ACOSO SEXUAL

La Rey Juan Carlos abre una investigación por un presunto acoso de un profesor a varias alumnas: “Me gustas de todas las formas posibles”

El tutor lleva 14 años en el grado de Comunicación de esta universidad pública de Madrid. El rector abrió una investigación en octubre, pero todavía no ha concluido

A la izquierda, la entrada de una de las Facultades de la Universidad Rey Juan Carlos. A la derecha, uno de los mensajes de WhatsApp del profesor a una alumna.
A la izquierda, la entrada de una de las Facultades de la Universidad Rey Juan Carlos. A la derecha, uno de los mensajes de WhatsApp del profesor a una alumna.

La universidad pública Rey Juan Carlos de Madrid ha abierto un expediente contra un profesor del grado de Periodismo y Comunicación Audiovisual por acosar, supuestamente, a varias alumnas en los últimos años. Este periódico ha recogido hasta cuatro testimonios de estudiantes de distintos cursos y sin relación entre sí. La universidad abrió una investigación al tutor el pasado mes de octubre, que todavía no ha concluido. El centro apartó al profesor tras iniciar la apertura del expediente, pero él ya se había dado de baja un mes antes. El escándalo ha salido a la luz tras la publicación de varios testimonios de alumnas en un perfil de Twitter e Instagram de estudiantes de la universidad.

La mayoría de las estudiantes consultadas prefieren que su nombre no aparezca. Andrea Fernández, de 23 años, sí. Ella recibió un correo y varios mensajes de WhatsApp durante varios días el pasado septiembre. “No quiero que este señor vuelva a dar clase en su vida”, cuenta ahora por teléfono. El profesor lleva en la Rey Juan Carlos más de 14 años con un contrato de visitante, renovado año tras año.

La alumna Fernández muestra un mensaje de WhatsApp del profesor a las 10.13 del pasado 28 de septiembre: “Hola, te aviso por aquí de que te he enviado un correo a tu gmail para darte las gracias (con algunas notas de seriedad y muchas patéticas tonterías). Bsss. Soy el profe de barba”. El correo, de más de 700 palabras, arrancaba así: “Podría decir que me gustas mucho, de todas las formas posibles, incluida la que tiene que ver con el erotismo “las cosas sesuales…arrrr” (…) estoy harto de fracasar con amores imposibles (…) Ojalá fuese el principio de una buena amistad (a falta de pan…jejej). Este mensaje es para tu corazón, escóndelo, guárdalo, dentro y saboréalo como un secreto, espero, hermoso. Solo para tus ojos (…) Con todo mi cariño y amistad, y una lluvia de besos escritos y platónicos (que nunca podré darte en la vida real)”.

Al día siguiente recibió otro mensaje de WhatsApp pasadas las once y media de la noche: “Aylofyu”. Y otro a las 16.21 del día siguiente: “No sabes cómo lamento no ser joven (emoticono de triste). Mañana y pasado estaré solo. Psiquiatra, el martes. Miércoles, dormir. Mi esposa se va dos días de vacaciones porque yo ya no le doy lo que quiere. (…) Yo lo que quiero es que me quieran, nada más. (…) Tengo una hija como tú, pero ella no me pregunta esas cosas. Me quiere y me trata con cariño, pero es mi hija, y muchas cosas están escondidas en esa relación padre-hija. (…) No quiero ser un viejo rijoso y verde, porque no lo soy, pero me temo que, sin remedio, terminaré pareciéndolo. Te pido perdón por ser sincero y, quizás, abusar de tu confianza. No te sientas avergonzada, yo me comportaré noblemente y te trataré como a una amiga y buena persona (aparte de guapísima y sexy, pero yo creo que somos mayorcitos para entenderlo todo. Noto ALGO entre tú y yo (al menos, de mí hacia ti). Si me tengo que afeitar la barba para gustarte, dímelo, que yo por ti, lo que sea”. Andrea no contestó a ninguno.

