La crisis del coronavirus

Ni el residente fue al hospital, ni el hospital fue a la residencia

La Comunidad de Madrid anunció un plan ambiguo para medicalizar geriátricos que en la práctica los dejó abandonados a su suerte

Una anciana pasea por el jardín de una residencia de Madrid.
Una anciana pasea por el jardín de una residencia de Madrid.Luis Sevillano

En los peores días de la pandemia en las residencias de mayores de Madrid, cuando los enfermos eran excluidos por los hospitales y morían por decenas en sus camas, la presidenta de la Comunidad aclaró que no iba a enviar respiradores a las residencias. Fue el 2 de abril durante una entrevista a la cadena SER, después de llegar a Madrid el primer avión con material de China. Isabel Díaz Ayuso dijo que el destino de esas máquinas serían los hospitales y que solo en un futuro serían instalados en las residencias. “Todo el material que ahora ya hemos comprado para esta epidemia, que después no hará falta en los hospitales, quiero que sirva para medicalizar las residencias”, dijo Ayuso.

Ayuso despejaba dudas sobre el alcance de su promesa de “medicalizar” las residencias. La medida incluía los vitales respiradores que inyectan aire a presión en los pulmones, pero los residentes enfermos deberían esperar a que ya no los necesitaran en los hospitales donde les negaban su entrada.

La medicalización de los geriátricos había sido un anuncio que hizo el 12 de marzo su consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero. Era una palabra ambigua que muchos en el sector no habían oído nunca antes de esta crisis, pero daba a entender lo que todos sabían: que las residencias son lugares adecuados para cuidar, pero no para curar. Era una medida que sería complementada una semana después por los polémicos protocolos que excluían la hospitalización de mayores de residencias. Combinados, ambos buscaban descargar la presión de los hospitales, priorizando la atención sanitaria en los geriátricos.

Pero en medio del desastre, el plan de medicalización causó un gran desconcierto en las residencias. “Era jugar a lo que no somos”, dice el presidente de la Federación Española de Dependencia, Ignacio Fernández Cid.

No entendían cómo iban a curar a enfermos crónicos si apenas podían mantenerse a flote. Entre mitad de marzo y mitad de abril, murió casi el 90% de los 5.986 fallecidos en geriátricos madrileños durante toda la pandemia. Esos días algunas residencias donde entró el virus llegaron a tener un 60% de bajas de personal cuidador, según los sindicatos. Algunos centros pequeños fueron evacuados porque se quedaron sin manos; en otros, cocineros y personal de mantenimiento ayudaron a dar comidas y cambiar pañales. Abandonados a su suerte, los directores de residencias tuvieron que rogar a sus hospitales de referencia para conseguir medicamentos o morfina.

Patronales como Lares pidieron medidas alternativas como evacuaciones masivas de residentes. Otros decían ser víctimas de un sinsentido. “Es un muro que deberíamos pasar saltando, pero nos dicen que lo atravesemos a cabezazos”, decía sobre el coronavirus a finales de marzo el director de operaciones del grupo Vitalia Home, Antonio Morales. “Cuando un virus entra en una residencia actúa como una bomba biológica”, le dijo Morales a este periódico.

De acuerdo con el relato de la Comunidad, el 26 de marzo hubo un antes y un después en las residencias de la región. Ayuso puso a Escudero al frente de un plan de choque sanitario para salvar a las residencias. Según dijo él a mitad de abril, su consejería había enviado a las residencias oxigenadores y medicamentos. Añadió que los equipos de atención primaria apoyaron en visita domiciliaria a 28 residencias críticas entre el 26 de marzo y el 2 de abril. A mitad de abril, dijo, los centros de salud hacían seguimiento a más de 250 residencias y los profesionales de atención primaria atendían con presencia rutinaria otras 81.

Pero la persona que tenía a su cargo la supervisión y regulación de las residencias de Madrid considera que estas actuaciones son claramente insuficientes. El consejero Alberto Reyero, de Políticas Sociales, que tenía noticias directas de la asfixia de los centros, ha dicho que sus peticiones de auxilio fueron ignoradas durante semanas por Escudero. "Medicalizar significa no una atención puntual de un médico o enfermero, sino que tiene que haber una atención mucho más profunda, que haya medios de los que ahora no dispone una residencia”, dijo este lunes en una entrevista en Telemadrid, según las palabras recogidas por Europa Press.

La justicia madrileña también ha considerado que la medicalización de residencias ha sido insuficiente. A petición de los Ayuntamientos de Leganés y Alcorcón, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ordenó a finales de abril a la Comunidad que dotara de manera urgente a las residencias de esos municipios de personal y material sanitario.

La propia Consejería de Sanidad madrileña parece haber echado por tierra el discurso de Escudero porque la semana pasada describía como “rutinario” su apoyo médico a las residencias. En la propuesta remitida al Gobierno central para que Madrid avanzara de fase en la desescalada se dice que “todas las residencias están cubiertas por la atención sanitaria habitual”, según el informe del Ministerio de Sanidad.

Un término nuevo

Medicalización es un término que deja confundidos a muchos buenos conocedores del sector. "Es lo que cada uno quiera entender”, dice Josep de Martí, director del portal Inforesidencias.com. “En el lenguaje del sector se hablaba hasta ahora de residencias sociosanitarias, o de media estancia o de rehabilitación o cuidados paliativos”. Son expresiones que hacen referencia al camino de algunos geriátricos hacia un modelo híbrido, pero muy lejano a los servicios de un hospital.

Ni Madrid ni ninguna otra comunidad, exige la presencia de enfermeros las 24 horas del día. Según la Consejería de Políticas Sociales, 135 de los 475 centros residenciales de mayores en Madrid no tienen médico en su plantilla, y 106 solo lo tienen en turno de mañana.

Desde los años noventa, las residencias han reforzado su atención sanitaria, conforme ha aumentado la esperanza de vida y ha crecido el número de personas dependientes. Las leyes empezaron a exigir la presencia durante ciertas horas del día de enfermeros y médicos, en función del número de residentes y su grado de dependencia. Pero el coste elevado de estos servicios ha motivado que las pymes del sector se opusieran a que los geriátricos se convirtieran en sustitutos de los hospitales. Los grandes grupos han jugado con esa baza, una garantía para las familias que les ha permitido cobrar más por cada plaza.

Antes de la pandemia, las residencias más caras promocionaban como un indicador de calidad su bajo número de derivaciones hospitalarias, dice Aitor Pérez, director de la consultoría Gerokon: “Cuantas menos hospitalizaciones, mejor”.

Como aún no tenemos datos de enfermos y muertes por covid-19 detallados para cada residencia es imposible saber si esas residencias con más sanitarios han salido mejor paradas de esta crisis. Pero los expertos dicen que ni siquiera ese tipo de centros se asemejan a un hospital.

Quienes defienden la actuación de la Comunidad de Madrid señalan a los datos de muertes en residencias de otros países desarrollados. El presidente de la Sociedad Española de Geriatría, José Augusto García Navarro, ha dicho en un comunicado que residencias de países como Canadá, Francia o Suecia han tenido una mortalidad muy alta. “El culpable, el único culpable es el coronavirus”, escribió García Navarro. Es un argumento que no convence a centenares de familias de fallecidos que insisten en que la Comunidad relegó a los mayores.

¿Conoces casos de discriminación o irregularidades en una residencia de la Comunidad de Madrid? Contacta con los reporteros fpeinado@elpais.es o jdquesada@elpais.es o mándales un mensaje por Twitter a @FernandoPeinado o @jdquesada

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