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Un grupo de presión al rescate del liberalismo en Cataluña

El Instituto Ostrom, fundado desde las filas independentistas, gana protagonismo como oposición a la hegemonía de izquierdas

El vicepresidente del Instituto Ostrom, Martí Jiménez (izq.), y el presidente, Eric Herrera (der.) con Andreu Mas-Colell y la consejera de Exteriores de la Generalitat, Victòria Alsina.
El vicepresidente del Instituto Ostrom, Martí Jiménez (izq.), y el presidente, Eric Herrera (der.) con Andreu Mas-Colell y la consejera de Exteriores de la Generalitat, Victòria Alsina.institut ostrom
Cristian Segura

Conceder un premio a los fundadores de Glovo es en sí mismo una declaración de intenciones. La compañía de reparto a domicilio, en la diana de las administraciones y de la justicia por las condiciones laborales de sus empleados, fue la protagonista de la celebración del quinto aniversario del Instituto Ostrom. Óscar Pierre y Sacha Michaud recibieron el pasado 4 de noviembre el galardón al “liderazgo empresarial” en una cena de gala en el Museo de Historia de Cataluña. Frente a ellos se sentaban un centenar de representantes del liberalismo catalán, muchos de ellos, herederos de la desaparecida Convergència i Unió.

El Instituto Ostrom es hoy el colectivo más relevante del liberalismo económico en Cataluña. Se define como un “think tank independiente comprometido con los derechos civiles, las sociedades abiertas, las instituciones inclusivas y la economía libre de mercado, y con vocación de incidir de manera determinante en la opinión pública y las instituciones catalanas”. En su quinto aniversario, junto a Pierre y Michaud fue galardonado Andreu Mas-Colell, académico de prestigio y exconsejero de Economía en el gobierno de Artur Mas. El acto fue apadrinado por Victòria Alsina, titular de Exteriores de la Generalitat y valor en alza para la derecha liberal independentista. Asistieron políticos de Junts como los diputados Ramon Tremosa, Joan Canadell o el concejal de Barcelona Jordi Martí; veteranos del ala liberal de Convergència cercanos a Mas, como David Madí, Joan Maria Piqué o Jordi Cuminal; los líderes de dos otras fuerzas nacidas de las ruinas de CiU, Antoni Castellà (Demòcrates) y Àngels Chacón (PDeCAT), además de miembros de las patronales Foment, Pimec y CECOT.

La cena del Instituto Ostrom fue la reivindicación del liberalismo económico con raíces en el nacionalismo catalán, un grupo que no solo siente que sus ideas están prácticamente ausentes del debate público, también considera que la agenda política está determinada en exceso por la izquierda, sea en el Ayuntamiento de Barcelona o en la Generalitat de Esquerra Republicana (ERC) y Junts, coalición que tiene a los anticapitalistas de la CUP como socios prioritarios. “Hay un desequilibrio en la batalla ideológica a favor de la izquierda, un desequilibrio que viene de lejos y que, al iniciarse el reciente proceso de independencia, se agravó”, reflexiona Eric Herrera, presidente del Instituto Ostrom: “Crecemos en protagonismo porque no hay una oferta liberal, somos la única alternativa”.

Herrera capitaneaba la plataforma que sirvió de embrión en 2016 del Instituto Ostrom, el colectivo independentista Catalans Lliures. La entidad destaca, en su agenda de actos y documentos de trabajo, por estar realizando un esfuerzo para desmarcarse de posicionamientos nacionalistas. Secunda esta tesis Roger Montañola, exdiputado de CiU, miembro del partido catalanista no independentista Lliures y uno de los cerca de 200 socios que tiene el instituto: “A partir de 2017, cuando fracasa la independencia unilateral, el grupo de Catalans Lliures ve que el procés no tenía más recorrido y optan por obviar la cuestión nacional”. Montañola se sumó a Ostrom por la implicación académica de sus investigadores en refutar las tesis a favor de la intervención en el mercado de la vivienda: “Han detectado que hay un nicho que no está ocupado. Y son valientes porque defienden tesis que no son las ganadoras en Cataluña”.