Otra estudiante cuenta que a principios del curso pasado el tutor se quedó hablando con varios alumnos en los alrededores del campus. “Salió el tema de la edad. Él dijo que tenía 60 y yo le dije que aparentaba 32”. Él contestó: “Yo te echo 32… polvos”. “Hubo un silencio incómodo en el grupo. No supimos reaccionar”. Días después, la abordó en un pasillo de la facultad: “Aprovecho ahora que no estás con tu novio”. Ella se quedó paralizada. “Ahora me arrepiento de no haberle denunciado”.

Amanda (nombre ficticio para preservar su intimidad) coincidió con él en el curso 2017-2018. Dice que una vez en clase el tutor puso la película Psicosis. Al terminar, se abrió un coloquio y se dirigió hacia su pupitre: “¿Y tú, qué opinas, que no hablas mucho?”. Ella le contestó: “Me parece un poco tóxica”. El profesor, siempre según su versión, entró en cólera y empezó a gritar delante de sus compañeros: “Tú, feminazi, ¿qué te crees? Os creéis que no se os puede decir nada, ¿verdad? Como tú eres fea y no ligas, te da envidia que no te digan nada”. Amanda habló con sus padres. Al día siguiente se acercó a él y le dijo: “Te voy a denunciar. Me pareces deplorable”. Él se echó a llorar y le dijo que sufría depresiones. “Empezó a decirme que era amigo del rector, que me iban a echar de la universidad. Que sabía dónde vivía”. Después, el profesor se arrepintió y escribió una carta a los padres de la alumna pidiéndole disculpas por su comportamiento. Ella se cambió de campus. “No quería volver a verlo nunca”.

Andrea, la alumna que prefiere que su caso salga a la luz con nombre y apellidos, cuenta que las clases de este tutor eran dinámicas y participativas. Que un día les dijo a los alumnos que lo mejor para el transcurso de la asignatura era crear un grupo de WhatsApp. Los alumnos aceptaron. “De ahí sacó mi número y el de mis compañeras”. Otra mañana, al salir de clase, conversó con una amiga en la puerta de clase. Las dos se marchaban a tomar algo a un bar cercano. Él, que estaba escuchando la conversación, les pidió unirse. “Nos quedamos a cuadros, ¿qué íbamos a decirle?”. Al llegar al bar estaban dos amigos en una mesa. “¿Son vuestros novios?”, inquirió el tutor. “Monopolizó la conversación. Nos empezó a decir que iba al psiquiatra, que estaba muy mal con su mujer, que tenía un amor prohibido. Empezamos a ver que no era muy coherente”.

Al rato, recibió aquel correo electrónico en el buzón. Ella se lo dijo a sus amigos. “Me dijeron que era porque yo era muy simpática, pero yo no le he dado pie a nada, por favor. Me sentí supermal”. Después, lo habló con sus padres, que le recomendaron que lo mejor era “dejarlo pasar”.

“Pero tenía algo dentro”, cuenta. Días después, se lo contó a una profesora al salir de clase. En el aula había otra alumna que estaba recogiendo sus cosas. “Perdón que me meta, ¿estáis hablando del profesor…? Es que a mí me está mandando mensajes también”, dijo la joven. La tutora les dijo que lo mejor era que hablaran con el delegado de la titulación de Comunicación, Fabio Martínez.

“Siempre había escuchado rumores de este tutor, pero nunca había recibido una queja formal”, cuenta Martínez, que rápidamente envió un mensaje al decano de la facultad, Miguel Baños. El 30 de septiembre el profesor se entera de que van a iniciar una investigación contra él. Al día siguiente no acudió a las clases. Está de baja desde entonces.

La versión de la URJC es la siguiente. Tras conocer los hechos, el 31 de octubre de 2019 se inició la apertura de un expediente por un supuesto acoso. El 28 de febrero, cuatro meses después, la universidad le dice al profesor que presente las últimas alegaciones. Durante este tiempo se decretó el estado de alarma y el profesor no ha acudido. “Aún le quedan 24 horas para recogerlo, que será cuando se levante el decreto”, indica un portavoz de la Rey Juan Carlos.

El pasado jueves el rector Javier Ramos explicó durante una hora el asunto a los 21 directores de los distintos departamentos. La mayoría desconocía el presunto caso de acoso, según varios de los que estuvieron presentes. El rector, según las mismas fuentes, condenó los hechos y alertó a los presentes de que iba a salir en EL PAÍS.

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