Sant Jordi: la fortaleza del catalán
Tenemos la oportunidad de celebrar que, por lo que respecta al uso del catalán, no estamos tan y tan mal

Este Sant Jordi hay que resistir la tentación de alargar la broma de Eduardo Mendoza sobre el asesinato del dragón, que ahora sería imposible al tratarse de una especie protegida, y tampoco hay que dar mucha cancha a los pobres de espíritu que sugieren boicotear al laureado escritor (solo cabe desear que no se les ocurra ir por ahí quemando ejemplares de La intriga del funeral inconveniente).
Puede resultar más oportuno hablar del libro y de la industria editorial, y concretamente del libro y de la industria editorial en catalán. Somos testigos un año más de un alud de ventas de libros en catalán que, si sus regaladores la aciertan, se convertirá en un alud de lecturas en catalán.
Entre cierto activismo lingüístico catalán se ha instalado el mantra de que el catalán se encuentra en una situación de emergencia. Hace cuatro días, incluso una persona tan razonable como David Minoves, presidente del Ciemen, afirmaba en las páginas del diario Ara que el uso del catalán se encuentra “en caída libre”. La verdad es que estos activistas sufren dos sesgos simultáneos: el “sesgo de confirmación”, que consiste en dar más peso a la información que confirma nuestras creencias previas, y el “sesgo de selección”, que es la tendencia a incluir algunos datos y no otros en la formación de dichas creencias y en la toma de decisiones. Dicho rápido: los activistas alarmistas se aferran a los datos que confirman su alarmismo e ignoran los datos que servirían para desmentirlo o, como mínimo, para matizarlo.
En la Encuesta de Participación Cultural que se realiza cada año en Cataluña hay una pregunta sobre la lengua del último libro leído por los entrevistados. En 2024, el 25,5% de los entrevistados habían leído su último libro en catalán; en 2025, la proporción fue del 24,9%. Hay que forzar muchos esos datos para sostener que la pequeña oscilación entre el 2024 y 2025 ‒que se encuentra dentro del margen de error de la Encuesta‒ constituye un caso de “caída libre” del uso del catalán. En esta cuestión es importante destacar que estos datos no significan que solo una cuarta parte de la población catalana lea libros en catalán. La misma Encuesta pregunta a los entrevistados si han leído algún libro en catalán en los 12 meses anteriores; en 2024 el 47,3% dijeron que sí y en 2025 fueron el 46,9%, otra minúscula oscilación que casa mal con la tesis de la “caída libre”. Detrás de este estable consumo de libros en catalán está naturalmente una industria editorial que también da muestras de estabilidad: en 2023 se publicaron en Cataluña 10.323 títulos en catalán, que eran una cuarta parte del total, proporción que prácticamente no ha variado a lo largo del último lustro.
En definitiva, le llamemos “Sant Jordi” o “Día del Libro”, entre otras muchas posibilidades, tenemos la oportunidad de celebrar que, por lo que respecta al uso del catalán, no estamos tan y tan mal.


























































