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No es ‘expat’ todo lo que reluce: también tienen sueldos bajos y alquileres altos

Los extranjeros con alta cualificación son un 10% de la población de Barcelona. Pero sus procedencias o salarios son muy variados. Y comienza a disgustarles el coste de la vida y el impacto del turismo

Clara Blanchar
Nómadas digitales
Café del barrio del Poblenou de Barcelona donde trabajan mayoritariamente extranjeros, en una imagen del año pasado.Gianluca Battista

El término expat (expatriado) es el último pararrayo del malestar de los barceloneses ante lo que se está complicando vivir en la ciudad con un sueldo del montón. Si hace años fueron los turistas, Airbnb o los nómadas digitales, el concepto de expatriado es ahora la figura que los locales señalan como responsable de parte de sus males, como el desmadre en los precios de la vivienda. ¿Pero qué es un expat? ¿Tópico o etiqueta de autoidentificación? ¿Es un extranjero que trabaja en Barcelona para una compañía internacional? ¿Que ha elegido vivir en Barcelona porque le resulta asequible, hace sol y tiene playa? ¿Cuántos hay? ¿De dónde son? ¿Dónde viven? ¿Cuánto cobran?

Lo han investigado Antonio López Gay y Brian Rosa del Departamento de Geografía de la Universidad Autónoma de Barcelona y del Centro de Estudios Demográficos, en el proyecto Ciudades en movimiento: reconfiguración socio espacial en la era post pandémica, financiado por el Observatorio Social de la Caixa. El resultado preliminar sorprende y desmonta estereotipos. Si la etiqueta de expat con más consenso señala a una persona de Estados Unidos o algún país europeo, cualificada y con un sueldazo... la realidad es que los migrantes cualificados tienen perfiles diversos y complejos. Comparten la alta cualificación y que su movimiento es deseado y la destinación, elegida. Pero sus países de origen son variados, no todos tienen sueldos estratosféricos y muchos tienen ganas de integrarse. También comienzan a cuestionar el elevado coste de la vivienda, los impactos del turismo y ven cómo crecen los contratos de alquiler de temporada.

El trabajo se presentó este martes durante un seminario en el Centro de Estudios Demográficos. Analiza cuantitativamente el crecimiento de la población de Barcelona con alta cualificación académica (estudios universitarios o post universitarios) nacida en el extranjero; e intenta diseccionar su realidad a partir de una encuesta a casi 400 personas y focus group (grupos de debate reducidos). El trabajo constata “el aumento del flujo migratorio internacional” a las ciudades del sur de Europa. En el caso de Barcelona, el censo de 2021 y la Encuestas Sociodemográfica de 2022 muestran un escenario parecido, explica López-Gay: en el municipio de Barcelona residen entre 190.000 y 200.000 personas con estudios universitarios nacidas en el extranjero. Son algo más del 10% de la población de Barcelona, si se cuenta que el padrón puede estar sobreregistrado, precisa López-Gay. De ellas, unas 125.000 personas han llegado en los últimos 10 años y la gran mayoría son adultas-jóvenes. En el grupo de edad 25-39 años, la población nacida en el extranjero con estudios universitarios representa el 30% de toda la población de esta franja.

Brian Rosa destaca que el trabajo constata que “el discurso del expat es un poco reduccionista”, y él mismo, nacido en Estados Unidos, admite que pudo identificar el término con estereotipos de las redes sociales o los medios de comunicación. “Existe la suposición de que los extranjeros vienen a Barcelona porque es barato para vivir y tienen grandes salarios, y no es del todo cierto”, conviene. Y señala el hecho de que “el 30% de los encuestados gana igual o menos que el salario medio de la ciudad” o la cantidad de extranjeros que conocen los beneficios fiscales de la Ley Beckham, “un debate en el que se entra poco”, apunta. “Es cierto que los llamados expats contribuyen a la gentrificación, incluso si se trata de un término impreciso, culturalmente construido y de significado cambiante... pero el discurso sobre los migrantes buenos y malos es políticamente peligroso”, concluye.

La encuesta cualitativa (realizada a casi 400 extranjeros cualificados) muestra que más del 80% mayoría están empadronados en Barcelona (en su actual piso o el anterior en la ciudad). En función de su país de origen, la autopercepción es distinta: los que proceden de África, Asia y Latinoamérica son los que más se identifican con la definición de inmigrante (casi el 40%, la presentación del sondeo no especificó los datos exactos) y, en cambio, el concepto “expat” tiene más peso en la autopercepción de los europeos, norteamericanos o canadienses (sobre un 30%). Ninguna de las procedencias se identifica con el término nómada digital.

