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Récord de ingresos en la UCI de animales silvestres con casi 8.000 ejemplares auxiliados en 2023

El centro de recuperación de fauna de Madrid registra su pico más alto de actividad desde su apertura en 2010

Récord de ingresos en la UCI de animales silvestres
Un veterinario del CRAS instala un brazalete de reconocimiento en un cernícalo antes de su liberación, en Tres Cantos (Madrid), el 31 de enero de 2024.Juan José Martínez
Juan José Martínez

Cuando salió de la Unidad de Cuidados Intensivos el pasado 15 de diciembre, tenía un agujero en el tórax del diámetro de un lápiz que los especialistas le habían provocado para ayudarle a drenar la infección. Nunca se supo la causa de su accidente. La ficha de ingreso solo aporta que pertenece a la familia de los cernícalos, una pequeña águila de unos 40 centímetros, y que fue encontrado desnutrido y con un traumatismo en una carretera de Getafe, al sur de Madrid. Un particular decidió llevarlo al Centro de Recuperación de Animales Silvestres (CRAS), un lugar que ha atendido a unos 56.451 ejemplares de fauna desde su apertura en 2010. El último año ha establecido un récord de actividad con 7.908 animales auxiliados, un 15% más respecto al año anterior.

El CRAS, administrado por el Gobierno regional, se ubica en una parcela de 51.000 metros cuadrados en Tres Cantos, 22 kilómetros al norte de Madrid, en ese punto de la comunidad donde el suelo es menos árido y la vegetación se hace más verde. Las instalaciones cuentan con una recepción, UCI, quirófanos, laboratorios, salas de observación, rayos X, voladeros, hotel de animales exóticos, cocina, oficinas y biblioteca, todo engalanado por el omnipresente piar de los pacientes. La plantilla está compuesta por 11 personas que atienden a un promedio de 500 animales, aunque en verano, cuando el calor multiplica los accidentes de los pájaros, una cuadrilla de becarios universitarios y otros veterinarios se suman como refuerzo.

Las aves prevalecen dentro de los grupos taxonómicos que recibe el CRAS, con un 89% de los ejemplares asistidos —el 10% de ellas, rapaces—. Siguen la lista los mamíferos con un 10% de los ingresos y, con un porcentaje residual, reptiles, anfibios y peces. Aunque el CRAS opta por una pronta liberación para evitar el congestionamiento del centro, hay algunas especies exóticas que se han convertido en residentes, ante la imposibilidad de su puesta en adopción. Algunos ejemplos son las iguanas, tortugas, guacamayas, boas constrictoras de hasta tres metros de longitud e incluso un cerdo vietnamita.

El 48% de los animales que ingresan con vida son liberados de nuevo al medio natural, mientras que el 41% fallece, principalmente a consecuencia de las lesiones (27%) o por eutanasia (14%).

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Juan pasó una semana en un cubículo de un metro cuadrado de la UCI, antes de entrar en la sala de observación. El 12 de enero, a un mes de su ingreso, el cernícalo volvió a alzar vuelo, aunque no en su entorno natural, sino en uno de los voladeros artificiales del CRAS, que representan el paso previo a la liberación. Estas jaulas de forma hexagonal o alargada están tapadas por una malla de sombreado para evitar el contacto con el exterior. “Solo entramos para lo estrictamente necesario porque queremos que el contacto con el humano sea el mínimo para que no se acostumbren a nosotros”, afirma Silvia Villaverde.

En el CRAS replican las características del hábitat de cada especie, durante su recuperación. Para ello, trabajan con el método fostering, que consiste en usar aves nodrizas que tengan crías del mismo tamaño que el animal enfermo “para que lo críen como si fuera un hijo más”, señala Villaverde. El método se probó con vencejos, pero al ver la tasa alta de aceptación de los padres adoptivos, han comenzado a experimentar con cigüeñas y cernícalos como Juan.

La simulación del entorno natural de los animales del CRAS también pasa por la alimentación, que en este lugar se ofrece en un menú poco convencional. La primera ración del día puede llevar insectos descongelados, como grillos o gusanos, que cuestan hasta 20 euros el kilo. Para las aves de presa se desmiembran conejos o pollos recién nacidos que se arrojan a los voladeros aun con plumas y sangre, tal como lo encontrarían en el medio natural.

Los animales que están a punto de ser liberados se alimentan de carnada viva, principalmente de los ratones que se crían en el bioterio del CRAS. “Tenemos presa viva para que [las aves en recuperación] vean como las nodrizas la matan y se la comen, para que aprendan que eso es comida”, señala Villaverde.

