“Ni cena en el restaurante, ni con la familia. Cada uno en su casa”

La subida de contagios por la variante ómicron y las restricciones impuestas por la Generalitat para frenar la sexta ola de la pandemia impactan en las reuniones familiares en Barcelona

Una pescadería en el mercado de la Concepció, en Barcelona.
Una pescadería en el mercado de la Concepció, en Barcelona.Albert Garcia Gallego

A las once de la mañana, Nani, una pescadera del barrio de Gràcia, sale de la tienda y retira la pizarra que tenía en la puerta: “Se aceptan encargos para Navidad”. “Es que esto es una locura total. Gente que había hecho encargos para cenas familiares con bastantes personas las están anulando. Algunos porque tienen un positivo entre ellos. Entonces te cambian el encargo. También los que iban a ir a restaurantes y ahora no van, porque hay positivos, porque tienen miedo o porque eran más de 10. Total, que tienen que comprar deprisa porque se quedan en casa y no lo habían previsto”, explica de carrerilla atendiendo a los clientes y al teléfono que no para de sonar.

Las restricciones impuestas por el Govern para poner freno a la sexta ola y sobre todo a los fulgurantes contagios de la variante ómicron ―la prohibición de reuniones de más de 10 personas, la reducción del aforo de restaurantes al 50% y el toque de queda a la una de la madrugada en poblaciones de más de 10.000 habitantes que entran en vigor esta medianoche― han puesto patas arriba las previsiones de muchas familias de cara a la celebración de Nochebuena, Navidad y San Esteban. “Hace un rato ha venido una clienta que había encargado percebes y nos ha dicho que habían tenido que anular la cena de su casa por positivos. ¡Pues lo sentimos mucho, pero es que los percebes los hemos comprado por su encargo...!”, se exclama Nani.

El año pasado, sin vacuna, la cesta de la compra de Navidad ya tuvo limitaciones; este, pese a una población ampliamente vacunada ―muchos mayores de 60 ya tienen la pauta de tres completa― la súbita subida de contagios y las restricciones están provocando una campaña de Navidad un tanto caótica. “Hasta hace no demasiado, los clientes te comentaban que este año se iban a juntar algunos más en familia, porque ya estaban vacunados, que parecía que había más tranquilidad. Todo ha cambiado en una semana”, subraya la pescadera.

Imma, una clienta que acaba de pagar la cuenta, comenta: “Yo ya hecho la compra, tengo el pescado y los test de antígenos”. En su caso, son los cuatro de casa y los abuelos. Los mayores con tres pinchazos y el resto de la familia ―los padres y dos adolescentes― con las dos, de momento, preceptivas: “Pese a todo nos haremos el test porque esto se ha complicado”.

Núria lleva un buen rato comprando en una charcutería del mercado: “Hay dos positivos entre la familia. Teníamos una mesa reservada en un restaurante para 15. Ni cena fuera, ni con la familia. Cada uno en su casa y a ver si no hay más positivos, toca madera...”, se lamenta. La expectativa de poder celebrar las comidas navideñas sin límite de número de personas por la defensa de las vacunas se ha estrellado con la subida de los contagios y por las restricciones.

“Es que la gente se echa enseguida al monte y no puede ser”, sentencia Isabel, farmacéutica de profesión, que sale de la misma parada. Ella cree que, en general, había un exceso de confianza y que todavía toca ser prudente: “Nosotros estamos los cinco de casa, como el año pasado”.

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La comparación con las Navidades de 2020 resulta inevitable: “Estamos vendiendo bastante más, tenemos muchos encargos, especialmente desde este martes. La gente se ha alarmado por los contagios y por todo. Sí que se ha anulado algún pedido grande, pero son muchos más los otros, los medianos y de menos cantidad”, reconoce Manel de la Xarcuteria Fábregas, con una generosa cola de clientela aguardando su turno.

El trajín y el gentío en la Abaceria a las doce del mediodía es importante, apenas se escucha la megafonía que advierte de que en el piso de arriba se está haciendo el cagatió, tradición catalana de pegar a un leño para que “cague” regalos.

“Y nos falta el día más fuerte que es mañana ―Nochebuena en Cataluña no es festivo―”, apunta Geroni, al frente de una frutería del mercado que reconoce el aumento de ventas: “Los que iban a ir a restaurantes no van y están montándose las comidas y cenas en casa. Se nota porque vendemos muchas frutas exóticas, crudités, mezclums y trufas”.

Fuera, en la calle, donde también hay colas es en las puertas de las farmacias. Lo resume Asun: “A la caza del test de antígenos. Llevo cuatro y no hay manera. Así es muy difícil. Estamos todos vacunados, pero mi madre es muy mayor y queremos más seguridad. Lo que no puede ser es que nos pidan ser prudentes y no tenemos ni un test”. Y se va corriendo a otra farmacia.




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Sobre la firma

Blanca Cia

Redactora de la edición de EL PAÍS de Cataluña, en la que ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en diferentes secciones, entre ellas información judicial, local, cultural y política. Licenciada en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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