El PSC logra sus mayores cuotas de poder en España

El posible nombramiento de Eva Granados como portavoz del PSOE en el Senado se suma a una larga lista de dirigentes del socialismo catalán que han alcanzado posiciones clave con el presidente del Gobierno

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (izq.) y el líder del PSC, Salvador Illa, el pasado febrero durante la campaña electoral de las elecciones catalanas.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (izq.) y el líder del PSC, Salvador Illa, el pasado febrero durante la campaña electoral de las elecciones catalanas.PSC

El socialismo catalán tiene un ascendente en la política española como en pocos momentos de la historia reciente. Es quizá el periodo con más representantes del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) en posiciones clave del poder del Estado, aventura Alicia Romero, portavoz parlamentaria del PSC. “Estamos en un momento dulce, no solo por el número de personas sino porque hay buena sintonía con el presidente del Gobierno”, dice Paco Boya, líder del socialismo aranés y secretario general para el Reto Demográfico en el Ejecutivo de Pedro Sánchez.

La lista de dirigentes del PSC en posiciones de referencia en el Gobierno y en el poder legislativo es larga: el Ministerio de Cultura lo ocupa Miquel Iceta y el de Transporte, la ascendente figura de Raquel Sánchez, exalcaldesa de Gavà; Francesc Vallès fue nombrado el pasado julio como secretario de Estado de Comunicación; en las secretarias generales del Gobierno destacan, además de Boya, el secretario general de Industria, Raül Blanco. La presidencia del Congreso la ostenta Meritxell Batet. Hay también un caso particular, el de Josep Borrell, máximo responsable de la diplomacia europea. Entre las empresas controladas por el Estado sobresalen la presidencia de Aena por parte de Maurici Lucena, la de Hispasat, que la ostenta Jordi Hereu, y la de Renfe, en manos de Isaías Táboas, valenciano que ha desarrollado su trayectoria política en Cataluña.

La influencia del PSC en el PSOE daría otro paso adelante con la apuesta para que Eva Granados sea portavoz socialista en el Senado. La actual vicepresidenta del parlamento de Cataluña debería someterse primero a una votación en el pleno de la Cámara catalana para obtener uno de los escaños por designación autonómica en el Senado. Para conseguirlo necesitaría el voto a favor de por lo menos uno de los socios del Gobierno de la Generalitat, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y Junts. Estos partidos tumbaron en 2019 el nombramiento de Iceta como senador cuando Sánchez quiso elevarlo a la presidencia de la Cámara alta.

No se veía esta influencia catalana en los cenáculos del poder político del Estado desde el primer gobierno de Felipe González (1982-1986), confirman las voces consultadas por EL PAÍS, cuando Narcís Serra era ministro de Defensa y Ernest Lluch, titular de Sanidad. Aquella legislatura fue determinante para renovar la administración pública y los dirigentes del PSC trasladaron a Madrid a casi sesenta cuadros de su confianza.

Las demandas del PSC de mayor autogobierno para Cataluña habían despertado tradicionalmente reticencias en otras familias del socialismo español. La década de carrera independentista (2011-2021) fracturó al PSC y abandonaron el barco los dirigentes más próximos a las tesis del nacionalismo catalán. La harmonía interna que vive ahora la formación que capitanea Salvador Illa también ha servido para reafirmarse frente a los barones territoriales del PSOE. Romero constata que la formación está más cohesionada y añade dos factores que han permitido que ganen relevancia: uno es la cantera de cuadros que aporta el poderío municipal del PSC, sobre todo en la región metropolitana de Barcelona, y otro es “la sensibilidad especial que Sánchez tiene hacia el PSC”.

“Es verdad que antes podía haber más recelos [desde el PSOE al PSC], pero ahora no hay”, apunta Romero, “porque el socialismo español ha empatizado con la difícil experiencia del PSC durante el procés, y porque Sánchez tiene sintonía con el PSC”. Romero aporta dos ejemplos: la aprobación de los indultos por parte del Gobierno a los dirigentes independentistas condenados en 2019 por el Tribunal Supremo y la apuesta por la mesa de diálogo entre el Ejecutivo central y la Generalitat. El PSOE ha dado apoyo granítico a ambas decisiones algo, según la portavoz parlamentaria del PSC, y en el pasado probablemente habría causado más recelos.

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Boya admite que ha habido momentos “muy convulsos”, por ejemplo, durante las negociaciones del estatuto de Cataluña de 2006: “Aquel socialismo español tenía algunos tics que le dificultaba ver la realidad catalana. Esto ha cambiado porque la realidad ha demostrado que muchos catalanes estaban descontentos, y que es una realidad difícil de gestionar”. “El discurso del PSC ha ganado mucho crédito”, concluye Boya.

Pau Marí-Klose, sociólogo y diputado del PSOE por Zaragoza, tiene una amplia experiencia académica y política en Cataluña. Desde su punto de vista, hay componentes personales y fidelidades que explican también la proyección del PSC. Fue determinante en 2017 el apoyo a Sánchez de Iceta como primer secretario del PSC, en la guerra con Susana Díez por la secretaría general del PSOE; y todavía más determinante, según Marí-Klose, es la relación intensa que los líderes del PSOE han mantenido con los del PSC durante la década de órdago independentista. “El procés tiene una influencia capital, por el diálogo constante entre ellos. Son muchas horas de conversaciones y se labran relaciones personales”. Marí-Klose todavía recuerda la intervención de José Luis Ábalos, por entonces secretario de organización del PSOE, en el congreso del PSC de 2019. Illa todavía no había sido nombrado ministro de Sanidad y Ábalos se deshizo en elogios hacia él como un gran descubrimiento tras muchas horas hablando los dos. “Me llamaron la atención las palabras de Ábalos, luego entendí el significado de aquello. El contacto ha sido muy estrecho y ahí está el resultado”.

Sobre la firma

Cristian Segura

Escribe en EL PAÍS desde 2014. Licenciado en Periodismo y diplomado en Filosofía, ha ejercido su profesión desde 1998. Fue corresponsal del diario Avui en Berlín y posteriormente en Pekín. Es autor de tres libros de no ficción y de dos novelas. En 2011 recibió el premio Josep Pla de narrativa.

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