir bien por muy baratas que sean. Si queréis servir unos panecillos caseros con la comida y no habéis hecho mucho pan en vuestra vida, es el momento de empezar a practicar (y si además queréis ponerle fantasía, en El foro del pan tienen un post bastante interesante al respecto, en el que sugieren desde masas locas hasta greñados ocurrentes). Si probásteis el ceviche de atún y os gustó, pero os pareció que necesitaba algo de adaptación para petarlo en vuestro paladar, también es el momento de ponerse a ello. No dejéis el perfeccionamiento de recetas para el último momento –y muchísimo menos improviséis con algo que no hayáis hecho nunca– porque os puede salir un churro patatero y la familia, que no perdona una, os estigmatizará para siempre jamás.

MUCHAS PEQUEÑAS PARTES SON (CASI) UN TODO

Sofritos, fondos, salsas y rellenos son cosas que se conservan muy bien congeladas y te ahorrarán una parte muy importante del inevitable trabajo de última hora. Además, seguramente en los próximos treinta días prepararás muchas de esas bases para otras cosas, así que solo tienes que acordarte, aumentar la cantidad y congelarlo en una bolsa con zip o táper con el nombre escrito con un rotulador resistente (no os olvidéis de añadir esa información, o no podréis diferenciar las cosas). Después solo tendrás que unir los diferentes elementos y darles el golpe final, que puede ser igualmente largo pero será mucho menos laborioso: por suerte, en las chorrecientas horas de horno de un pavo asado no tenemos que intervenir demasiado.

COMPARTIR ES AMAR, Y DELEGAR NI TE CUENTO

Si la comida de Navidad es en tu casa pero tu tía es una Biscayenne de la vida y prepara unos postracos que te mueres, cuando se ofrezca a traer algo aparca el "no te preocupes que ya haré yo algo" y acepta la sugerencia con tu mejor sonrisa. Lo mismo con el paté de tu primo, la ensaladilla de la yaya Puri y todavía más con el jeta de tu cuñado, que pensando que igual así se escaquea de hacer nada propone con la voz flojica encargarse del vino. Diles que sí a todos, y a tu cuñado, de paso, pídele que compre una botella de licor para la hora del turrón, que seguramente ya habréis hablado de la Gurtel, la independencia de Cataluña y el ascenso de Podemos y a alguien –si no a todos– le hará falta una copita. Y si luego se ofrecen a ayudarte a recoger, tres cuartos de lo mismo: la satisfacción de poder repanchingarse tranquilamente en el sofá después de haber tenido la casa llena de gente durante todo el día no tiene precio.

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