Los velatorios de muertos con coronavirus: “Aquí no viene nadie. La gente tiene miedo”

Familiares de un fallecido que estaba contagiado disculpan la ausencia de amigos y conocidos en el tanatorio. El Ayuntamiento de la capital anuncia la prohibición de seguir celebrándolos

Empleados de la funeraria meten ayer un féretro en un coche en el Tanatorio Sur.
Empleados de la funeraria meten ayer un féretro en un coche en el Tanatorio Sur.ADOLFO BARROSO

Es poco antes de la una de la tarde. Decenas de personas se congregan en las entradas de las salas de velatorios del Tanatorio Sur, en Carabanchel. Hablan entre ellas o por el teléfono móvil. Crean pequeños corros, aprovechando la buena temperatura que hace en la capital. Eso se repite en todas las salas, menos en una. En esta solo hay un hombre apoyado en la barandilla del pasillo. Al poco se le acerca otro, delgado y con barba bien recortada. Dentro se encuentra el cuerpo de un hombre de 81 años que ha fallecido en el hospital de Torrejón de Ardoz con coronavirus. Sus familiares no han recibido casi visitas. Tan solo los amigos más allegados de los dos hijos del difunto. “Aquí no viene nadie. Los amigos de mi padre son también mayores y no se atreven a venir. La gente tiene mucho miedo”, afirma el hijo, que prefiere no dar su nombre. [Este jueves el Ayuntamiento de la capital ha anunciado que quedan prohibidos velatorios a muertos con coronavirus en la empresa pública dependiente del Ayuntamiento]

El fallecido tenía problemas respiratorios previos y una salud algo debilitada por la edad. Hace unos días ingresó en el hospital de Torrejón con malestar y de ahí casi fue directo a la unidad de cuidados intensivos. Sobrevivió solo seis días desde que le dijeron que tenía coronavirus. “He mandado decenas de mensajes de WhatsApp y de SMS a sus amigos y conocidos y no se ha acercado ninguno. Creen que, si se pasan por aquí, pueden acabar contagiados, cuando no les va a pasar nada”, relata el hijo. En el recuerdo están los 40 infectados de Haro (La Rioja), tras acudir uno de ellos a un funeral en Vitoria.

Y el miedo persiste a pesar de las medidas sanitarias que adopta la Empresa Municipal de Servicios Funerarios y Cementerios de Madrid. Sus responsables siguen la norma dictada por el Ministerio de Sanidad y obligan a que el velatorio se haga con el ataúd cerrado para evitar cualquier fuga del virus pandémico.

“En este sentido, Servicios Funerarios de Madrid no tiene competencias para impedir que los familiares decidan velar o despedir al fallecido. No obstante, para evitar focos de contagio, desde la Empresa Municipal se está recomendando no hacer velatorios. En la práctica totalidad de los casos así lo están decidiendo las familias”, reconoce un portavoz municipal. Ahora bien, si los allegados deciden que se celebre el velatorio, se activa un protocolo especial de desinfección total de la sala. El jueves a mediodía, en la rueda de prensa posterior a la junta de Gobierno, el Consistorio de la capital ha anunciado que quedan prohibidos los velatorios a muertos por coronavirus, informa Luis De Vega.

Otras funerarias privadas que operan en la región, como Parcesa, Nuestra Señora de los Remedios o Interfunerarias, prohíben directamente que haya velatorios en caso de que el fallecido estuviera infectado de la Covid-19. Las recomendaciones del Ministerio de Sanidad permiten que los familiares se despidan del muerto, pero sin que haya contacto físico. El personal de la funeraria que recoge el cuerpo se pone un mono-traje especial de aislamiento, que incluye guantes, gafas y mascarillas para evitar cualquier contagio. Está todo completamente precintado. “Lo que nos estamos dando cuenta es que las privadas están rechazando esos casos y nos tenemos que hacer cargo nosotros”, protestaba este miércoles algún comercial de la Empresa Municipal de Madrid.

Sudarios especiales

El traslado de los fallecidos se hace en las mismas bolsas que se utilizan para enviar los cuerpos fuera del país. Antes se utilizaban féretros cerrados de zinc, pero ahora se ha optado por un sudario reforzado con recubrimiento en el interior y con una única cremallera. Esta se cierra con un pegamento especial de forma que ya no se puede abrir. Este saco tiene una apertura de plástico en la parte superior, donde solo se puede ver la cara del fallecido. “Son medidas higiénicas extremas. Todo el material empleado solo se puede utilizar una vez. Luego se destruye”, explican varios comerciales de estas funerarias. El cuerpo se mete en una cámara frigorífica aislada hasta que se entierra o se incinera. Después, se somete toda la zona a una desinfección a fondo, al igual que los vehículos utilizados en el transporte.

Las recomendaciones del Ministerio de Sanidad son que no se realicen autopsias a los infectados de coronavirus para evitar cualquier posible contagio. De hecho, hasta el momento, solo ha habido un fallecido, de 79 años, contagiado en el Instituto Anatómico Forense que murió en el hospital de Móstoles y que fue enterrado el martes en Aranjuez. “Eso, hasta ahora. Puede que haya habido más casos y que nadie nos lo haya dicho. Como los análisis tardan tanto y aquí, en el anatómico, no se los hacen siempre, a veces no nos enteramos”, comentan algunos empleados de las funerarias.

Los comerciales también se quejan de que sus compañeros de recogida del cuerpo sí están bien dotados, mientras que ellos tienen que contratar los servicios con los familiares. Estos en definitiva han estado en contacto con el contagiado y pueden desarrollar la enfermedad. “No tenemos ni mascarillas ni nada similar, por lo que corremos riesgo de resultar contagiados. Nadie se acuerda de nosotros”, protesta un trabajador.

Hasta las 11.30 del miércoles, habían fallecido en la Comunidad de Madrid 31 personas y otras 1.024 habían dado positivo en las pruebas de coronavirus. De ellas, 157 ya habían recibido el alta.

Es la una de la tarde y se acercan los empleados de la funeraria municipal. Le comunican al hijo del fallecido por la Covid-19 que ya ha llegado la hora y que deben despedirse. Lo hacen a través del cristal de la sala. No les quedan ni fuerzas para ir hasta el cercano crematorio del cementerio de Carabanchel. Prefieren dar el último adiós allí mismo. Solo hay cuatro personas en la sala. El miedo de los ausentes está muy presente.

“Ahora nos toca comprobar caso a caso”

Uno de los problemas al que se enfrentan las funerarias es que entre los fallecidos haya algún contagiado de coronavirus y no conste este extremo en el certificado de defunción. Las sospechas saltan cuando el muerto tiene ya cierta edad, en especial más de 70 años, y la causa del fallecimiento es una insuficiencia respiratoria o una afección similar (bronconeumonía). Algunos comerciales llaman directamente a los hospitales para ver si tenía la enfermedad. “Ahora nos toca comprobar caso a caso para tomar las medidas necesarias tanto entre los compañeros como por las instalaciones en que haya estado el cuerpo”, reconocen fuentes del sector funerario. “Se trata de un problema de salud pública y algunos centros no parecen darse cuenta”, añade.


Información sobre el coronavirus

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