LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Ayuso defiende relajar las restricciones de Madrid en plena tercera ola: “La salud no es solo no contagiarse”

La Comunidad retrasa este jueves el toque de queda y el cierre comercial cuando el principal foco de contagios es el social

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en el pleno de la Asamblea de este jueves.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en el pleno de la Asamblea de este jueves.Marta Fernández Jara / Europa Press

“La salud no es solo no contagiarse”. Isabel Díaz Ayuso ha utilizado una frase de solo siete palabras para defender una de sus decisiones más polémicas: relajar desde este jueves las restricciones para combatir el coronavirus. El toque de queda y el cierre de comercios se retrasan de las nueve a las once de la noche, pese a que Madrid es la región que más lentamente combate la tercera ola de la enfermedad. Además, cuando la mayoría de contagios se producen en el ámbito social, según los datos oficiales, la presidenta de la Comunidad apuesta por mantener la hostelería abierta, medida que no apoyan ni los barones del PP, y que ha utilizado como un arma de doble filo. De un lado, la ha usado para afearle a Vox que no apoye los Presupuestos regionales para que haya más ayudas a los comerciantes. Y del otro, la ha empleado contra la izquierda, acusándola de preferir los cierres para que así los ciudadanos dependan de las subvenciones.

“Este jueves la hostelería podrá empezar a trabajar y a recuperar el empleo perdido en las cenas porque podrá empezar a cerrar a las once de la noche″, ha recordado la presidenta de la Comunidad de Madrid durante la sesión de control semanal al Gobierno, que se celebra en la Asamblea regional. “La economía y la salud no pueden estar enfrentadas. La salud no es solo no contagiarse”, ha argumentado. “Ya que los ciudadanos no pueden ver a los suyos en casa, lo hacen ahí, y además reactivan la economía. Se están conjugando las dos cosas”, ha seguido. “Y no pongan de ejemplo otras comunidades, porque ahí el tejido industrial, comercial, si envidia algo, es lo que hacemos en Madrid”, le ha espetado a la oposición, puesto que el resto de Gobiernos autonómicos han optado por medidas más duras.

Todo eso lo ha dicho Díaz Ayuso mientras blandía un adoquín arrancado en la Puerta del Sol durante la manifestación en contra del encarcelamiento del rapero Pablo Hasél. Una jornada más, la Asamblea parecía más un plató televisivo que un Parlamento.

En ese contexto de gestos para las cámaras y expresiones explosivas -”Son el cáncer de la democracia”, le ha dicho Díaz Ayuso a Isabel Serra, la portavoz de Podemos-, los partidos de izquierda han criticado con muy diferente tono la estrategia gubernamental para recuperar la economía de la región. Así, se han movido entre la diplomacia de Ángel Gabilondo, el líder de la oposición y portavoz del PSOE -“La relajación de las medidas es controvertida”, ha criticado-, y la contundencia de Pablo Gómez Perpinyà, el portavoz de Más Madrid -”¿Su medida estrella para la economía? Ladrillazo, ladrillazo y ladrillazo”, ha lanzado-.

A por los votos de derechas

El verdadero choque, sin embargo, se ha dado entre dos partidos llamados a ser socios. PP y Vox. Díaz Ayuso y Rocío Monasterio. Dos políticas que no terminan de empezar a negociar los Presupuestos de 2021, para los que el Ejecutivo de PP y Cs necesita los votos de Vox, y que, mientras tanto, se enfrentan por capitanear propuestas que atraigan a los votantes de derechas. Está en juego quién lidera ese bloque ideológico, más si cabe tras el sorpasso de Vox a PP y Cs en Cataluña.

— Celebramos que hayan cedido a las pretensiones de Vox, ha dicho Monasterio sobre la relajación del toque de queda y el cierre de los comercios, que llevaba pidiendo semanas. Hagamos unos presupuestos que podamos defender en las colas del hambre.

— Nos hemos jugado todo por defender a la gente que levanta la economía madrileña. Llega un poco tarde y no nos va a quitar esa bandera, —le ha contestado Díaz Ayuso, que se ha negado a arrancar las negociaciones presupuestarias con Monasterio con una cena en un restaurante, como exigía la líder de la extrema derecha—. Si tanto le importa la gente, los comercios, en vez de ponernos los deberes en los micrófonos, siéntese y háganos propuestas claras, porque llevamos así meses. Prefiero ir a los bares con mis amigos y con mi familia, porque somos políticos, y debemos negociar en las instituciones.

Mientras los políticos discuten, la enfermedad avanza. La Comunidad de Madrid notificó el miércoles que hay 2.865 personas ingresadas por coronavirus en los hospitales de su red, 649 de las cuales luchan por sus vidas en unidades de cuidados intensivos. Desde que arrancó la pandemia, en febrero de 2020, más de 20.000 personas han muerto en la región por la enfermedad. Y casi 600.000 han contraído el virus.

En ese dramático contexto, y para combatir la tercera ola, Madrid ha decidido que no se puedan recibir visitas en los domicilios particulares, que solo cuatro personas puedan compartir mesa en el interior de los establecimientos comerciales (seis en las terrazas), y que haya un toque de queda de las once a las seis de la mañana. Las restricciones, sin embargo, son menores que las del resto de comunidades. Y ahora, además, vienen acompañadas de una relajación en plena tercera ola: los comercios podrán volver a cerrar a las once de la noche, pese que Madrid es la Comunidad en la que la incidencia acumulada del coronavirus desciende más lentamente.

“La razón sanitaria es que seguimos bajando y prevemos hacerlo en las próximas semanas, lo que permite retrasar la hora del toque de queda”, ha dicho un portavoz gubernamental. “La razón económica es que debemos recuperar la normalidad todo lo que sea posible”.

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