#LasCasasNoSonHoteles

“Las persianas están echadas. Los turistas no aplauden... porque no están. Y yo quiero vecinos con los que salir a aplaudir”, escribe la autora

Un patio interior del centro de Madrid, con persianas cerradas en pisos que suelen alquilarse a turistas.
Un patio interior del centro de Madrid, con persianas cerradas en pisos que suelen alquilarse a turistas.

El lenguaje es maravilloso. Casi siempre facilita todas las herramientas para desmontar a los tramposos. Y gran parte de los propietarios (y empresas) que han contribuido a dañar la convivencia y desmantelar el tejido vecinal en algunos edificios del centro, lo son. Son tramposos. Hay que ponerse en lo peor cada vez que los depredadores de vecindades rebuscan y propagan eufemismos para no llamar a las cosas por su nombre y ocultar lo que de verdad son: mercaderes que buscan la rentabilidad rápida y constante de los turistas antes que la de los inquilinos. Y si esos eufemismos acaban convirtiéndolos en siglas para disimular aún más el negocio, ahí tienen la prueba de su alevosía y su perfidia.

Son los listos de las VUT, que evitan decir “Viviendas de Uso Turístico” para ocultar el negocio, la contradicción y la mentira: una vivienda no puede ser de uso turístico porque, entonces, ya no es vivienda. Vayamos al diccionario. Piso: “Conjunto de habitaciones que constituyen vivienda independiente en una casa de varias alturas”. Busquemos ahora vivienda: “Lugar cerrado y cubierto construido para ser habitado por personas”. ¿Qué es habitar?: “Morar”. ¿Y qué significa morar?: “Residir habitualmente en un lugar”. Todo lo contrario de lo que hace un turista. Así que menos idioteces de siglas, eufemismos y contradicciones léxicas.

Los pisos y las viviendas son para vecinos, no para turistas. Las casas no son hoteles. En mi calle hay un magnífico hotel, varios hostales, pensiones y un edificio entero de apartamentos turísticos creados para tal fin y con los controles de seguridad y convivencia que requiere un establecimiento de estas características. Es decir, si una panda de turistas ruidosos y maleducados monta follón, el gestor tiene medios para expulsarlos; las comunidades de vecinos, no. Por cierto, rara vez se les ve el pelo a los codiciosos propietarios de pisos turísticos por las reuniones de la comunidad. Poco les importa a la mayoría los intereses comunitarios. Son los que nos arruinaron la convivencia y el descanso aquellos días de junio de 2019 encajándonos a los hooligans del Liverpool y el Tottenham, borrachos o embroncados, tras la final de Champions. Son los que se creen que sus clientes son los más educados del mundo porque no los sufren, solo les cobran. Son los que, quizás, están saliendo a aplaudir a las ocho de la tarde a los sanitarios y demás servidores públicos, pero que han provocado con su depredación vecinal que en los barrios del centro seamos muchos menos los que salimos a aplaudir porque han contribuido a matar parte del tejido vecinal.

Las persianas están echadas. Los turistas no aplauden... porque no están. Y yo quiero vecinos con los que salir a aplaudir, los que responden cuando les das los buenos días, a los que pasarles un táper con lentejas, sacarles el perro si no pueden o traerles la compra si están enfermos. Los depredadores de barrios destruyen la convivencia.

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