Llega la tormenta perfecta a las urgencias hospitalarias de Madrid: hasta un 50% más de pacientes, menos camas y menos sanitarios

Los cierres en atención primaria y las vacaciones generan escenas de saturación en los cinco grandes hospitales de la capital

En la imagen, sala de espera de Urgencias del Hospital de La Princesa, este miércoles.Foto: Víctor Sainz

Sergio Sánchez, de 40 años, ha acudido a las urgencias del hospital Gregorio Marañón de Madrid porque tiene un ganglio en la garganta que le produce un dolor intenso. Al ver la gente que espera desde hace horas se desespera. Ha ido por la mañana pensando que le atenderían pronto. Pero no. Le quedan horas por delante. La misma situación se repite este miércoles en otro hospital, en el Ramón y Cajal. Victoria Vilaplana, de 22 años, se presenta en urgencias por una dermatitis en las manos. A ella la derivó allí el dermatólogo. También se desespera. “Ya les llamarán”, les indica la enfermera. Y, de nuevo, la misma situación, calcada, se ve en el 12 de Octubre. Pasillos llenos. Gente mirando el reloj. Resoplidos. Flora Diéguez, de 78 años, llegó la noche del martes por un fuerte dolor en la garganta, se fue y ha regresado al día siguiente por la mañana. “No puedo tragar y llevo sin comer nada desde ayer”, lamenta la señora. Exactamente igual pasa en el Infanta Sofía o en La Paz o en La Princesa.

Los profesionales sanitarios no pueden más. Estresados, recorren los pasillos casi sin levantar la cabeza. Muchos tienen miedo de cometer errores, como Ángel Torralba, urgenciólogo del 12 de Octubre. “Eso produce frustración, te lo llevas a casa, no duermes bien”, lamenta. A la situación se le añade que hay compañeros, cada vez más, que están de baja por covid. La séptima ola está aquí, aunque no se hable de ella. “Es la tormenta perfecta”, resume Ángela Hernández, portavoz del sindicato médico Amyts. “El coronavirus, el ingreso de pacientes mayores infectados con patologías previas, las vacaciones de verano que traen consigo el cierre de camas y lo que está pasando con la atención primaria, con sus urgencias cerradas”. Es el cóctel imperfecto. Las urgencias madrileñas, al borde del colapso crónico.

La Consejería de Sanidad admite que se está viviendo “más frecuentación en urgencias”, aunque añade que la mayoría de los pacientes “no requieren ingreso”. Este miércoles, según sus datos, había 1.807 ingresados totales, de ellos 1.734 en planta y 73 en UCI. Pero nada de eso se entiende si no se estudian los casos concretos.

Los datos que aportan los profesionales desgranan un problema del sistema que no es nuevo, ni mucho menos, pero que se ha agravado este año por diferentes razones, como la séptima ola y sus ingresos, las camas que se cierran todos los veranos o la devaluación extrema de la atención primaria. La asistencia a las urgencias ha aumentado un 50% en el 12 de Octubre, según datos de Amyts que recoge del coordinador de Urgencias. El departamento de prensa del hospital lo rebaja un poco: “Estamos atendiendo a 700 urgencias diarias, frente a las 500 de media habituales en este periodo. Y tenemos 118 ingresados por covid”.

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En el Infanta Sofía, el aumento ha sido de un 38%. De hecho, entre el 1 y el 20 de junio de 2018, por ejemplo, se atendió en urgencias a 6.751 personas. Este año, sin embargo, han llegado a ver a 9.338, muy por encima también de los 7.079 del año pasado. Lo mismo cuentan los profesionales de La Paz, con las urgencias “ultratensionadas”, ahora mismo con 140 pacientes “en boxes”, esperando a ser ingresados, cuando la capacidad máxima es de 105. “Estamos bloqueando la actividad quirúrgica aguda. Se posponen las operaciones porque se necesitan las camas. Y se produce una deshumanización tremenda”, lamenta Daniel Bernabéu, médico de La Paz.

Y tras los números, las caras. Nombres y apellidos de pacientes resignados a esperar (o a irse a la privada, previo pago) y de profesionales desbordados.

“Si en 2019 se atendió a 700.000 personas en las urgencias de atención primaria y ahora están cerradas, ¿dónde van ahora?”, pregunta Hernández, la portavoz de Amyts, que insiste en que falla el sistema y la falta de un modelo sanitario. Se refiere a la decisión que tomó la Consejería de Sanidad de Madrid en marzo de 2020 de bajar la persiana de los 37 Servicios de Urgencias de Atención Primaria (SUAP) para llevarse a sus profesionales al Hospital de pandemias Isabel Zendal. Ahora, dos años después, Madrid ha anunciado que después del verano abrirá solo 17, siete de ellos sin médicos, donde solo se atenderá con cita previa.

