OPINIÓN
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La vía escocesa

El programa de Gobierno de Escocia cuenta con el apoyo del Partido Verde, que tendrá ministros por primera vez. Cataluña, en cambio, no evoluciona para convertirse en un referente en energías renovables

Una casa en Edimburgo muestra las banderas escocesa y catalana días antes del referéndum de 2014. REUTERS/Russell Cheyne
Una casa en Edimburgo muestra las banderas escocesa y catalana días antes del referéndum de 2014. REUTERS/Russell CheyneRUSSELL CHEYNE (EL PAÍS)

La primera ministra de Escocia, Nicola Surgeon, presentó el pasado 7 de septiembre en el parlamento de Holyrood su programa de gobierno para el periodo 2021-2026. Como era de esperar, Sturgeon reafirmó el compromiso del Gobierno escocés con un referéndum de independencia, que situó en la primera mitad de la legislatura, es decir, “antes del fin de 2023”, siempre que la covid-19 lo permita.

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Que el SNP reitere su apuesta por un segundo referéndum de independencia no es nada nuevo: lo viene diciendo desde que la mayoría de británicos votó a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. La novedad es que el programa de gobierno de Sturgeon cuenta con el apoyo del Partido Verde de Escocia, que en agosto firmó un acuerdo de colaboración con el SNP, en virtud del cual el nuevo ejecutivo escocés contará con ministros ecologistas, una circunstancia que no se había dado nunca en la historia del Reino Unido. Aparte de incrementar la base parlamentaria del gobierno independentista de Escocia, es indudable que el Partido Verde ha venido a reforzar su flanco ecologista y más en general el papel de Escocia como líder mundial en la lucha contra la emergencia climática.

La promesa de un nuevo referéndum en Escocia puede reanimar al alicaído independentismo catalán, que al menos en su variante pragmática siempre ha considerado a Escocia como un referente (el botifler Junqueras es un adepto confeso de la vía escocesa). Pero puestos a establecer referentes no estaría de más ampliar el campo de visión para hallar inspiración en otros ámbitos de la política escocesa. En este sentido, una ojeada al acuerdo firmado por el SNP y los verdes pone de manifiesto la distancia abismal que hay entre escoceses y catalanes en un asunto tan clave como es el despliegue de las energías renovables.

La parte catalana es conocida: después de que ERC y la CUP pactaran la suspensión de facto del Decreto 16/2019, de medidas urgentes para la emergencia climática y el impulso a las energías renovables, la consejera del ramo, Teresa Jordà, se apresuró a anunciar en el Parlamento la modificación de dicho Decreto para este próximo otoño, con el fin de dotar al “territorio” del derecho a vetar las nuevas instalaciones de energía fotovoltaica y eólica. Las plataformas y grupos de interés contrarios a estas instalaciones proliferan por doquier y mientras tanto Cataluña sigue en la cola de Europa en renovables, por mucho que el presidente Aragonès haya incorporado el “verde” a su panoplia de adjetivos sobre la Cataluña que persigue.

El documento firmado por el SNP y los ecologistas escoceses también contiene el adjetivo “verde” (“trabajamos juntos para construir una Escocia independiente más justa y más verde”), pero en este caso podríamos decir que la cosa va en serio. En la página 14 del documento los firmantes manifiestan su propósito de instalar entre 8 y 12 GW de energía eólica terrestre para 2030 (adicionales a los 8,4 existentes), así como 11 GW de energía eólica marina (adicionales a los 0,9 GW actuales). Según las estimaciones del Institut Català de l’Energia, la potencia total instalada en Cataluña ahora mismo es de 1,27 GW, y mientras que los escoceses plantean entre 19 y 23 GW nuevos para dentro de 9 años el Gobierno catalán se propone llegar a 12 GW… en 2050.

El pasado 5 de septiembre tuvo lugar una manifestación en Capmany (Alt Empordà) contra el proyecto de instalar 75 aerogeneradores de 200 metros de alto a lo largo de la Sierra de la Albera. El número podría resultar desproporcionado, pero en realidad el problema no es de cantidad sino de concepto. Meses antes, la llamada Ponencia de Renovables desestimó un proyecto en Llançà (Alt Empordà) que constaba de dos tristes molinos, con una modesta capacidad de 0,5 MW (0,005 GW). Para decirlo rápido: lo que quieren muchos municipios son 0 molinos. En un país en el que el 54% de la energía eléctrica que se consume es de origen nuclear, la ojeriza que suscitan los molinos es un auténtico misterio.

En resumen: Escocia es y seguirá siendo líder mundial en renovables, mientras que Cataluña está y seguirá estando en la cola. Después de muchos “queremos”, promesas imperativas y verbos en futuro, en su primer discurso de investidura el entonces candidato Pere Aragonès dijo que “tenemos que convertir Cataluña en un país líder en economía verde en Europa y la Mediterránea”. ¿Hemos de querer? Cataluña podría ser muchas cosas, pero líder en renovables, va a ser que no.

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