Aragonès alienta la ruptura en el Govern al rechazar la última propuesta de Junts

Los republicanos esperarán el resultado de la consulta de sus socios, que no descartan congelar esa votación si hay una contrapropuesta de ERC

El secretario general de Junts, Jordi Turull, este lunes, tras anunciar la pregunta de la consulta a la militancia.
El secretario general de Junts, Jordi Turull, este lunes, tras anunciar la pregunta de la consulta a la militancia.David Zorrakino (Europa Press)

Todo parece indicar, si no hay un giro intempestivo de guion, que el próximo sábado será el día definitivo en la crisis del Govern que comparten Esquerra y Junts per Catalunya. Ese día se conocerán los resultados oficiales de la consulta a la militancia de Junts, formada por 6.465 afiliados, a los que se preguntará si quieren seguir en el Gobierno catalán y desde el Palau de la Generalitat muestran respeto por ese proceso interno. Esta votación surge de un mandato congresual, pero el anuncio de la redacción de la pregunta, este lunes, ha coincidido con el portazo del president Pere Aragonès a la última propuesta de Junts con sus exigencias para mantenerse dentro del Ejecutivo. Todo parece llevar a la ruptura, pero el número dos de Junts, Jordi Turull, ha aceptado que una “propuesta extraordinaria” para activar la coordinación independentista podría implicar congelar la votación. Sin embargo, en las filas republicanas parecen cada vez más convencidos de querer deshacerse de Junts e intentar gobernar en minoría.

La pregunta aprobada por la cúpula de Junts es directa y Turull ha explicado que no habrá ningún tipo de baremo para evaluar el resultado más allá de si imponen los síes o los noes. Al texto “¿quieres que Junts siga formando parte del Govern de Cataluña?” le precede una introducción donde se recuerda que el partido ha “constatado” los incumplimientos de la hoja de ruta del Ejecutivo sobre la orientación del plan independentista. Y que, “hasta el momento”, ERC no ha aceptado ninguna de las propuestas en los tres puntos que denuncia que no se cumplen: crear una coordinación del espacio soberanista, pactar la unidad de acción en el Congreso y que la mesa de diálogo con el Gobierno se centre solo en hablar de autodeterminación.

Esa salvedad —”hasta el momento”— es precisamente la que deja claro que, al menos Turull, no cierra la puerta a unas negociaciones de ultimísimo minuto. Preguntado directamente sobre si se congelaría la consulta en caso de una contrapropuesta por parte de los republicanos, el secretario general de la formación ha dejado la puerta abierta, aunque supeditándolo a la contundencia de la oferta. En el Palau de la Generalitat creen que no les corresponde a ellos hacer ninguna propuesta adicional y se envían señales de que se respetará el proceso interno de sus socios. El punto álgido de la crisis fue la semana pasada, cuando Junts le dijo a Aragonès que si no podía garantizar que los tres puntos avanzaran, se debería someter a una cuestión de confianza. El jefe del Govern defenestró a su número dos, Jordi Puigneró, por no contarle ese plan.

Con todo, Turull se ha empleado a fondo en argumentar que Junts ha descafeinado su propuesta inicial para intentar el acuerdo con los republicanos y que son estos los que se cierran en banda. Además de retirar de la oferta la petición de restituir al exvicepresident, se pedía poner una fecha para la constitución del órgano de coordinación del independentismo y él mismo y la portavoz en el Congreso, Míriam Nogueras, declinaban a ser los representantes del partido en la mesa de diálogo con el Gobierno. El exconsejero de Presidencia también ha rechazado que ubicando ese Estado Mayor del secesionismo en el Consell de la República, que preside Carles Puigdemont, se busque minar la autoridad del president si no que cree que allí podrá actuar lejos de las “garras” del Estado.

Los republicanos mantienen que las divisiones internas de los posconvergentes trastabillan al Ejecutivo: “Hay una parte de Junts per Catalunya que trabaja para romper el gobierno de la Generalitat”, ha manifestado la portavoz de ERC, Marta Vilalta. Su partido, ha asegurado, está “preparado” para sostener “un gobierno en minoría”, pese a que se abre a contar con “todos los que quieran trabajar para servir a la gente desde el respeto y la lealtad”. Una declaración que se interpreta como un guiño hacia aquellos consellers de Junts que apuesten abiertamente por permanecer en el Ejecutivo.

Campaña interna

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Hasta que se cierren las urnas el viernes, Junts también se juega su futuro como partido político. La claridad de la pregunta obligará a posicionarse meridianamente y será muy evidente la división interna ante el futuro del Govern. La gestión de un resultado igualado será muy complicada. Turull ha dicho que revelará en “los próximos días” cuál será su sentido de voto, pero ha declinado explicar si, en caso de que gane la opción contraria, eso deba tener consecuencias organizativas. Borràs ha dicho que optará por la neutralidad pese a que todos la sitúan al frente de quienes quieren romper. La consejera de Acción Exterior, Victòria Alsina, ha tomado la decisión de afiliarse el partido y de hacer campaña abiertamente a favor de continuar en el Gobierno, asumiendo así el rol de cara visible de esa posibilidad.

La consulta comenzará el jueves y finalizará a las cinco de la tarde del viernes. Ese día habrá resultados, pero los definitivos no se conocerán hasta el sábado. Turull, que a diferencia del pasado lunes ha comparecido sin la presidenta de la formación, Laura Borràs, no ha querido adelantar cómo se asumiría un triunfo de la opción de abandonar el Govern y en qué plazos se desplegaría. “Solo deseo que no haya un empate”, ha bromeado, en referencia a la consulta de la CUP sobre la investidura de Artur Mas, en 2015, y que acabó igualada a 1.515 votos. En la elección de Laura Borràs como presidenta de Junts y de Turull como segundo al mando, el pasado verano, solo participó uno de cada tres afiliados.

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