“Y si le sumamos que los médicos de familia están completamente saturados, atendiendo a más de 50 pacientes al día, acaba pasando lo que acaba pasando, que muchos se están yendo a otros países o directamente lo dejan”, denuncia Hernández, que incide en que existe un problema de fondo. “Desde el año 95 lleva gobernando el mismo color, podrían haber hecho un modelo sanitario, el que fuera, aunque no estuviéramos de acuerdo. Pero no han hecho nada y estamos llegando a un punto que o hay un cambio o esto corre el peligro de romperse del todo”.

Pacientes en la sala de espera del hospital de La Paz, este miércoles.
Pacientes en la sala de espera del hospital de La Paz, este miércoles.

Prioridad: del azul al rojo

Cuando una persona llega con una dolencia a las urgencias de un hospital, lo primero que debe hacer es pasar por lo que se denomina el sistema de Triaje de Manchester. En ese momento, una enfermera evalúa al paciente para darle un tipo de prioridad: si le ponen en el informe el color rojo, necesita una atención inmediata; si es naranja, puede esperar unos 10 minutos; amarillo, una hora; verde, dos; y azul, unas cuatro. “Imagina cómo están las cosas que los amarillos ahora pueden esperar cuatro o cinco horas”, explica Torralba, médico del 12 de Octubre. Eso provoca mucho tiempo de espera que puede, en ocasiones, ser peligroso para el propio paciente. “No siempre vienen con dolencias de vida o muerte y muchos lo saben, pero si intentan ir a su centro de salud y le dan cita para dentro de tres semanas acaban viniendo a urgencias, que terminan desbordadas”, insiste.

Ese mismo ejemplo lo ha vivido este miércoles Claudia Colorado, de 44 años, que ha esperado este miércoles casi una hora solo para dar sus datos, necesarios para el triaje. “Esta mañana había mucha cola y solo una persona en el mostrador”, se quejaba en el hospital La Princesa. Una vez ha obtenido su color, largas horas por delante. Lo mismo pasaba con los pacientes del Gregorio Marañón. A las 11.00 de la mañana la sala de espera de urgencias del hospital estaba repleta de unas 50 personas que, resignadas, esperaban su turno. Sofía Nicolás, de 36 años, aseguraba que tenía pensado “ir al centro de salud, pero en dar una cita telefónica tardan mínimo una semana”. Mientras Nicolás hablaba, Ezequiel Manzano, de 23 años, se apoyaba en el hombro de su madre con fiebre alta y un malestar general. “Si no me llaman pronto, yo me marcho”, lamentaba.

“Se ha colmado el vaso”, avisaban Marina Parras e Itziar Fortuny, urgenciólogas del Infanta Sofía y delegadas sindicales de Amyts. “Y luego ves el Zendal cerrado, casi sin pacientes y alucinas”, decía Parras. “Aquí las esperas, tanto de día como de noche, son de seis o siete horas”, resume Fortuny, que añade un problema extra: la falta de efectivos. “Tenemos el mismo número de profesionales que en 2008, cuando se abrió el hospital. Y, sin embargo, ha aumentado la presión asistencial...”, replica Parras, que recuerda además que en Urgencias concretamente 12 compañeros se han ido “bien a otros hospitales porque les pagan mejor, a la privada o directamente han decidido dejar la profesión”. “Los fines de semana ya se hacen los turnos con una persona menos...”.

¿Es la primera vez que pasa esto? “No, todos los veranos, cuando los médicos se van de vacaciones, pasa algo parecido porque se cierran camas. O en época de gripe estacional”, explica Hernández. El problema de ahora, añade, es el cómputo global. A ese contratiempo crónico se le suma la pandemia, que no ha terminado, y la atención primaria, que ya no funciona como muro de contención. “Es insufrible. Muy, muy, estresante”, insiste Bernabéu, de La Paz, que añade que a los sanitarios ya les han insinuado que modifiquen sus vacaciones. “Nosotros no tenemos todavía ni el cuadrante de julio”, lamentan Parras y Fortuny, del Infanta Sofía, que todavía no saben cuándo se irán a descansar.

¿Cree la Consejería de Sanidad que el hecho de tener cerrados 37 SUAP desde hace dos años provoca esta tensión en las Urgencias? Ningún portavoz ha respondido a la pregunta.

Inmaculada Sanz, portavoz del Ayuntamiento de Madrid, sí se ha pronunciado sobre este problema, sobre todo teniendo en cuenta que la última encuesta del Consistorio reflejó que una de las principales críticas de los madrileños es la falta de sanitarios en la capital: “La Comunidad de Madrid ha venido explicando estos cambios. La explicación de la comunidad está dada. Es una competencia autonómica. El modelo de gestión se tiene que establecer desde la comunidad. Nosotros lo que queremos son los mejores servicios para los madrileños”.

Lo mejor de todo, añade Torralba, del 12 de Octubre, es que, por lo general, “la gente nos ve y es llamativamente amable”. “Se ha podido ver alguna situación violenta, pero no es la tónica general. La gente solo quiere que la curen”.

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