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Junts y PSC arrinconan a ERC ante el 12-M

El arranque de la campaña para las elecciones catalanas está marcado por la polarización entre el favorito de los sondeos, Illa, y las ansias de protagonismo de Puigdemont, que desplazan a Aragonès

Josep Rull (Junts), Salvador Illa (PSC) y Pere Aragonès (ERC), antes del debate organizado por Pimec
Debate electoral organizado por Pimec en Barcelona. De derecha a izquierda, Pere Aragonès, Salvador Illa y Josep Rull, representante de Junts en ausencia de Carles Puigdemont.Massimiliano Minocri

Quedan cinco días para que comience la carrera electoral en Cataluña y la precampaña, tan inesperada como el propio adelanto electoral, ya permite esbozar el tablero en el que se desarrollará el último tramo hasta el 12-M. El principal afectado por el dibujo es el president y candidato Pere Aragonès. El republicano tendrá que emplearse a fondo si quiere hacerse oír en un escenario polarizado en torno a sus dos principales rivales, el socialista Salvador Illa y el candidato de Junts, Carles Puigdemont. Los planes iniciales de ERC de ceñirse a vender la obra del Govern y exhibir perfil institucional chocan con el vacío al que sus dos rivales han condenado a los republicanos: Illa, evitando personalizar sus críticas en los independentistas; y Puigdemont, ungiendo al socialista como el rival a batir.

Las elecciones catalanas de febrero de 2021, celebradas en plena pandemia de covid-19, dejaron un triple empate. Entonces, el PSC fue la fuerza más votada (652.858 sufragios) pero ERC le igualó en número de escaños (33), pese a tener 49.000 votos menos. El partido fundado por Puigdemont ocupó el tercer puesto, con 32 escaños y a poco menos de 36.600 votos de sus exsocios de Esquerra. Illa ni siquiera pudo explorar alianzas porque el dominio aritmético del bloque independentista se repitió en unos comicios con la participación más baja de la serie histórica (51,4%).

La foto en precampaña, pendiente aún de una encuesta que refleje el efecto Puigdemont, certifica la tendencia de Illa en primera posición, ganando distancia sobre el pelotón, mientras las dos formaciones independentistas se enzarzan por ver quién ocupa el segundo lugar. Pero para ERC y Junts, el 12-M no va solo del resultado global, sino de cuál de los dos consigue la primacía independentista, un frente de batalla extra. A diferencia de 2021, ambas formaciones comparten el mismo carril de la negociación con el Gobierno central. Estos comicios son los primeros tras el giro de guion del fundador de Junts, cuando en noviembre votó a favor de investir a Pedro Sánchez tras cerrar el acuerdo sobre la amnistía.

Tanto en Junts como en ERC creen que el caso Koldo afectará negativamente las expectativas “infladas” del PSC. Illa acabará la precampaña compareciendo ante el Congreso y el Senado en las comisiones de investigación sobre la compra de mascarillas durante la pandemia de la covid, pero en su partido creen que su comparecencia le puede resultar favorable. El otro objetivo del candidato socialista es que cale su discurso sobre acabar con la “década perdida” en Cataluña.

“Estamos como estamos después de 10 años de gobiernos compartidos entre ERC y Junts. El balance no puede ser peor, 10 años de gobiernos independentistas”, decía el candidato hace un mes, en el Congreso del PSC. Illa opta estos días por meter en el mismo saco a sus rivales, sin nombrar a nadie. La estrategia de combinar crítica y responsabilidad al negociar con el Govern, que ha exhibido toda la legislatura, parece ser avalada por los votantes, según las encuestas.

Pere Aragonès, en tanto presidente de la Generalitat, también ha optado por un papel alejado del cuerpo a cuerpo. Se ha centrado en situar al PSC como su gran rival, contraponiendo su obra de gobierno con lo que podría deparar el aterrizaje de un Ejecutivo socialista. Pero, el 8 de abril, la petición de Junts de que el debate electoral de TV-3 se celebrara en Francia, donde vive ahora Puigdemont, dio un giro a la estrategia de ERC. Sobre el expresident aún existe una orden nacional de detención, por lo que no puede pisar España. Illa ignoró la petición, pero Aragonès la aceptó rápidamente. En su equipo creen que tras la euforia al conocerse su decisión de ser candidato por Junts, el efecto Puigdemont se irá desinflando en campaña por su falta de propuestas. Por ello defienden buscar el cara a cara con él, que Puigdemont ha desdeñado. “Ha sido un gran error estratégico, pues así le das legitimidad a Puigdemont”, opina Ernesto Pascual, profesor de Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya. Con Illa aún sin entrar en el cuerpo a cuerpo con sus rivales, cree el experto, el movimiento deja al republicano en una posición de cierto seguidismo ante el expresident.

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“Aragonès e Illa ponen el peso del discurso en la gestión. Illa podrá sonar más creíble pero no ha gobernado, mientras que Aragonès ha de pagar ese desgaste”, opina el politólogo y profesor lector de la UAB Marc Guinjoan. El experto opina que ERC no ha conseguido que calara en la ciudadanía la obra del Govern. La decisión de Aragonès de aceptar el debate con Puigdemont se explica en parte para intentar mostrar que hay partido. “El proyecto de Salvador Illa es España y el de Carles Puigdemont es Carles Puigdemont”, fue la idea con la que debutó en campaña el propio president, el día 13.

Una de las grandes incógnitas es el papel que desempeñará el presidente de ERC, Oriol Junqueras. “Ahora, si ERC quiere atacar a Puigdemont, lo tendrá que hacer desde un valor superior o igual al suyo y eso solo lo ofrece Junqueras”, cree Pascual. En la dirección de campaña de ERC descartan un reparto de papeles.

En Junts dan por hecho el triunfo sobre ERC. La formación posconvergente prioriza quedar por delante de los republicanos para poder tener ventaja a la hora de fijar las condiciones de la negociación. “Hay que elegir entre un Govern liderado por Puigdemont o Illa”, repite Albert Batet, director de campaña del expresidente catalán. La idea de los estrategas del partido es que el choque a dos con Illa incentiva la movilización de un voto útil en favor de Puigdemont.

Junts se presenta así como el salvavidas del independentismo para retener la Generalita y abunda en la idea de que la gestión de Esquerra ha desembocado en “un Govern débil, sin rumbo, que genera un estado de desconfianza y desilusión colectiva”.

La prioridad de Puigdemont ha sido articular una lista que escape de las costuras del partido, e incluir a personas independientes que ayuden a difundir la idea de candidatura transversal. “Una candidatura de país, no de partido”, repite Puigdemont.

“Hay que recuperar la ambición y el liderazgo”, subraya Batet. Uno de los mantras que ha repetido Junts en el Parlament es que Esquerra no saca ningún rédito para Cataluña de su buena relación con el Gobierno. Esa idea se va a reiterar durante la campaña: “Hay que hacerse respetar ante el Gobierno, negociar bien y de tú a tú con el Estado, y que se cumplan los acuerdos”, manifiesta el director de campaña de Puigdemont.

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