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Los sectores en los que más trabajan estos profesionales con estudios universitarios nacidos en el extranjero son los de las nuevas tecnologías, investigación científica y sector público, educación o salud. Entre un 50% y un poco más de un 40% trabajan en casa, y entre entorno a un 35% en la sede de su empleador. La encuesta también les pregunta por su salario: cuanto más elevado, más se benefician de bonificaciones fiscales. Es el caso de casi el 20% de los extranjeros que cobran entre 2.000 y 4.000 euros al mes; y hasta el 40% de los que cobran más de 4.000. En concreto, la pregunta a la respondían era si se benefician de la Ley Beckham, que permite pagar menos impuestos. Y hay grandes diferencias salariales por orígenes. Los que proceden de Latinoamérica o el Caribe, se concentran en un 40% en la franja baja de salarios: menos de 2.000 euros al mes (un 20%, menos de 1.500 euros). En el caso de los Europeos y americanos, suman un 10% los que cobran menos de 1.500 euros, y un tercio los que ingresan menos de 2.000 euros. Pero más del 20% cobra más de 4.000 euros. Y una sorpresa: los que concentran salarios más elevados son los nacidos en países africanos o asiáticos: casi el 30% cobra más de 4.000 euros (y más de un 10%, más de 5.000 euros). También el colectivo donde menos peso tienen los sueldos inferiores a 2.000 euros, no llega al 20% del colectivo.

Sube la vivienda y los alquileres de temporada

Las encuestas también revelan que el principal punto de llegada a Barcelona de los extranjeros cualificados es el distrito de Ciutat Vella. Y que a medida que pasa el tiempo se ubican en el eje Ciutat Vella, Eixample, Gràcia, Poblenou y la Zona Alta. También que hay distritos de la ciudad que ni pisan: Nou Barris, Horta-Guinardó y Sant Andreu. Sobre lo que valoran más y lo que menos les gusta de su vida en la ciudad, entre lo positivo, de lejos, lo que más citan es la calidad de vida, el clima o que Barcelona sea “caminable”, que te puedes mover andando; y lo que les resulta menos atractivo es el coste de la vida (lo responden entre un 35% y casi un 70%), los impactos del turismo (entre un 35% y un 45%) y la incapacidad de hablar en catalán. Sobre cómo viven, la inmensa mayoría de alquiler, más de un 80% de los que han llegado a partir de 2022. En este sentido, destaca que cuanta mayor es su antigüedad en la ciudad, más contratos de larga duración tienen (el 80% de los llegados antes de la pandemia); por contra, los alquileres de temporada crecen entre los llegados después de 2022 (son más del 30%). También aumenta con el tiempo el precio del alquiler (pagan más los que llegaron antes de la pandemia que los que llegaron antes). Si antes de 2020 una holgada mayoría pagaba menos de mil euros, a partir de 2022 los que pagan esta cantidad no llegan al 40%.

"Los 'expat' nos molestan porque ocupan nuestros espacios"

El antropólogo José Masilla, voz con peso en la ciudad cuando se habla de gentrificación o expulsión de vecinos, estuvo presente en la presentación del trabajo de Antonio López Gay y Brian Rosa. Concluye que “es un instrumento para desmontar grandes mitos sobre el fenómeno de los expats en Barcelona. Hay una serie de grandes tópicos, grandes ingresos, sueldos muy altos, han venido porque los precios son baratos... que no son 100% ciertos”. “El concepto de expat es muy complejo, pero está claro que si nos molestan es porque ocupan nuestros espacios: la clase media de la ciudad se los encuentra en áreas que consideran propias y su presencia nos impacta”, observa y añade: “Antes, con la inmigración, había una relación de desigualdad: el que te ponía el café vivía en Nou Barris o Santa Coloma y mientras no llevara el niño a tu escuela y no fuera espectador del cine Verdi no te molestaba. Ahora comparten tus espacios”.

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Sobre la firma

Clara Blanchar
Centrada en la información sobre Barcelona, la política municipal, la ciudad y sus conflictos son su materia prima. Especializada en temas de urbanismo, movilidad, movimientos sociales y vivienda, ha trabajado en las secciones de economía, política y deportes. Es licenciada por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster de Periodismo de EL PAÍS.
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