Universidad Rey Juan Carlos

Conflicto entre profesores de la Rey Juan Carlos por la “generosidad” con las notas

Un docente considera injusto un aprobado a una alumna que está a punto de graduarse. Dice estar “harto de chanchullos”

Alumnos delante de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos, en Madrid, en una foto de 2018.
Alumnos delante de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos, en Madrid, en una foto de 2018.ANDREA COMAS

En la universidad no se puede suspender una misma asignatura indefinidamente. Cuando esa materia es la última de la carrera y las opciones del estudiante se acercan a su fin se destapa la caja de los truenos, como ha sucedido en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. A una alumna del doble grado de Periodismo y Derecho solo le queda para graduarse la asignatura Empresa Periodística y está al borde del precipicio: ha agotado tres de las cuatro matrículas posibles. Su avance profesional está en pausa, porque hasta que no se gradúe, no puede cursar un máster, ni competir en el mercado laboral como una más. La semana pasada, su caso saltó a los medios de comunicación porque ha estallado un conflicto entre dos profesores que discrepan sobre si merece o no ser aprobada.

Más información

El docente que se opone a aprobar a la alumna es Alfonso de la Quintana, profesor de Empresa Periodística, una materia que versa sobre el negocio de los medios de comunicación. Él cree que muchos estudiantes aprueban sin merecerlo porque a las universidades les conviene atraer alumnos dándoles facilidades. Afirma que estamos ante un ejemplo revelador de un mal de la universidad moderna, según el cual al alumno siempre hay que darle la razón. Del otro bando está su jefa, la catedrática Carmen Caffarel, responsable del departamento de Ciencias de la Comunicación y Sociología en esta universidad madrileña. Es una profesora célebre, exdirectora del Instituto Cervantes y de Radio Televisión Española. Asegura que la alumna es víctima de la animadversión de su profesor, al igual que otros estudiantes que se habían quejado de él en el pasado.

La universitaria, cuya identidad no ha trascendido, ha cursado los cinco años del doble grado sin mayores incidentes, salvo en Empresa Periodística, según Caffarel. La asignatura no es para nada uno de los cocos de esa carrera conjunta, en la que cualquier materia de Derecho requiere estudiar montañas de apuntes. En uno de los exámenes la alumna tuvo que escribir sobre los fracasos empresariales de la prensa en los años noventa y sacó solo un tres. “De las cuatro páginas de los apuntes mecanografiados que se mandaron por el campus [...] usted solo pone medio folio”, le reprocha De la Quintana en la corrección.

En otra evaluación, el profesor suspendió a la alumna porque entregó un trabajo práctico sobre las nuevas tecnologías en la prensa escrita que era un plagio. La herramienta informática que usa la universidad detectó un 40% de coincidencias con otras fuentes.

Batalla de reclamaciones

Tras una larga e infructuosa batalla de reclamaciones a comisiones de revisión, y un recurso ante el decano, la alumna acudió a Caffarel a finales del año pasado para pedirle que otra profesora la examinase de la asignatura y ésta accedió. Otra docente, Diana Fernández, la evaluó el 3 de junio con una nota de 7,5 y Caffarel le pidió a De la Quintana que incorporase esa nota al acta de evaluación, el listado que recoge las notas de todos sus alumnos. Al profesor esta solicitud le recordó al escándalo del máster de la expresidenta madrileña Cristina Cifuentes y se opuso en un correo electrónico: “Carmen, no puedo firmar una nota que no es mía, después de lo que ha pasado en la Universidad con la sentencia del caso Cifuentes. Ya que el que firma es el que se carga de toda la responsabilidad y los demás se van de rositas”.

Caffarel niega que la sustitución por otra docente examinadora sea irregular y asegura que estos reemplazos son “muy habituales” en la universidad. Se producen, por ejemplo, cuando un estudiante tiene un conflicto de calendario que le impide asistir a un examen. Además, dice que, en un correo electrónico de diciembre, había avisado a De la Quintana de la sustitución y él lo había acatado en su respuesta (aunque en aquel correo el docente le había manifestado sus objeciones sobre la posible ilegalidad).

Tras recibir el correo pidiéndole que pusiera un 7,5 a la alumna, De la Quintana publicó hace dos semanas el acta con las notas de sus alumnos. A la estudiante le puso “no presentada”. Esto disparó la tensión.

