EDITORIAL
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Situación insostenible en la atención primaria

Hacen falta inversiones y reestructurar un sector que ha quedado exhausto por los retos de la pandemia

Centro de Atención Primaria del barrio de El Bèsos, en Barcelona.
Centro de Atención Primaria del barrio de El Bèsos, en Barcelona.MASSIMILIANO MINOCRI
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La pandemia sume a la atención primaria en una saturación permanente

Los centros de atención primaria han entrado en España en un peligroso círculo vicioso que conduce al desánimo y la frustración. La pandemia ha provocado un aumento de la carga asistencial sobre unas plantillas que ya eran insuficientes antes de que llegara la covid y que ahora se encuentran absolutamente desbordadas. Esta sobrecarga se traduce en un mayor número de bajas por agotamiento entre el personal sanitario y en la pérdida de atractivo para los nuevos profesionales sanitarios, que buscan otros destinos profesionales menos estresantes y con mejores expectativas profesionales. La situación es insostenible, hasta el punto de que son muy frecuentes las demoras de más de 15 días para conseguir visita, incluso telefónica, con el médico de cabecera. En algunos lugares, como el área gestionada por la Dirección Asistencial Centro de Madrid, en la que en los próximos meses se plantea el cierre total o parcial de servicios en 41 de los 49 consultorios por falta de profesionales, la cuestión es aún más grave.

A esta situación se ha llegado por una serie de circunstancias adversas mal gestionadas que han agravado deficiencias estructurales diagnosticadas hace mucho tiempo y que resulta urgente abordar. La primera de ellas es el déficit de plantillas. Ya antes de la pandemia, los sindicatos estimaban un déficit de 15.500 enfermeras, y la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos calcula que tendrían que incorporarse 5.000 médicos de familia para hacer frente a la demanda. Pese al discurso dominante que abogaba por incrementar su peso en el presupuesto sanitario, la atención primaria sufrió una mayor descapitalización que el resto del sistema durante la crisis económica. Si el presupuesto sanitario, según la Organización Médica Colegial, cayó un 12,24% entre 2009 y 2014, el de atención primaria lo hizo un 16,17%. Ahora apenas representa el 16% del gasto sanitario total cuando, para equipararse con Europa, debería ser el 25%.

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Sobre esa precariedad, la medicina de familia ha tenido que asumir retos derivados de la pandemia que la colocan en un estado de estrés permanente. Primero tuvo que asumir la atención médica de las residencias de ancianos, luego el control de nuevos contagios y sus contactos y más tarde la descompensación de muchos pacientes crónicos cuya asistencia se había pospuesto. Ahora tiene que afrontar las campañas de vacunación y la llamada covid persistente, que deja secuelas insidiosas y en muchos casos invalidantes en un 10% de los infectados. Y hay un problema nuevo: el incremento de los trastornos de salud mental. Demasiadas cargas sobre una estructura profesional mermada y exhausta. Es una situación explosiva que puede tener gravísimas consecuencias. Un círculo vicioso del que hay que salir con urgencia con fuertes inversiones y una decidida reestructuración organizativa.

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