Pongamos que hablo de morir

Si existiera un nacionalismo madrileño, el himno oficioso de la ciudad que canta Sabina sería un curioso caso de chovinismo inverso

Joaquín Sabina, en una imagen de archivo de 1988. / Getty
Joaquín Sabina, en una imagen de archivo de 1988. / GettyFoto: Getty

Cuando Joaquín Sabina presenta Pongamos que hablo de Madrid en La Mandrágora dice: “Esta es una historia de amor y de odio a una ciudad invivible pero insustituible”. También explica que la melodía es obra de un señor llamado Antonio Sánchez (aquel señor tan alto de Académica Palanca, ¿lo recuerdan?). En este bellísimo himno oficioso se nos habla de nuestra metrópoli como un lugar donde los niños buscan el mar en un vaso de ginebra, los pájaros visitan al psiquiatra, el sol es una estuf...

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