Yo no he visto en mi vida a esta estudiante. Tiene todo su derecho a acabar la carrera y este profesor quiere impedírselo
Carmen Caffarel, catedrática

Ese mismo día, Caffarel le comunicó a De la Quintana que la alumna había solicitado su recusación, una vía legal que permite apartar a docentes cuando existen conflictos de interés. Caffarel, como competente en este caso, aprobó la petición, porque considera a la alumna una víctima de la antipatía de este docente: “En un departamento con 220 profesores siempre hay quejas contra dos o tres, y él es uno de ellos”.

De la Quintana no dio su brazo a torcer. Pidió al vicerrector de Profesorado que apartase a Caffarel de esta disputa y avisó a la prensa sobre lo que estaba pasando. La Cadena SER dio la noticia el lunes de la semana. En la universidad se echan las manos a la cabeza, porque no quieren más publicidad negativa después de haber soportado en los últimos cinco años noticias sobre un rector plagiador, chiringuitos donde se regalaban másters, o un profesor acosador que llamaba “guapísima” y “sexy” a sus alumnas (este docente dependía del departamento de Caffarel).

¿Aprobados fáciles?

El profesor de Empresa Periodística cree que este asunto merece publicidad porque, según él, hay una excesiva generosidad en la universidad. “Muchos profesores en mi situación hubieran puesto un aprobado para quitarse el problema”, lamenta. El doble grado de Derecho y Periodismo en la Rey Juan Carlos tiene un 98% de tasa de éxito (relación entre créditos superados y créditos presentados), una de las más altas de esa universidad. Pero ese dato no contempla que el 18% de alumnos abandona la carrera. Es decir, todo sugiere que quien aguanta hasta el final del camino suele aprobar.

Muchos profesores en mi situación hubieran puesto un aprobado para quitarse el problema
Alfonso de la Quintana, profesor de Empresa Periodística

En el sistema universitario se da el mismo fenómeno. Las tasas de éxito y abandono son mayores que en otros países europeos. Laureano González, excoordinador de la Aneca, la agencia estatal de calidad, duda de que las universidades en España regalen los aprobados, pero añade que el sistema puede haber generado efectos perversos.

“Desde que los estudiantes dan su opinión sobre la docencia en las encuestas [cuya realización por las universidades es obligatoria] o desde que el profesor, en muchas universidades, tiene que hacer un informe si suspende a la mayoría de sus estudiantes, ha surgido el debate sobre si los profesores aprueban fácilmente para evitar problemas”. Pero añade que, tanto universidades, como agencias de evaluación, han desarrollado garantías para detectar estas situaciones.

Caffarel niega que haya facilidades para aprobar en su departamento. “Eso sucederá en una universidad privada, donde se cobra un pastón por estudiante, pero no en una universidad pública, donde se cobran precios públicos”, argumenta. “Yo este año he suspendido al cuarenta y tantos por ciento”.

También defiende a la alumna a pesar de que en la conversación con este periódico demuestra desconocer detalles del caso, como que las comisiones de evaluación a las que reclamó la alumna negaron que De la Quintana le tuviera manía. Tampoco sabía que la estudiante había sido suspendida por plagio: “A mí eso no me lo ha dicho en ningún momento”.

Subraya que no tiene ningún tipo de favoritismo por la universitaria: “Yo no he visto en mi vida a esta estudiante. Tiene todo su derecho a acabar la carrera y este profesor quiere impedírselo”.

Según ha sabido este periódico, la catedrática no se ha salido con la suya. Los servicios jurídicos han determinado que no podía apartar a de la Quintana con efectos retroactivos, de modo que el examen en que la alumna sacó un 7,5 no es válido. El embrollo continúa.

Últimas cartas

La alumna ha jugado ya casi todas sus cartas. Aún puede presentarse en las próximas semanas al examen de recuperación. Si no lo supera, podrá matricularse por cuarta y última vez. Si de nuevo suspende, podrá solicitar al rector una nueva matriculación de gracia. Otra vía disponible es solicitar la convocatoria de un tribunal de compensación que la exima de la asignatura (aunque en su expediente aparecería que la materia ha sido “compensada”, una mancha).

El profesor dice que aceptará que la estudiante se examine con otro docente, si concluyen que eso es legal. Pero dice que está “harto de chanchullos” y añade: “Que sepan que si aprobamos a personas que no lo merecen estamos defraudando a la sociedad”. Su jefa lamenta que el caso haya trascendido. “Es un tema muy complicado y muy desagradable y no deberíamos haber llegado hasta aquí”, dice sobre este último drama en la universidad de las polémicas.

Suscríbete aquí a nuestra nueva newsletter sobre Madrid.

Archivado En:

Más información

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50