Las Kellys preparan un portal para que los clientes solo reserven en hoteles justos

La iniciativa de la asociación de camareras de piso para promocionar los establecimientos respetuosos con sus derechos choca con los sindicatos, que diseñan su propia herramienta de búsquedas

Míriam, miembro del sindicato de trabajadoras de limpieza de hoteles Las Kellys.
Míriam, miembro del sindicato de trabajadoras de limpieza de hoteles Las Kellys.MASSIMILIANO MINOCRI (EL PAÍS)

Limpiar hasta 20 o 30 habitaciones de hotel en ocho horas no es un trabajo inofensivo. La repetición a toda prisa de movimientos —agacharse para recoger ropa, doblar sábanas, hacer la cama, fregar suelos, limpiar cristales— suele dejar lesiones. “Trabajas a destajo. No tienes tiempo casi ni de beber o comer. Enfermas de gastritis, sientes estrés y migrañas. Te agachas, te levantas: lumbago, dolor de brazos y hombros. Todo el aparato muscular y óseo termina estropeado. El médico te va recetando pastillas. Con cincuenta y pico ya estás totalmente rota”, asegura Míriam, miembro de Las Kellys, la asociación de camareras de piso que adoptó el nombre despectivo que tantas veces oían —las que limpian—. Esta plataforma quiere ahora tomar la iniciativa y prepara un portal de reservas solo para hoteles justos.

Las Kellys, que durante años han protagonizado protestas para exigir mejoras, apelan a la responsabilidad individual. Para ello han ideado la aplicación Central de Reservas de Las Kellys, una especie de Booking con la que ofrecer al consumidor establecimientos que cumplan los requisitos que establece la asociación. El proyecto aún está en fase embrionaria. Las impulsoras, que buscan financiación mediante micromecenazgo, han conseguido por ahora 30.000 euros, la mitad del mínimo que necesitan para empezar. Pese a la ilusión que genera en el colectivo, el Booking solidario de Las Kellys ha levantado también recelos y escepticismo.

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Míriam, de 47 años, es una de las abanderadas de la batalla contra la externalización de los servicios de limpieza de los hoteles, una práctica que se recrudeció con la reforma laboral de 2012 y que Las Kellys identifican como el momento en que sus condiciones laborales, que ya eran precarias, se volvieron salvajes. Consideran que la limpieza y orden de las habitaciones, al ser un servicio esencial de los hoteles, no puede subcontratarse. Este es uno de los requisitos que marcan para considerar “justo” el establecimiento. También lo son la adecuación de la carga de trabajo, la prevención de lesiones o el fomento de la contratación de colectivos vulnerables. “Somos un colectivo enfermo, y a la que te pones mala ya no te contratan”, explica Vania Arana, portavoz de la plataforma. “La idea es que quien quiera venir de vacaciones pueda reservar directamente con nosotras”, resume.

Esta visión sobre la externalización no es compartida por todos. No solo entre los hoteles, sino también entre los sindicatos mayoritarios. CC OO y UGT lamentan que esta asociación haya impulsado una central de reservas propia cuando ellos llevan dos años desarrollando un proyecto similar con la Universidad de Málaga llamada fairhotels.es, que cuenta con la aprobación del Gobierno, pero que se paralizó con la pandemia. Los sindicatos son escépticos con el proyecto de Las Kellys: “Primero, porque es muy complicado. Es de una envergadura tremenda y el dinero que están pidiendo no da para nada. Segundo, porque necesitas que los empresarios quieran estar. Y tercero, porque piden que no se externalicen los servicios, pero desgraciadamente la ley lo permite”, señala Gonzalo Fuentes, responsable federal de Hostelería y Turismo de CC OO.

La plataforma que impulsan los sindicatos incluirá a los hoteles que, pese a externalizar el servicio de camareras de piso, apliquen el convenio sectorial, lo que en muchas ocasiones no sucede. El 70% de los convenios de hostelería están bloqueados por las patronales. “Los empresarios son cortoplacistas, quieren recuperar el dinero perdido en la pandemia. Y pese a que tienen delante un futuro interesante con la recuperación, no mejorarán las condiciones”, añade Fuentes.

Baleares, Andalucía o Canarias cuentan con convenios sectoriales renovados que prevalecen sobre el de las empresas multiservicio. En Cataluña también se aprobó en septiembre del año pasado una prórroga del convenio de 2017. “No es el mejor, pero limita las externalizaciones, y obliga a que las empresas multiservicio pongan las mismas condiciones que en el convenio de hostelería”, destaca Ramón González, de CC OO. “Madrid es la otra cara de la moneda. El convenio está sin negociar. Una camarera contratada en el hotel puede tener sus derechos y sueldo de 1.300 euros. Y que trabaje al lado de una subcontratada con salario mínimo”, explica Fuentes. El director del Gremio de Hoteles de Barcelona, Manel Casals, afirma que si se respeta el convenio, aunque haya externalizaciones, “no hay conflicto”. Y resta importancia al proyecto de Las Kellys. “Y más aún viniendo de un grupo que ha usado la amenaza y el insulto durante todo este tiempo”, zanja.

A la espera del sello de calidad

Carmen Casín, camarera de piso en un hotel de Madrid y miembro de la dirección sectorial de hospedaje en UGT, destaca que en cuatro años se han conseguido anular 42 convenios de empresas multiservicio, a las que se ha obligado a aplicar el convenio sectorial de hostelería. Ahora de baja por la rotura de un tendón en el trabajo, reivindica la presencia sindical y el trabajo codo con codo con todas las camareras de piso, también con Las Kellys. “Su central de reservas es una buena iniciativa. Pero es algo que estamos desarrollando desde hace tiempo y funciona en Estados Unidos, Canadá o Suecia”, explica.

El periplo de Míriam se parece al de muchas compañeras de trabajo. Llegó de Ecuador en 1999 y se puso a trabajar en hoteles. Al principio tenía que limpiar y preparar 11 habitaciones en ocho horas, una ratio que ahora puede llegar a triplicarse. “Es inhumano, nadie puede hacerlo en el tiempo. Entonces se hacen horas extra que no se pagan”, dice. Y todo por un sueldo que, si no está regulado por el convenio de hostelería, puede depender del número de habitaciones hechas (a 1,5 euros la habitación, denuncia Míriam) o puede ser el mínimo, algo más de 950 euros al mes. La pandemia ha puesto aún más contra las cuerdas a este colectivo, ya que muchas de ellas, al trabajar por temporada, no se han podido beneficiar de los ERTE en todo este tiempo.

La asociación ya consiguió en 2018 que el Parlamento catalán aprobara sin ningún voto en contra una moción de apoyo al llamado “sello de calidad por un trabajo justo”, un distintivo con el que pretenden premiar a los hoteles que cumplan con los requisitos. Pero en tres años la iniciativa no se ha llevado a cabo. “Ni aquí en Cataluña el Govern, ni en España el Gobierno, nadie ha hecho absolutamente nada. Nos lo dijeron ellos mismos una vez: quien manda es la patronal. Por eso decidimos impulsar la central de reservas. Si ellos no van a desarrollar el sello, lo haremos nosotras”, explica la portavoz de Las Kellys.

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