Causas de ingresos

Radiografía del cernícalo del CRAS, donde se puede apreciar el traumatismo cerca del ala derecha.
Radiografía del cernícalo del CRAS, donde se puede apreciar el traumatismo cerca del ala derecha.Juan José Martínez

Las caídas de los nidos representan cerca de la mitad de los ingresos del CRAS. Villaverde explica que este fenómeno “viene muy marcado por las olas de calor”: Con las temperaturas tan altas de los últimos años, hay un momento en que no aguantan el calor y se tiran de los nidos, cuando todavía no pueden volar”. Este problema afecta principalmente a los vencejos, la especie que más ejemplares aporta al registro del CRAS, con 1.791 auxiliados en 2023, seguidos del gorrión (416), la paloma bravía (395) o la urraca (345). En menor número, pero de mayor importancia dada la urgencia de su conservación, resaltan el búho real (78 ejemplares), el milano real (61), el halcón peregrino (24), el buitre eegro (16) o el águila imperial (14).

La segunda causa de ingreso más común agrupa a los traumatismos ocasionados por accidentes contra el mobiliario urbano, como las pistas de pádel o los rascacielos, que contabilizaron más de un millar de ingresos en 2023. El problema para Villaverde es que “las tendencias urbanísticas no siempre tienen en cuenta al resto de especies que viven en las ciudades” y cita como ejemplo “los edificios con espejos en las fachadas”. En algunas edificaciones han probado con éxito pegar figuras adhesivas a los cristales para reducir la accidentalidad o simplemente apagar las luces durante la noche, como ha hecho Nueva York, la que tal vez sea la capital de la accidentalidad para las aves. Los especialistas del centro sospechan por las heridas de Juan que el cernícalo probablemente se haya estrellado en pleno vuelo. “Seguramente fue una racha de viento”, apunta Villaverde, quien relaciona el ingreso del ave con las condiciones climatológicas adversas del día del siniestro.

Desde el CRAS también advierten del peligro de las tendencias en redes sociales. Villaverde resalta: “Lo de las modas es un problema. Nosotros casi que estamos en las redes sociales, para saber qué nos va a venir”. Los ejemplos abundan: desde la tendencia viral en Tik Tok que multiplicó la adopción de patos pequeños, hasta el erizo africano, declarado como especie exótica invasora, pero protagonista en las redes. Disney también influye en la compra y el abandono de los animales. “Los mapaches de Pocahontas, los Zuricatos del El Rey León”, cita algunos ejemplos Villaverde, que luego terminan en el CRAS, “cuando las familias se cansan del animal y lo abandonan”. Muchos de estos individuos viven en comunidades grandes, así que después del cautiverio, llegan al CRAS “mal de la cabeza: dando vueltas sobre sí mismos o mordiéndose el rabo por el estrés, porque no pueden desarrollar su naturaleza”, detalla Villaverde.

El cernícalo Juan, antes de emprender el vuelo tras 90 días de recuperación en el CRAS de Madrid, el 31 de enero de 2024.
El cernícalo Juan, antes de emprender el vuelo tras 90 días de recuperación en el CRAS de Madrid, el 31 de enero de 2024.Juan José Martínez

Los animales solo se liberan cuando están en plenas capacidades, ya que la convalecencia puede ser mortal bajo la ley indiscutible de la naturaleza que reserva la supervivencia para los más aptos. El 1 de febrero llegó el día más esperado para Juan. Tras más de 90 días de recuperación, su recuperación estaba completa. Rubén García (87 años), auxiliar técnico veterinario del CRAS, tomó el ave del voladero, le tapó la cabeza con un trapo para evitarle el estrés y lo llevó al punto de la liberación, dentro de las mismas instalaciones del centro.

Las principales características a tener en cuenta para la liberación de un animal es la disponibilidad alimentaria y la garantía de resguardo, señala García antes de destapar la cara de Juan, que mueve sus ojos compulsivamente de un lado a otro como queriendo abarcar la infinitud de la vegetación que tiene por delante. “Uno, dos y tres”, cuenta el auxiliar antes de impulsar el ave hacia arriba. Juan da unos primeros aletazos torpes que lo hacen subir y bajar bruscamente, pero antes de irse de bruces, logra alzar el vuelo por encima de la dehesa de Tres Cantos, rica en encinas para anidar y conejos para comer. “¡Qué bonito!”, expresa García con la mirada clavada en el cernícalo que se transforma en un punto minúsculo en el horizonte. “Nunca sabes si realmente están curados hasta que llega ese momento”.

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Rubén García (87 años), auxiliar veterinario del CRAS, observa al cernícalo liberado el 31 de enero de 2024.
Rubén García (87 años), auxiliar veterinario del CRAS, observa al cernícalo liberado el 31 de enero de 2024.Juan José Martínez

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