Ayuntamientos catalanes asfixiados por la factura de la luz: “Tendremos que apagar unas horas las luces de Navidad”

El aumento imprevisto del gasto energético desequilibra las cuentas municipales y muchos consistorios preparan medidas de ahorro

Luces de Navidad en el centro de Barcelona.
Luces de Navidad en el centro de Barcelona.Massimiliano Minocri

El Ayuntamiento de Terrassa tenía presupuestado cuatro millones para pagar la factura de la luz este 2022. Calcula que acabará pagando 10,5 por la subida del precio. En paralelo, ha dejado de ingresar cuatro millones después de que el Tribunal Constitucional anulara el impuesto de plusvalía -que se paga al vender, heredar o recibir en donación una vivienda y que recaudaban los ayuntamientos-, lo que ha creado un agujero de diez millones que la tercera ciudad de Cataluña por habitantes intenta gestionar. Con el presupuesto cerrado, solo se puede generar gasto bajo autorización y el consistorio analiza con qué partidas conseguir liquidez. “Terrassa no tiene problemas para pagar las facturas, pero tenemos que dejar de hacer cosas”, admite el teniente de alcalde de Servicios Generales, Isaac Albert.

El encarecimiento de la factura de la luz está desequilibrando las cuentas municipales. Los ayuntamientos soportan elevadas facturas eléctricas: alumbrado público, escuelas, centros cívicos, equipamientos culturales y deportivos… El recibo del gas también se ha disparado, lo mismo que el precio del combustible, que afecta a las flotas de vehículos policiales, transporte público o recogida de basuras. Las medidas de ahorro -placas solares, uso de bombillas LED- están en la agenda de los municipios, pero muchos se ven obligados a acciones para recortar el consumo de forma inmediata.

Terrassa ya se ha puesto a mirar las cuentas y trata de hacer equilibrios para cuadrar el desajuste: ha echado mano del superávit de 3,5 millones del año pasado y ha pedido una aportación de dos millones a la funeraria, una empresa municipal que da beneficios. “También hemos pedido a todas las áreas que las partidas que no toquen las partidas que no han gastado hasta ahora, para destinarlas a pagar la factura eléctrica”, señala Albert, que descarta devolver recibos. “Es imposible dejar de pagar la factura de la calefacción, antes dejaremos de asfaltar una calle”, añade.

“Todos los ayuntamientos están preocupados. Por la luz, pero también por el gasoil y el aumento del precio de los materiales. Con 100.000 euros, ahora solo puedes asfaltar la mitad de metros de calle que antes”, constata Adam Tomàs, miembro de la Federación de Municipios de Cataluña (FMC). La Asociación Catalana de Municipios (ACM) admite también una “situación compleja”, en especial en las instalaciones deportivas que cuentan con piscinas -seguramente deberán bajar la temperatura del agua- y en los campos de fútbol.

La factura que crece

Barcelona, Badalona o Terrassa contratan directamente el suministro de luz. Otros, los que lo delegan en los entes municipalistas y su central de compras, han tenido precios más económicos. Pero solo hasta el verano, cuando se renovaron tarifas. Las facturas se han duplicado. “Han pasado un año sin este problema, pero ahora empiezan a estar preocupados”, admite la ACM.

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En Amposta (Tarragona) ya han topado con el problema. “La factura del hospital municipal ha pasado de 40.000 a 90.000 euros; la de la residencia, de 15.000 a 40.000. Pero en lugares tan sensibles no puedes limitar la climatización”, constata Adam Tomàs, también alcalde de esta población. Aquí han apostado por apagar las luces de los edificios públicos y de los elementos patrimoniales por la noche.

El alcalde de Matadepera (Barcelona), Nil López, admite que se da “la tormenta perfecta”: la factura se ha duplicado para los 123 kilómetros de calles que deben iluminar. Lo mismo pasa con el gas en un municipio donde muchos edificios tienen caldera de este combustible. Los impuestos de plusvalía han pasado de dos millones anuales a 300.000 euros. No hay suelo industrial ni empresas instaladas que generen nuevas tasas. “Se da la paradoja de tener una la población con las rentas más altas de Cataluña, pero un ayuntamiento pobre, porque no recaudamos muchos impuestos”, lamenta López. Para contener el gasto, el consistorio prevé cerrar un día a la semana las dependencias del ayuntamiento, hacer teletrabajo y unas fiestas más contenidas: “Tendremos que apagar unas horas las luces de Navidad”.

En Sabadell se plantean una medida similar, “más como un gesto hacia la ciudadanía, ya que son luces LED y consumen poco”, apunta su alcaldesa Marta Farrés. La ciudad participa de la central de compras de la ACM, pero aun así su factura de luz pasará de 4,8 millones en 2021 a seis este año. “Nos preocupan mucho las facturas de invierno. A corto plazo se pueden pagar, pero, si se perpetúa esta situación, el superávit y los ahorros que tenemos se acabarán”, admite la edil.

Badalona contrata directamente con la comercializadora, pero afronta un problema administrativo: en todo 2022 no ha recibido una sola factura y esperan que no les llegue de golpe. “Aunque sea nueve meses tarde, sabemos que nos llegará la subida de precios y no tenemos dinero suficiente”, asume la concejal de Medio Ambiente, Rosa Trenado. Badalona prevé que la partida actual (seis millones) se duplica, así que deberá gastar el remanente y ampliar el presupuesto. El municipio ha creado una comisión para estudiar medidas de ahorro, como cambiar los turnos de limpieza a horas con luz natural.

Barcelona, con más recursos y margen de maniobra, prevé que también se duplique el importe de la factura y ven la situación con “preocupación” e “incerteza”. En abril ya modificaron el presupuesto y pronto lo volverán a hacer, pero prevén solucionarlo con el fondo de contingencia, mientras también preparan un paquete de medidas para reducir el consumo.

Se acerca el invierno y los municipios son conscientes que tendrán que bajar los termostatos, pero entre tantas dificultades también hay quien piensa que no hay mal que por bien no venga. “Ha tenido que venir esta subida de la luz para que las administraciones nos pongamos las pilas y cambiemos el modelo energético y de consumo”, zanja el alcalde de Amposta.

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