El equipo directivo del instituto aparece cada vez más en los medios de comunicación como un contrapunto difícil de encontrar a las políticas sociales y económicas más intervencionistas. El mismo acto de reconocimiento de Glovo y los elogios de Alsina a la compañía, a la que situó como un modelo a seguir en Cataluña, suscitaron agrias reacciones por parte de ERC y de la CUP. Pero la principal polémica vinculada a este think tank la protagonizó Alexander Golovín, su antiguo director de programas y que fue una de las voces más activas del centro. Golovín fue nombrado el pasado septiembre asesor de la consejera de Investigación y Universidades, Gemma Geis (Junts), para renunciar al cargo dos días después tras la lluvia de críticas que recibió su elección pese a su inexperiencia académica. Golovín volvió a ser noticia a principios de noviembre cuando dos revistas prescindieron de él como colaborador al descubrirse que había plagiado artículos.

El precedente de Prenafeta

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Buena parte de los miembros del Instituto Ostrom proceden de desaparecidos grupos del liberalismo nacionalista catalán, como la Fundación Catalunya Oberta (FCO), una entidad que lideró Lluís Prenafeta, quien fuera mano derecha de Jordi Pujol en la presidencia de la Generalitat y principal impulsor en su momento del liberalismo nacional catalán. Herrera también cita al Grupo Hayek, que presidió un hijo de Prenafeta y del que la mayoría de sus antiguos componentes se han incorporado al Instituto Ostrom. Mas-Colell, que fue miembro activo de la FCO entre 2004 y 2009, opina que, respecto a sus predecesores, el Instituto Ostrom supone una progresión que él aplaude: “Tiene una ambición que va más allá, la de analizar, diagnosticar y expresar sus propias ideas. Y hacerlo con cuidado y aportando estudios rigurosos”.

El Instituto Ostrom no solo actúa como divulgador de ideas, también ejerce de grupo de presión representando los intereses de sus potenciales “socios corporativos”. En su dosier de presentación se resume de esta manera su “estrategia de influencia y transformación regulatoria”: “Engagement con stakeholders y líderes de opinión relevantes del sector público y privado, monitorización de las principales instituciones para controlar los timings legislativos y del diseño de propuestas regulatorias”.

La voluntad del Instituto Ostrom es desmarcarse de ataduras políticas con proyectos independentistas. Muntañola asegura que la elevada presencia de altos cargos de Junts en la cena de aniversario respondía a la voluntad de estos de “hacerlo suyo”: “No saben que no lo conseguirán porque su equipo se gana bien la vida sin la política”. Mas-Colell también identifica una voluntad de trascender el conflicto nacional y centrarse en política económica: “Según sus ocho principios fundacionales, es evidente que el Instituto no se define en términos nacionales y que aspira a una amplitud en esta dimensión”.

Herrera confirma que es independentista, y que los orígenes del instituto también lo son, pero subraya numerosos ejemplos de esta “amplitud” que persiguen: en los debates que organizan siempre hay presencia de voces que no son ni liberales ni independentistas; en la entrega de premios del quinto aniversario impartió una conferencia Anna Gener, una ejecutiva que no se ha posicionado en el debate nacional; el Instituto Ostrom mantiene colaboraciones con fundaciones liberales internacionales pero también con el instituto madrileño Juan de Mariana, y en 2021 han publicado por encargo del Gobierno de la Comunidad de Madrid un informe que aporta ideas para una reforma tributaria en España.

Herrera añade que están intentando tender puentes con grupos liberales no independentistas en Cataluña, entre ellos el Club Tocqueville, capitaneado por el escritor Valentí Puig, o el grupo municipal Barcelona pel Canvi. Su concejal Eva Parera no ha querido dar su opinión para este artículo sobre el Instituto Ostrom. Puig, por su parte, dice desconocer la entidad. Albert Guivernau, miembro del Club Tocqueville y de Barcelona pel Canvi, tampoco ha querido valorar el trabajo del Instituto Ostrom.

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Sobre la firma

Cristian Segura
Escribe en EL PAÍS desde 2014. Licenciado en Periodismo y diplomado en Filosofía, ha ejercido su profesión desde 1998. Fue corresponsal del diario 'Avui' en Berlín y en Pekín. Desde 2022 cubre la guerra en Ucrania como enviado especial. Es autor de tres libros de no ficción y de dos novelas. En 2011 recibió el premio Josep Pla de narrativa.

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