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La factura eléctrica de las desaladoras catalanas aumentará un 50% a partir de septiembre

Expertos y activistas advierten de un posible aumento de precio del agua en el futuro derivado de la dependencia tecnológica ante la crisis climática

Vista de la estación de ósmosis de la desalinizadora de El Prat de Llobregat. / ALEJANDRO GARCÍA (EFE)
Vista de la estación de ósmosis de la desalinizadora de El Prat de Llobregat. / ALEJANDRO GARCÍA (EFE)

Cataluña tuvo que activar este mes el peor escenario del decreto de ahorro de agua que se diseñó a raiz de la gran sequía de 2008. 22 municipios gerundenses entraron en fase de emergencia con altas restricciones hídricas, pero podían haber sido muchos más de no haber sido por dos infraestructuras: las desalinizadoras de El Prat de Llobregat y Blanes, que operan a plena capacidad desde hace 18 meses, cuando el sistema Ter-Llobregat entró en prealerta por sequía tras un largo periodo sin lluvias que sigue lastrando casi todo el territorio. Ante el aumento del coste medio de mantener estas instalaciones -con un alto consumo energético- el próximo mes, expertos y activistas por el agua advierten de su repercusión en la factura de los hogares, además de los impactos ambientales en el largo plazo.

El operador del Área Metropolitana de Barcelona (AMB), Aigües Ter-Llobregat (ATLL), ha conseguido esquivar el alza de precios energéticos de los últimos meses mediante una tarifa plana de 100 euros el megavatio hora (MWH) en el periodo 2019-2023. Ese coste medio, explican fuentes de la Agencia Catalana del Agua (ACA), también depende “de los datos concretos sobre la parte fija y variable, ya que varía entre las diferentes instalaciones”. Sin embargo, hay nubarrones en el horizonte, ya que el nuevo contrato de suministro de energía eléctrica en instalaciones de ATLL aumentará un 50% a partir de septiembre hasta los 150 EUR/MWH.

Las desalinizadoras están concebidas “como instalaciones de garantía” que funcionan al mínimo cuando las reservas de los embalses gozan de buenos niveles: un 10% de producción para mantener la hidratación de las membranas de la ósmosis inversa. Cuando se activa el plan antisequía, con los embalses por debajo del 60%, se incrementa la producción de agua desalada al 30% y sube paulatinamente. Además, ATL dispone de un fondo de sequía al que se aporta cuatro millones de euros anualmente desde 2019 para sufragar los “gastos extraordinarios derivados” de este aumento de producción hasta 2029.

Desde la asociación Aigua és vida, Dante Maschio advierte de que apostar únicamente por la desalación -y otras nuevas tecnologías como la regeneración- “tendrá un impacto en el precio del agua”. Se remite a las propuestas que mandaron a los ayuntamientos el pasado 28M, donde urgen a “diversificar al máximo las fuentes de abastecimiento”, como al aprovechamiento de aguas grises y pluviales en edificios, así como crear “tarifas sociales” para garantizar el acceso hídrico a toda la población. “El 11% de las familias de AMB pagan por el agua más del 3% de sus ingresos, el límite de Naciones Unidas para considerar que el agua es asequible”. Cuando se rebasan los límites del caudal de los ríos catalanes y no se puede extraer más de los embalses, el mix del agua que llega a los hogares aumenta la presencia de estas aguas desaladas, repercutiendo en el precio.

Los embalses reducen su capacidad al 25,2%

Los embalses de las cuencas internas catalanas han vuelto a reducir su capacidad y se sitúan en el 25,25%, lo que supone 2,21 puntos menos respecto nivel de hace dos semanas, cuando estaban al 27,46%. Así lo refleja la última actualización del pasado jueves del informe del estado de los embalses de la Agència Catalana de l'Aigua (ACA) consultado por Europa Press. El nivel del 25,2%, similar al mayo pasado, es el más bajo registrado desde 2008 cuando Cataluña sufrió la primera gran sequía. Entonces, los embalses descendieron sus reservas de agua hasta el 21%. Las lluvias revertieron la situación.

