La crisis del coronavirus

Calles vacías y pocos controles en los accesos a las ciudades confinadas del sur de Madrid

Entrar y salir de los municipios con movilidad restringida resultaba más que sencillo en el primer día de aplicación de las nuevas medidas

Varios policías vigilan en un control en la avenida de los Poblados con la A-42 de salida de Madrid, esta mañana.
Varios policías vigilan en un control en la avenida de los Poblados con la A-42 de salida de Madrid, esta mañana.Eduardo Parra / Europa Press

―Hola, buenos días. ¿Pueden decirme a dónde va?―, pregunta un policía nacional junto al campus de la Universidad Rey Juan Carlos, en Alcorcón, a los dos ocupantes de un turismo rojo.

―Vamos a trabajar en la capital―, le responde la conductora.

―¿Tiene algún documento que lo justifique?―, le contesta de inmediato.

La mujer y su acompañante se bajan y sacan sendos folios de las mochilas que tienen en el maletero.

―Lleven esos certificados siempre con ustedes, porque se los pediremos a menudo en los próximos días. Ahora solo estamos informando―, les comenta el agente, mientras levanta la mano y los deja pasar.

Esa escena se ha repetido la mañana de este sábado en algunos puntos de la zona sur, donde entrar y salir de los municipios con movilidad restringida ―además de Alcorcón, Móstoles, Fuenlabrada, Leganés, Getafe, Torrejón de Ardoz y Parla― resultaba más que sencillo. Los controles son escasos y los vehículos pueden moverse con facilidad. Llama la atención la escasez de visitantes en zonas de gran afluencia de personas como el polígono del Lucero, donde se asienta el gigante sueco Ikea. O en la zona comercial de Parque Oeste.

Y todo ello en el primer fin de semana de mes, en el que la gente aprovecha que ha cobrado la nómina para hacer compras. “Mucha gente viene de otros municipios y aprovecha para pasar el día, pero, como muchos no sabían si les iban a dejar entrar, han decidido no arriesgarse y no venir”, destaca un empleado de Parque Oeste. Puntos de gran afluencia de vehículos como una gasolinera de bajo coste permite repostar sin esperas.

Los bares y restaurantes también se encuentran sin gente y los pocos que hay, pese al día soleado, son de las propias localidades. Es decir, parroquianos y habituales. De hecho, se palpa el silencio ante la falta de circulación. Las terrazas cumplen de sobra con todas las medidas impuestas por el Ejecutivo regional, pero pocos se arriesgan a quedarse en la calle, sobre todo, por el fuerte viento que soplaba a ratos.

Las carreteras también se han quedado vacías. El tráfico, sin ningún control de salida por parte de la Guardia Civil, es mínimo y no se han producido retenciones en toda la mañana, según la Dirección General de Tráfico. Muchos madrileños no han querido arriesgarse a tener que darse la media vuelta por las restricciones a la movilidad. Y ello, pese a que de momento la policía no puede denunciar a los infractores. Será necesario que los magistrados de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid den el visto bueno a las medidas publicadas el viernes en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid.

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