Los datos de la ACA muestran que el volumen actual sigue estando por debajo del que había por estas mismas fechas en 2022, que era del 39,81%. La cuestión es que las lluvías habidas en primavera aliviaron momentánemente la situación pero las reservas se han ido agotando estas semanas de verano. El embalse de Darnius Boadella se encuentra al 18,59% de su capacidad; el de Sau al 20,63%; Susqueda al 26,40%; La Baells al 33,59%; La Llosa del Cavall al 24,82%; Sant Ponç al 36,83%; Foix al 49,80%; Siurana al 5,38%, y Riudecanyes al 4,94%. El estado de los embalses de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) con una capacidad superior a los cinco hectómetros cúbicos se sitúa en el 35,21%, cuando hace un año se hallaban al 42,16% de su capacidad.

El consejero de Acció Climática, David Mascort, ya advirtió al poco tiempo de relevar a Teresa Jordà: “El precio del agua subirá; si los ciudadanos no lo pagan en sus recibos, ya sea con el canon o con la tarifa que le aplica su ayuntamiento, seguramente lo harán con impuestos”, declaró en El Periódico de Catalunya hace un mes. Por ahora, la ACA niega que se haya concretado ninguna propuesta para subir el precio del agua.

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La planta de El Prat de Llobregat, inaugurada en 2009, es una de las más grandes de Europa en abastecimiento urbano. Junto con la de Tordera, de 2002, aportaron 57 hectómetros cúbicos (hm3) de agua en 2022 a costa de un elevado consumo energético, pero son la principal palanca para contrarrestar la drástica reducción de las masas de agua embalsada. Desde agosto de 2022 operan al 95% de su producción y al 85% desde febrero de ese año.

Las reservas de los embalses de las cuencas internas se encuentran al 25%, la mitad que hace un año. Además, la Generalitat pronostica que a mediados de siglo lloverá un 7% menos, provocando que las aportaciones de sus cuencas internas se reduzcan un 18%. De ahí que en su plan estratégico 2023-2027 incluya duplicar la capacidad en desalación (de 80 a 160 hm3) con una nueva planta en la cuenca del Foix y una inversión total de 176 millones de euros. También apuesta por reutilizar aguas depuradas para los cultivos, riegos urbanos y consumo humano con la duplicación de Estaciones de Regeneración de Agua (de 24 a 40) hasta reciclar el 20% del total de agua depurada (120 hm3).

Annelies Broekman, investigadora del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), lamenta que en las instituciones políticas domine un discurso “tecno-optimista” que aspira a superar “la crisis de reducción de recursos naturales por el cambio climático a base de desaladoras” y otras tecnologías. Recuerda que las cuencas internas catalanas se sobreexplotan un 25% según el índice internacional de referencia (WET), que compara el agua natural disponible con la demanda de un territorio.

Las desaladoras son infraestructuras “muy caras de amortizar”, señala la experta en políticas hídricas, tanto por su coste energético -de 4 KWH por metro cúbico de media- como por su impacto ambiental a través de salmueras vertidas al mar. Aumenta el riesgo de “eliminar la poca vida marina que queda en el litoral mediterráneo” al instalarse desaladoras portátiles veraniegas en poblaciones costeras como El Port de la Selva (Girona), así como en el proyecto de aumentar la capacidad de la planta de Tordera.

Aunque más de la mitad del consumo de agua urbano del AMB -que concentra el 42% de la población catalana en el 2% del territorio- provenga de la desalación o la regeneración, Broekman recalca que los ríos y acuíferos “siguen siendo siendo la principal fuente de agua consumida” en toda Cataluña, la mayoría destinada al riego agrícola. Por ello defiende que deben descontaminarse las aguas subterráneas de la Comunidad, donde el 70% están afectadas por los nitratos de la ganadería.

“No critico la tecnología, sino el uso que se le da”, remarca la ingeniera. “La desalación es fantástica para mantener el agua en periodos puntuales, cuando los ríos están al límite, pero no podemos hacer como Israel y tener barra libre. Todo tiene un impacto y hay que valorar todos los intereses”, como los malabares entre las explotaciones agrícolas y el turismo masivo. Concluye que no puede confiarse en el mar y otras fórmulas para recuperar el agua que se perderá por el cielo. Al menos, de forma sostenible.

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